El despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande del mundo, en cercanías de América Latina encendió las alarmas sobre un posible endurecimiento militar de Estados Unidos contra Venezuela. La administración de Donald Trump analiza distintos escenarios que van desde ataques selectivos contra laboratorios de cocaína y pistas clandestinas hasta operaciones especiales dirigidas al propio Nicolás Maduro, a quien Washington acusa de liderar el llamado “Cártel de los Soles”.
Aunque el expresidente republicano ha sugerido una ofensiva contra el narcotráfico en territorio venezolano, aún no está claro si sus objetivos serían organizaciones criminales o el aparato estatal de Caracas. Expertos militares norteamericanos coinciden en que una incursión terrestre es poco probable, pero no descartan “ataques cinéticos de precisión” sobre instalaciones estratégicas.
“El objetivo sería enviarle a Maduro el mensaje de que sus días están contados”, sostuvo el almirante retirado Jim Stavridis, exjefe de operaciones en la región. Según explicó, la ofensiva podría centrarse primero en infraestructuras clave —como aeropuertos, puertos y centros logísticos cercanos a la frontera con Colombia— y, de persistir la resistencia, escalar hacia blancos de mayor valor político y militar.
Pistas clandestinas y agencias de inteligencia, bajo la mira
Los análisis señalan que Washington podría apuntar a pistas de aterrizaje ilegales en los estados de Apure o Sucre, utilizadas por narcotraficantes para el envío de cocaína hacia América Central. También figuran en la lista potencial las defensas aéreas venezolanas y la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), considerada uno de los pilares del aparato represivo de Maduro.
En caso de una escalada mayor, fuentes militares no descartan el despliegue de fuerzas de operaciones especiales para capturar o eliminar a altos mandos del régimen.
La capacidad de respuesta venezolana
Aunque el Ejército venezolano cuenta con unos 100.000 efectivos y armamento de origen ruso —incluido un sistema antiaéreo S-300VM—, analistas sostienen que su operatividad es limitada. “Maduro no tiene la capacidad ni el apoyo interno para sostener una guerra con Estados Unidos. Podría haber resistencia, pero no un conflicto prolongado”, indicó un exoficial.
Además, la crisis económica y la deserción de militares en los últimos años debilitaron la estructura de defensa. El grupo guerrillero colombiano ELN, con fuerte presencia en Venezuela, podría entrar en juego si se convierte en objetivo de ataques norteamericanos, lo que aumentaría el riesgo de una escalada regional.

Sin estrategia clara
Pese a los movimientos militares, en Washington reina la incertidumbre. Fuentes del Pentágono reconocen que no existe una justificación legal firme para atacar directamente a Venezuela. Incluso altos funcionarios del gobierno norteamericano admiten que el impacto real sobre el narcotráfico sería limitado, ya que la mayor parte de la cocaína que pasa por el país caribeño se dirige a Europa o al Caribe, y no a Estados Unidos.
“El flujo de drogas no se detiene bombardeando Venezuela”, admitió un general retirado.
En tanto, miembros del Congreso y asesores de la Casa Blanca señalan que Trump podría optar por una estrategia de presión simbólica: lanzar ataques iniciales, declarar una victoria política y luego frenar la operación, como ocurrió meses atrás con los bombardeos en Yemen.
Por ahora, el USS Gerald R. Ford permanece en la región y el escenario sigue abierto. Pero el mensaje político ya está lanzado: Washington vuelve a poner a Venezuela en el centro de su tablero geopolítico.
FUENTE: La Nación, sacado de The Washington Post.

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