Fundación denunció en Buenos Aires la explotación sexual de una joven en San Ignacio y solicitó investigar a policías

La organización presentó una denuncia ante la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX)  por la presunta captación y explotación sexual de una joven de 18 años en San Ignacio. El relato involucra amenazas, traslado forzado y la presunta participación de efectivos policiales.

La Fundación Alameda, presidida por Gustavo Vera, presentó una denuncia ante la Procuraduría para el Combate de la Trata y Explotación de Personas (PROTEX) para que se investigue la presunta captación y explotación sexual de una joven de 18 años. El documento relata que la víctima habría sido trasladada, amenazada y sometida sexualmente, y que en los hechos podrían haber intervenido funcionarios policiales y allegados a la administración municipal.

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Según la presentación, el caso se conoció a partir de la denuncia realizada por Claudio B., padre de la joven y sargento primero de la Policía de Misiones. El progenitor manifestó que el domingo 26 de octubre su hija, identificada como L. G. B., le informó que debía presentarse a trabajar en una casa quinta en Loreto. Sin embargo, horas más tarde la joven le comunicó que había sido trasladada en un remis hacia San Ignacio.

La denuncia señala que la persona que habría gestionado el supuesto trabajo sería Jorge M., alias “Coqui”, quien se presentó en el domicilio familiar ese mismo día y amenazó a L. tomando una foto de su hermana menor, advirtiendo que si no acudía “algo le pasaría”. Además, se menciona la presencia del sargento Carlos D. —custodio del intendente de San Ignacio—, quien también habría presionado a la joven para asistir. Otra persona identificada en la denuncia como Daniel D. habría intervenido en el traslado.

Mientras la comunicación entre padre e hija continuaba por WhatsApp, L. avisó que se encontraba en el complejo “La Familia”, en San Ignacio. Claudio B., que se hallaba de turno, solicitó autorización para acudir al lugar y fue hasta allí en un móvil policial junto a otros efectivos. En el predio, según detalló, encontró una camioneta negra que identificó como propiedad del oficial Carlos D- y al golpear una de las cabañas escuchó desde dentro la respuesta: “Soy Díaz”. Al abrir, hallaron al propio Carlos D., a D. y a otra persona no identificada.

De acuerdo con el relato de la joven, una vez adentro de la habitación habría sido drogada y abusada sexualmente por las personas presentes. La denuncia sostiene que, tras el operativo inicial y el traslado a la Unidad Regional 13, se habría observado la presencia de altos mandos policiales, y que el padre no pudo permanecer junto a su hija mientras era resguardada. También se menciona que a Luciana se le secuestró el celular, junto al de los demorados, pero habría existido un manejo irregular de esos dispositivos.

El lunes 27, tras las primeras intervenciones policiales, la joven fue trasladada a la ciudad de Puerto Rico, donde un médico legista constató que había signos compatibles con abuso sexual. Ese mismo día, según la denuncia, el oficial Carlos D. habría ingresado nuevamente a la sede policial para reunirse con un comisario de la Unidad Regional 13, registro que quedó asentado, aunque se desconoce el contenido del encuentro.

La Fundación Alameda solicitó a la PROTEX que se investigue la posible comisión de los delitos previstos en los artículos 140 y 145 bis y ter del Código Penal, que regulan la reducción a servidumbre y la trata con fines de explotación. Además, requirió que se determinen las responsabilidades de los civiles y funcionarios públicos que, por acción u omisión, podrían haber intervenido.

La organización adjuntó capturas de conversaciones, copia de la denuncia inicial en la Comisaría de la Mujer, y puso a disposición los contactos telefónicos de la familia para futuras medidas investigativas.

Relato estremecedor de la víctima 

La joven contó que conoció a su victimario a través de la pareja de una amiga, en reuniones en una casa donde “nos juntábamos a tomar y él siempre venía”, y que con el tiempo esa relación se convirtió en un vínculo de confianza.

“Yo le pedía plata, no todos los días pero a veces sí, hasta que llegó un punto que era mucho dinero”, relató en declaraciones emitidas este miércoles en el canal de televisión Crónica. 

Cuando ya no pudo devolver lo que debía, aseguró que el hombre le impuso una condición: “Me dijo, tenés que hacer otras cosas para devolverme la plata, y ahí me empezó a dar droga para que venda, cocaína”. 

Según la joven, comenzó a vender pequeñas cantidades en su barrio hasta reunir el dinero que le reclamaba.  “Le pagué toda la cuenta y ahí me ofreció un trabajo allá en Loreto”, completó.

Aceptó la propuesta, aunque pronto se dio cuenta de que el pago era muy bajo. “Me ofrecieron otro trabajo y ahí vino el chico, me mandó un remís y me dijo para hablar en tal lugar, en el camping, y ahí yo me fui”, recordó. Durante esa reunión, el hombre insistió con la nueva oferta laboral, pero ella se negó. “Le decía que no, que me deje pensar”, explicó.

Tras el encuentro, intentó regresar caminando a su cabaña en San Ignacio, pero el hombre la convenció de subir al auto porque “era muy lejos”.

“Ahí me empezó a dar bebida y empecé a tomar. Él daba vueltas y volvimos al mismo lugar, y ahí empecé a marearme”, contó.

La víctima narró con detalle el momento más traumático: “Cuando me acuesto en la cama siento un pinchazo en el cuerpo. Cuando me despierto, estaban cinco hombres alrededor mío. Cuando me levanto, me levanto con mucho dolor y mucha sangre”. Dijo que sintió “mucha vergüenza de lo que iba a pasar” y que, tras un tiempo, “se cansó y no pudo más”.

En medio de la desesperación, logró contactar a su padre. “Le empecé a decir que me venga a buscar, que le quería contar algo. Cuando él me vino a buscar en el camping, le conté todo”, expresó. Consultada sobre si conocía a alguno de los agresores, respondió: “Le conocía a una persona nomás, a un policía”.

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Las amenazas continuaron incluso después de su rescate. La joven aseguró que el hombre, identificado como “Coqui”, la intimidaba para que regresara. “Si yo no regresaba al trabajo, sentía que le iban a llevar a mi hermanita”, relató. 

La joven agregó que el agresor “tenía una foto de mi hermanita, la más chica, y de mis dos hermanos. Ya conocía a toda mi familia. Me mostraba las fotos que les sacó. Nunca pensé que iba a sacar fotos. Me amenazaba con mis hermanos”, concluyó.

 

 

 

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