El historiador y escritor Daniel Balmaceda presentó “El Crimen de Año Nuevo”, una historia real entre el misterio y la justicia

El historiador y escritor Daniel Balmaceda presentó su nueva novela "El Crimen de Año Nuevo", inspirada en un caso real de 1881 que combina intriga policial y rigor judicial. En diálogo con Misiones Online, reflexionó sobre la inmigración, el sentido humano de la historia y defendió una lectura crítica pero sin anacronismos de figuras como Cristóbal Colón.

En el último programa de streaming de Día Siete, transmitido por Misiones Online, el escritor e historiador Daniel Balmaceda presentó El crimen de Año Nuevo, novela publicada en junio que reconstruye un caso ocurrido el 1º de enero de 1881 en un conventillo porteño. “Es un policial que pronto deviene en novela judicial”, explicó, al detallar que, una vez resuelto el misterio del crimen, el foco pasa a los tribunales: jueces, fiscales y defensores en una “montaña rusa” procesal basada en expedientes reales y sin traicionar el rigor histórico.

Balmaceda contó que no se asume “artista” porque escribe pensando en el lector (y, en particular, en sus hijos), un hábito forjado tras más de 20 libros desde 2004. Recordó lecturas tempranas que lo marcaron, como el diario de a bordo de Colón y Los cazadores de microbios, y defendió la divulgación con sustento investigativo: “El hallazgo es la parte más fascinante”. También celebró que, en las últimas décadas, la historia se volvió menos solemne y más cercana, sin perder método.

La novela retoma la Argentina inmigrante de fines del XIX: hoteles de inmigrantes, tonadas cambiantes, costumbres que nacen en patios de conventillos y la gran mesa dominical comunitaria. Ese espejo dialoga con Misiones y su crisol de colectividades. Para Balmaceda, humanizar a los próceres (sus comidas, amores, manías) no los rebaja. “Los vuelve más admirables porque lograron tanto siendo tan humanos”.

Sobre debates vigentes, sostuvo que la historia repite escenarios, pero cambian nuestras respuestas. Rechazó aplicar etiquetas anacrónicas como “genocida” a Cristóbal Colón y propuso entender “descubrir” como desvelar un continente para Europa, sin desconocer conductas hoy reprobables. Desmitificó además el dulce de leche como invento nacional —existen preparaciones similares desde la antigüedad en Asia— y repasó el origen guaraní del mate (en el Litoral, tradicionalmente dulce), con curiosidades como el “mate de café” que tomaba San Martín.

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