El 7 de marzo de 2020 el ambiente de La Bombonera era una mezcla de ansiedad pura y fe inquebrantable.
Boca Juniors se jugaba la Superliga 2019/20 en una final a distancia contra su eterno rival, River Plate. Nadie esperaba un desenlace tan dramático cuando, apenas siete fechas atrás, el panorama parecía desalentador para el Xeneize.
El regreso de Miguel Ángel Russo al banco de Boca en enero de 2020, reemplazando a Gustavo Alfaro, marcó el inicio de una remontada épica. River, bajo el mando de Marcelo Gallardo, lideraba la tabla con comodidad, pero el nuevo ciclo en La Ribera trajo una racha perfecta de triunfos, alimentada por la solidez defensiva y la mejor versión de Carlos Tevez.

La remontada y el factor Tevez
A lo largo de esas siete jornadas finales, Boca fue escalando posiciones mientras River mostraba signos de fatiga e irregularidad. Tevez, el ídolo que parecía estar en el ocaso de su carrera, se transformó en el líder indiscutido. Su compromiso fue tal que, como él mismo confesó más tarde, se sintió «jugador de barrio» en esa etapa.
La diferencia de puntos se fue achicando hasta llegar a la última jornada con River como puntero, solo un punto arriba. Los de Núñez visitaban a Atlético Tucumán, mientras que Boca recibía a Gimnasia y Esgrima La Plata.
La expectativa no podía ser mayor: el entrenador del Lobo era Diego Armando Maradona, en su última visita al campo que lo vio brillar.

El partido se jugó bajo una presión insoportable. En Tucumán, River no podía pasar del empate 1-1. En La Bombonera, Boca empujaba, pero Gimnasia resistía.
El momento de quiebre llegó en el minuto 72. El capitán, Carlos Tevez, recibió el balón fuera del área, se perfiló y soltó un potente derechazo. El remate, que no parecía imparable, se le escurrió al arquero Jorge Broun. Gol. 1-0 para Boca.
La explosión en el estadio fue total. Tevez corrió hacia el alambrado para celebrar con la gente, mientras la noticia del empate de River confirmaba la hazaña. Boca aguantó los minutos finales con temple. El pitazo de Rapallini confirmó lo imposible: el «Xeneize» era el campeón, arrebatándole el título a River en un giro de guion cinematográfico.
Tras los festejos, Miguel Ángel Russo reflejó la magnitud de la gesta en la conferencia de prensa. Sus palabras subrayaron la dificultad del camino y el carácter del plantel:
“Valoro mucho a este grupo, ganar un torneo de esta manera no es normal. No es fácil. Fue muy duro, pero bueno, contento porque la vida es muy generosa. Nos tocó siete fechas donde hay que tener mucho temple, donde hay que jugar bajo mucha presión.”
Russo insistió en que este logro era una necesidad del club después de años difíciles contra el rival. «Los jugadores lo necesitaban, la gente lo necesitaba. Habían sufrido mucho, muchísimas cosas en el pasado», concluyó, destacando también la influencia de la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme.
Esa noche, que comenzó con un emotivo homenaje a Maradona en el campo, terminó con el abrazo de campeón y la sensación de haber superado al clásico rival en la definición más infartante de los últimos años. Fue la noche en que Boca, contra todos los pronósticos, volvió a sonreír.
Cabe destacar que el masivo festejo en La Boca y en plazas y costaneras de todo el país, como la de Posadas, adquirió con el tiempo un significado melancólico. Apenas unos días después de esta explosión de alegría colectiva, el fútbol y el país entero se sumirían en el encierro total provocado por la pandemia global de COVID-19. Este 7 de marzo de 2020 se convertiría, sin que nadie lo supiera, en la última gran celebración popular y multitudinaria en mucho tiempo en toda la Argentina antes de que la vida se detuviera por completo.
Boca se consagró campeón y la Costanera de Posadas se tiñó de “azul y oro”

El sentido posteo de Boca a Miguel Ángel Russo tras su fallecimiento: “Siempre en nuestros corazones”






