Eduardo Paredes sobre el triple crimen en Buenos Aires: “Argentina no tiene grandes carteles de droga, es un país de tránsito y consumo bajo”

En diálogo con el streaming Arriba Misiones, de Misiones Online, el abogado penalista Eduardo Paredes analizó el triple crimen de tres jóvenes en Buenos Aires y negó que Argentina tenga carteles de droga. Planteó que el país es un territorio de tránsito y consumo bajo, y advirtió que los medios sobredimensionan el fenómeno criminal.

El abogado penalista Eduardo Paredes, entrevistado en el streaming Arriba Misiones de Misiones Online, analizó el caso del triple asesinato ocurrido en Buenos Aires, donde dos jóvenes de 20 años y una adolescente de 15 fueron asesinadas en un hecho que se investiga como femicidio y que estaría ligado a una organización narco con mayoría de integrantes peruanos.

Paredes fue categórico al afirmar que en Argentina no existen grandes carteles de droga. “Argentina no es un país que tenga grandes carteles, primero porque no produce droga. Es un país de tránsito y básicamente de consumo bajo. La cocaína se produce en Perú y Colombia, y se exporta a Europa y Estados Unidos, donde está la gran renta y donde se blanquea el dinero”, explicó.

Narcotráfico en clave local

El especialista en derecho penal sostuvo que el país enfrenta un mercado “secundario”, dominado por pequeñas bandas como la vinculada al caso de Buenos Aires. “No hay ni puede haber grandes carteles nunca porque simplemente no producimos y no hay un mercado grande en Argentina. La marihuana se produce en Paraguay y su mercado mayor es Brasil, por eso las grandes bandas están en San Pablo o Río de Janeiro”, señaló.

En esa línea, diferenció la situación local de la de México o Brasil: “No podríamos transformarnos en Juárez jamás. México tiene la tragedia de estar al lado de Estados Unidos, que es el verdadero mercado. La gran renta queda allá. La DEA misma maneja parte del tráfico”.

Violencia y medios

El abogado remarcó que la violencia asociada al narcotráfico suele estar sobredimensionada. “La cuestión criminal en Argentina es un tema de construcción de la realidad de los medios de comunicación y de utilización política. Esto comenzó en la década del 90, copiando prácticas de Estados Unidos en los 70 y 80”, afirmó.

Respaldado en estadísticas, agregó que “Argentina tiene la tasa de homicidios dolosos más baja de Sudamérica, solo comparable con Chile. Sin embargo, en lugares como Rosario se observa una tasa mayor, pero no porque existan carteles, sino por dinámicas locales que ya fueron estudiadas por la Universidad de Rosario”.

Femicidio y exclusión

Sobre el caso puntual, Paredes sostuvo que lo ocurrido refleja la violencia que atraviesa a los sectores más vulnerables. “La mayor violencia la sufren las personas más excluidas en zonas humildes. Lo que ocurrió con estas chicas es parte de esa violencia. Eran muy jóvenes y vivían en un contexto de prostitución, lo que también marca un nivel de exclusión social”, indicó.

Consultado sobre si el crimen puede encuadrarse como femicidio, el abogado aclaró: “Hay que analizar cómo se cometieron los homicidios. Si hubo mutilaciones o un sufrimiento agregado por el hecho de ser mujeres, podría hablarse de femicidio. En México, por ejemplo, el cuerpo de las mujeres es utilizado como mensaje por los carteles. Si en este caso se demuestra que hubo un castigo mayor por ser mujeres, entonces sí entraría en esa categoría”.

Un debate pendiente

Finalmente, Paredes recordó que la discusión sobre el narcotráfico y la violencia no puede desligarse del rol del Estado y de la economía ilegal: “Mucha gente sobrevive del narcomenudeo porque no tiene otra forma de vida. Si se legalizara, como propuso Milton Friedman, habría un problema económico y social porque hay sectores enteros que dependen de esa renta”.

Sobre las penas vigentes en casos de homicidio, concluyó: “Son delitos calificados que prevén perpetua, pero la Argentina debería discutir seriamente su política penal. Firmamos el Tratado de Roma, que establece un máximo de 30 años, pero aquí seguimos usando las penas como herramienta política más que como política criminal seria”.

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