La “maldición” del Balón de Oro: una racha que persigue a los cracks antes del Mundial

En la antesala de la Copa del Mundo que se disputará en 2026 en Estados Unidos, Canadá y México, vuelve a ponerse sobre la mesa un tema que intriga al fútbol internacional: la llamada “maldición del Balón de Oro”.

Se trata de una tendencia histórica que parece golpear a los futbolistas distinguidos con el premio de France Football en el año inmediatamente previo al Mundial, impidiéndoles alcanzar la gloria en la máxima cita de selecciones.

El caso más reciente fue el de Karim Benzema, que recibió el galardón en 2022 tras una temporada brillante con el Real Madrid. El delantero francés llegaba como una de las grandes figuras para Qatar, pero una lesión muscular en la previa lo dejó fuera de la lista de Didier Deschamps. Su ausencia reforzó la teoría de que el trofeo, símbolo de excelencia individual, rara vez coincide con el éxito colectivo en un Mundial.

La historia de esta “maldición” comenzó en 1958. Alfredo Di Stéfano, primera gran figura en obtener el premio, no pudo jugar el Mundial de Suecia porque España quedó eliminada en la clasificación. En esa misma edición, el Balón de Plata, Billy Wright, se despidió rápido con Inglaterra, mientras que Duncan Edwards, Balón de Bronce, había fallecido meses antes en la tragedia aérea de Múnich. Desde entonces, los ejemplos se repiten.

En 1962, Omar Sívori llegaba como mejor jugador del mundo, pero la selección italiana no superó la fase de grupos en Chile. Cuatro años más tarde, Eusebio brilló con Portugal en Inglaterra 66, aunque no alcanzó el título. Lo mismo ocurrió en 1970 con Gianni Rivera, subcampeón con Italia ante el Brasil de Pelé.

Uno de los casos más emblemáticos fue el de Johan Cruyff en 1974. El neerlandés condujo a la “Naranja Mecánica” hasta la final en Alemania, pero se topó con la solidez de los locales. Años después, en España 82, el alemán Karl-Heinz Rummenigge también perdió una final mundialista tras haber ganado el Balón de Oro.

La tendencia no se detuvo en las décadas siguientes. Michel Platini fue tres veces consecutivas el mejor del mundo (1983-85), pero no pudo superar a Diego Maradona en México 86. En 1990, Marco Van Basten se despidió en octavos de final con Países Bajos, y en 1994, Roberto Baggio —Balón de Oro en 1993— erró el penal decisivo en la final contra Brasil.

Ya en tiempos más cercanos, Ronaldo Nazario llegó a Francia 98 tras ser premiado en 1997, pero un colapso nervioso antes de la final lo condicionó. En 2006, Ronaldinho, mejor jugador del mundo en 2005, fue eliminado con Brasil en cuartos de final. Ni siquiera la era Messi-Cristiano logró revertir el patrón: ambos acumularon Balones de Oro y actuaciones individuales memorables, pero no pudieron coronarse campeones mundiales inmediatamente después de sus consagraciones personales.

Algunas excepciones tocaron la gloria sin romper la regla. Zinedine Zidane fue Balón de Bronce en 1997 y levantó la Copa en 1998. Xavi Hernández terminó tercero en la votación de 2010 y fue campeón mundial con España en Sudáfrica. Sin embargo, el campeón del Balón de Oro previo a un Mundial sigue sin lograr el título absoluto.

Con la ceremonia de premiación de este lunes en el Théâtre du Châtelet de París, la incógnita se renueva. Nombres como Ousmane Dembélé, campeón de la Champions con el PSG, el joven prodigio español Lamine Yamal o el brasileño Raphinha aparecen entre los favoritos. Quien se quede con el premio no solo sumará prestigio personal: también cargará sobre sus hombros el desafío de intentar romper con una maldición que lleva más de seis décadas.

 

FUENTE: Infobae.

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