Misioneros que dejan huella: Jorge Rivas, el karateca que consiguió cuatro medallas mundiales y cinco Copas Itaya

El posadeño Jorge Rivas comenzó karate a los cuatro años y gracias a su constancia se convirtió en referente nacional e internacional. Ganó cinco Copas Itaya, uno de los torneos nacionales más prestigiosos de la disciplina. Además, coronan su carrera cuatro medallas mundiales. Hoy, tras un retiro temprano, ejerce su profesión de abogado y conserva enorgullecido el recuerdo del esfuerzo que dio frutos.

“Practiqué karate exclusivamente por decisión de mi papá, porque cuando sos chiquito al menos los comienzos son impuestos. Después la continuidad sí puede ser por elección, pero al principio siempre es por iniciativa de los padres. Todo lo que él no pudo hacer en cuanto a competir o viajar, me lo transmitió y me apoyó para que yo pueda hacerlo”, contó en el streaming Fórmula Tuerca.

Durante la infancia, los torneos lo marcaron. Sin embargo, recordó que fue en la década del 90 en su primera competencia de combate en Brasil, a los 11 años cuando descubrió que lo suyo estaba en el kumite.

“Desde esa edad me aboqué a lo que me gustaba, que era el kumite. A los 13 empecé a viajar y a los 15 tuve la oportunidad de competir en el primer campeonato mundial en Japón”, mencionó.

El salto internacional

Rivas destacó la importancia de su preparación física con el profesor de Educación Física Alberto Ortega, a quien reconoció como clave en su evolución. “No solo me enseñó técnicas, me acompañó. Entrenábamos juntos, corríamos en lo que era la península Heller y él planificaba todo. Medía todo con objetos las distancias”.

“Gracias a ese trabajo llegamos al mundial del 2000 y logramos la medalla de bronce, la primera para un argentino en juveniles. Fue algo impresionante el nivel de competencia allá. Me atrapó totalmente y me enamoró para seguir”.

La presea obtenida en el campeonato del país asiático lo catapultó como el primer argentino en conseguir una en su categoría. “Fue histórico y fue una sensación que a veces cuesta encajarla en palabras incluso hoy después de 25 años”.

La presencia de su sensei Atilio Acosta también fue decisiva en su formación. “Formó a un montón de practicantes y competidores. En Japón me acompañó, estuvo atrás mío en la semifinal. El combate suele durar dos minutos y se puede alargar, pero esa vez se extendió el tiempo bruto de 45 minutos, porque hubo caídas, atenciones médicas. Fue impresionante”, revivió.

Pero la carrera en el exterior de Rivas no terminó ahí. En su historial hay registro de seis clasificaciones a mundiales: tres en Japón, uno en Australia, otro en Tailandia y el último en Irlanda en 2017. En varios de ellos llegó a las finales por equipos.

Dos de los episodios más memorables de aquella época ocurrieron según rememoró “en el 2004 en el Nippon Budokan de Tokio. Competimos contra Japón, un lugar icónico. Y dos años después en Sydney pude marcar un ippon y darle un punto a la Argentina”, rememoró emocionado.

El misionero también ganó cinco veces la Copa Itaya, el torneo nacional de karate Shotokan más importante de Argentina, que se realiza en homenaje a Michihisa Itaya, el introductor de esta disciplina en el país.

“Había algo especial en esa competencia. Cada vez que nos preparábamos, sentíamos una energía única. Gané cinco y jugué seis finales más, en ese torneo me hacía más fuerte, sentía que crecía”, confesó.

 Retiro anticipado

En total, Rivas consiguió cuatro medallas mundiales, una en juveniles y tres en mayores. Hoy, en retrospectiva, considera que la clave estuvo en la constancia.

“Es difícil mantenerse tantos años y ser competitivo a nivel internacional. Tenés que amar el entrenamiento, porque la motivación es transitoria. Para sostenerse en el alto nivel la genética no es solo física, también es mental, es persistencia”, reflexionó.

La pandemia lo obligó a ponerle fin a su carrera deportiva internacional, aunque le permitió enfocarse en su profesión como abogado.

“En 2020 teníamos selectivos para competir en Japón, pero todo se canceló. Seguí corriendo en El Brete, aunque a veces la policía me mandaba a mi casa. Internamente siempre queda un faltante, pero fue lo que tocó”, admitió.

Aunque no descarta volver a competir, hoy se dedica a transmitir su experiencia. “Lo que más guardo es el esfuerzo diario, lo que hacíamos con mis profesores y compañeros. Ese esfuerzo extenuante, sobreponerse y volver al otro día, eso es lo más satisfactorio y que me reconforta internamente más que una medalla o que una foto”, cerró.

Jorge Rivas, el misionero que heredó de su padre la pasión por el karate y ganó cuatro medallas mundiales y cinco copas Itaya

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