Escritora misionera relató su recuperación de un cáncer avanzado con un innovador tratamiento

La escritora y docente misionera Evelin Rucker recibió en noviembre de 2024 un diagnóstico de cáncer de pulmón en estadio 4, con metástasis en varios órganos. Ocho meses después, sostiene que gracias a un tratamiento innovador de inmunoterapia y a su actitud frente a la vida pudo recuperar su bienestar y sus actividades.

En noviembre de 2024, la autora de Ortografía tóxica: errores que no sabemos que son errores, recibió un diagnóstico que le cambió la vida, un cáncer de pulmón en estadio 4, con metástasis en el cerebro, la columna y las glándulas suprarrenales. La confirmación llegó en plena internación, cuando los estudios revelaron un cuadro complejo y avanzado.

“Un tumor grande del lado derecho, grande como un puño, y los dos pulmones estaban llenos de tumorcitos. Metástasis en el cerebro, en las suprarrenales y en la columna. Muy complicado”, contó en el programa de stream Arriba Misiones.

La noticia se la transmitió su hijo mayor, neurocirujano, quien junto a su hermano la acompañó desde el primer instante. “El encargado fue justamente mi hijo mayor de decirme y preguntarme: ‘Mamá, ¿tenés idea de lo que tenés?’ Y yo le dije: ‘Sí, creo que sí’. Y después me dijo: ‘¿Querés saber todo?’, ‘Sí, obvio, quiero saber todo, les dije’”, revivió.

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Pero ese no fue el principio, los síntomas y el malestar comenzaron casi un año antes. “Arrancó con cansancio, muchos dolores intensísimos, desde el esternón para arriba, en los brazos. La espalda también, pero sobre todo en los brazos. Muy fuerte. Y yo iba de médico a médico a hacerme estudios de todo tipo y todo daba bienno aparecía nada. Prácticamente no le estaban dando mucha importancia a mis dolores y eso a mí me desesperaba porque eran muy fuertes. Y yo reconozco que estaba muy estresada, yo trabajaba muchísimo”.

Mientras transitaba esa etapa, continuaba con su vida profesional. “Había estado en Misiones Online justamente promocionando un libro en ese momento que pasó las fronteras de la Argentina. Todo era maravilloso, pero muchísimo trabajo. Entonces, yo creía que podía ir por ahí, pero hasta que tuve dos cuestiones, en septiembre empecé a tener diplopía, que es visión doble, y después me empezó a faltar aire. No podía tomar aire; más allá de los dolores que seguían. Ahí sí me internaron, me hicieron tomografías y saltó todo en dos días”.

La elección del tratamiento no agresivo

Desde el primer momento en que le revelaron el diagnóstico de cáncer, tomó una decisión firme sobre los tratamientos que quería recibir para atacar la enfermedad.

Lo primero que yo pedí a mis hijos es que no quería tratamientos agresivos. Yo tenía una expectativa de vida, no para mucho tiempo, y yo decía: ‘Lo que viva quiero vivir bien, lo que sea, pero no me empiecen con esos tratamientos que son terribles, degradantes”, relató.

En ese momento, tomó contacto con la oncóloga Paola Flores, especialista en cáncer de pulmón y de cabeza, quien trabaja tanto en salud pública como en el ámbito privado en Posadas y le propuso un tratamiento de inmunoterapia, el cual consiste en “una pastilla diaria, nada más”, explicó.

Los resultados fueron sorprendentes, pues en pocas semanas comenzó a notar mejoras. “Hasta ese momento yo estaba con muchísimos analgésicos, un combo que me había organizado un anestesista. Pero a los 15 días del tratamiento todo empezó a cambiar. Empecé a estar menos cansada, recuperé el equilibrio, dejé de toser… un sinfín de síntomas que empezaron a mejorar. Y al mes empecé a dejar los analgésicos. Hoy, ocho meses después, yo no tomo ni paracetamol”.

En los controles posteriores, los avances quedaron confirmados. “Los tumores en el cerebro ya no están. Los tumores en las suprarrenales ya no están. El tumor principal del pulmón quedó casi a la mitad y los demás de los pulmones quedaron algunos, muy poquitos”.

“Hoy sigo haciendo lo que hice siempre”

De todas formas, Rucker señaló que el tratamiento es de por vida, pero no altera su calidad de vida. “Lo más importante es eso, la calidad de vida. Yo no podía caminar en diciembre más de una cuadra. Hoy camino durante dos horas sin problemas. Estoy haciendo actividad física, pesas; sigo haciendo lo que hice siempre”.

En este punto de la entrevista, describió el rol medular que cumplió su médica en su proceso de mejoría, quien la acompaña incluso con apoyo emocional. “Es una divina como ser humano. Voy todos los meses a consulta y salgo agrandada. Es muy alentador. Ella en sí ya es un sol y así trata a sus pacientes”.

“Desde un principio el tratamiento era, obviamente, esta parte científica de una medicación, pero acompañar de actividad física intensa, alimentación sana, aire libre y mucha meditación, mucha introspección, en todo caso, terapia psicológica. Ya me dio de alta la psicóloga dos veces, pero yo sigo. Tampoco es nada nuevo. Yo no tuve que empezar con eso. Es algo que yo siempre hice”, agregó.

Otro aspecto que de acuerdo con el testimonio de Rucker resultó nodal aparte de la ingesta de pastillas, la alimentación saludable y el ejercicio físico, es “verle la parte positiva a la vida”.

Así, dejó un mensaje a quienes atraviesan situaciones similares. “Primero, acepto lo que es, porque no puedo hacer nada. Ante el diagnóstico de lo que sea, tenés dos opciones: pataleás, chillás, te quejás o decís: ‘¿Qué hago con esto?’. Yo quiero vivir bien, ese es mi objetivo. Quiero seguir haciendo lo que me gusta, disfrutar de mis hijos y mis nietos, y eso es lo más importante”, manifestó.

Finalmente, Rucker adelantó que su próximo desafío será dar forma a una novela inspirada en su historia con el cáncer. “Está en proceso y puede llevar mucho tiempo, pero estoy fuerte con eso, escribiendo”.

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