Israel prepara una nueva ofensiva sobre Ciudad de Gaza mientras cientos de miles de civiles, como la familia de Sumaya al Kafarna, no tienen fuerzas, medios ni lugares seguros para huir. La ONU ha declarado oficialmente la hambruna en Gaza, donde el hambre y el desplazamiento forzado son ya rutina mortal.
La familia Al Kafarna, débil y hambrienta ante la invasión israelí: “No podemos caminar. Nos enfrentamos a la muerte en Ciudad de Gaza”
El cuerpo exhausto y casi irreconocible de Sumaya al Kafarna, de 35 años, es un retrato de la devastación en Gaza. Sentada frente a una tienda de campaña en ruinas, en el corazón de Ciudad de Gaza, su fragilidad expone el colapso de un territorio asediado. Con 35 kilos, ha perdido más de la mitad de su peso mientras combate un cáncer de mama sin tratamiento ni esperanza.
“Siento dolor día y noche”, susurra con dificultad, rodeada por sus cinco hijos. “Con el hambre y los desplazamientos, mi sufrimiento se ha duplicado. Cuidar a mis hijos es como cargar montañas”. En menos de dos años, ha sido forzada a desplazarse más de 20 veces, una odisea imposible para una mujer enferma y sin recursos.
La nueva amenaza del ejército israelí, que se prepara para una ofensiva total sobre Ciudad de Gaza, añade otra capa de terror. “Estamos esperando nuestra muerte. Nos piden que nos vayamos, ¿cómo?, ¿a dónde?”, lamenta Sumaya. “No podemos caminar hacia ningún lado. Nos quedaremos aquí hasta que caigan las bombas”.

Las declaraciones de la ONU sobre la hambruna han hecho oficial lo que ya es cotidiano en Gaza: más de medio millón de personas están en condiciones de hambruna, y se espera que el número crezca a 641.000 antes de septiembre. Esta es la primera vez desde 2004 que se declara una hambruna fuera del continente africano.
La tragedia se mide también en muertes: en solo 24 horas, ocho personas, incluidos dos niños, murieron por desnutrición, elevando la cifra total a 281 desde el inicio del conflicto. Según el Ministerio de Salud de Gaza, más de 62.000 personas han muerto violentamente desde octubre de 2023.
En este escenario, la familia Al Kafarna enfrenta una elección imposible: huir una vez más sin medios físicos ni económicos, o quedarse atrapada bajo las bombas. El marido de Sumaya, herido en una pierna y una mano, tampoco puede caminar distancias largas. Ambos saben que salir podría significar morir, pero quedarse también.
“No hay lugares seguros en la zona central de la Franja. El precio de desplazarse es demasiado alto”, dice Sumaya. Sin transporte, sin dinero, sin salud, su familia es prisionera de una guerra que los ha ido despojando de todo menos de su desesperación.
La comunidad internacional ha reaccionado con palabras, pero no con acciones. António Guterres, secretario general de la ONU, calificó la situación como “un fracaso de la humanidad”. “La hambruna no es solo escasez de alimentos, sino el colapso deliberado de los sistemas necesarios para la supervivencia humana”, denunció.
Philippe Lazzarini, de la UNRWA, fue más allá: “Esta hambruna ha sido diseñada por el hombre, por el Gobierno de Israel”. Tom Fletcher, jefe humanitario de la ONU, añadió que la obstrucción sistemática israelí impide que los alimentos lleguen a quienes más los necesitan. Israel niega las acusaciones y califica los informes como “mentiras absolutas”.
Otras familias, como la de Tawfiq Abu Jarad, también viven en condiciones extremas. Este profesor universitario, padre de cinco hijos, vive desplazado en una tienda improvisada. Ha perdido 22 kilos y sus hijos sufren enfermedades por desnutrición. “No hay carne, ni frutas, ni proteínas. La mesa está vacía”, dice.
Abu Jarad ha sido desplazado por toda la Franja. Su historia incluye bombardeos, ataques directos y pérdidas familiares. Su hija de 12 años fue herida de bala en marzo y no han podido tratarla. La desnutrición ha frenado su recuperación, mientras las esperanzas de asistencia se desvanecen.

“La declaración de la ONU fue solo simbólica”, lamenta. “Sabemos que no cambiará nada. Cada día mueren niños y mujeres por hambre. Esperamos una reacción que no llega”. Para él, como para muchos otros, evacuar Ciudad de Gaza es una fantasía inalcanzable. “Si tuviera mil dólares, los usaría para alimentar a mis hijos, no para huir”.
Actualmente, la hambruna declarada afecta principalmente a Ciudad de Gaza y sus alrededores, pero las proyecciones muestran que Deir el Balah y Jan Yunis también llegarán a esta fase crítica antes de septiembre. El sur no será refugio por mucho tiempo.
Desde mayo, la distribución de ayuda fue entregada a la Fundación Humanitaria de Gaza, respaldada por Israel y EE.UU., desplazando a agencias de la ONU. El resultado ha sido trágico: casi 1.900 palestinos han muerto mientras intentaban acceder a alimentos, muchos de ellos cerca de los puntos de distribución.
Para los expertos en derecho internacional, lo que sucede en Gaza puede constituir un crimen de guerra. Abdullah Sharsharah señala que Israel, como potencia ocupante, tiene la obligación de garantizar la supervivencia de la población. “El hambre como arma está prohibida por el derecho internacional”, afirma.
Mientras tanto, Sumaya mira al cielo desde su tienda improvisada y repite con resignación: “La decisión de la ONU fue solo un anuncio. El hambre sigue devorando nuestros cuerpos”.
Fuente: diario El País.

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