Entre el básquet, el fútbol y la docencia: las memorias de Esteban ‘Chopa’ Panasiuk

En una entrevista con el programa Fórmula Tuerca, emitido por el streaming de Misiones Online, Esteban “Chopa” Panasiuk compartió recuerdos de su trayectoria como deportista y técnico, repasando momentos que marcaron la historia del deporte en Oberá.

Desde sus primeros pasos en la cancha del barrio hasta llegar a jugar en la primera división de básquet y fútbol con apenas 16 años, Chopa rememoró: “A los 16 años yo estaba jugando al básquet y al fútbol en forma simultánea. Tenía unos maestros que me fueron llevando en la cancha y me enseñaban a largar la pelota más rápido para que no me golpeen. Así fui aprendiendo”.

El referente obereño también recordó a quienes lo formaron en sus inicios. “Nos tomó Andrés Quetglas, un profesor que nos marcó muchísimo. Nos orientaba, nos llevaba, y hacíamos sacrificios que hoy parecen increíbles, como salir de la escuela y correr varias cuadras para llegar a entrenar”, relató.

Con anécdotas personales, Panasiuk reveló cómo conoció el básquet de manera inesperada: “La primera pelota de básquet la agarré cuando vino un equipo americano a jugar en OTC. Se pinchó la pelota, la tiraron a la tribuna, y yo me metí abajo para buscarla. Esa fue la primera vez que tuve una naranja en las manos”.

 

El ex jugador y entrenador, además, destacó el peso de la disciplina y la educación en su camino. “Terminé la secundaria como maestro en 1968. Después la colimba y más tarde la decisión de estudiar Educación Física, influenciado por amigos que me convencieron de que ese era el camino”, recordó.

Por otro lado, Chopa hizo referencia a su apodo, que lo acompaña desde la infancia: “A mi viejo le decían Chopa, porque era ucraniano, y después me empezaron a llamar así en la escuela. A mi hermano le decían Chopín, y así quedó para todos”.

Volviendo al deporte, uno de los momentos más recordados fue su paso por River: “Algunos dirigentes me vieron jugar y quedaron encantados. Pero yo tenía a mi viejo que me mandaba lo justo, y necesitaba unas monedas para poder manejarme en Buenos Aires. Les pedí algo, porque allá sin plata en el bolsillo no podés estar, pero me dijeron que no. Y yo dije ‘mirá los millonarios, millonarios de qué’. Y no aparecí nunca más”, relató.

Su camino también lo llevó a Ferro, aunque desde otro ángulo: “En Ferro pasé por el fútbol. Tenía dos amigos arqueros, uno de ellos, León Martínez. Empecé a entrenar con ellos, pero tuve un tirón en el hombro justo cuando tenía que rendir en el profesorado. Si no tenías la parte de gimnasia no podías aprobar, así que di un pasito al costado”, explicó.

También revivió una experiencia con la selección de Oberá en 1973: “Fue una historia hermosa. Teníamos jugadores de toda la zona, de gran calidad. Arrancamos ganándole a Apóstoles 6 a 0, esa tarde hice cuatro goles. Después seguimos con victorias a Oberá y Posadas. Clasificamos por la provincia de Misiones y fuimos a jugar a Corrientes, Paso de los Libres, donde también ganamos. Fue una época inolvidable”.

Sobre los valores que lo acompañaron a lo largo de su vida, destacó: “En esos tiempos había que estudiar y rendir cuentas. Ser deportista no alcanzaba, había que formarse también como persona”.

En la charla, Esteban también se detuvo a hablar de su quinteto ideal en el básquet, un juego que marcó su formación física y también su manera de ver el deporte. “Mi quinteto ideal sería con Bareiro, Guido, Opi, Pichón Sfeir y yo. A Fino lo dejamos afuera, pero porque él es para todos”, bromeó entre risas.

El recuerdo de Pichón lo emocionó especialmente. “Me halaga mucho que me reconozca y me haya elegido. Yo lo recuerdo como un gran compañero, con una potencia física impresionante”, relató al rememorar los mensajes que aún lo unen con quienes compartieron tantas canchas.

Esteban también destacó cómo el básquet lo potenció en el fútbol: “La velocidad, la potencia, la reacción… todo eso me lo dio el básquet. En la canchita el entrenamiento era el picadito, pero lo que nos exigía Andrés en el básquet me sirvió un montón para el fútbol”.

Ya como entrenador, recordó con cariño su paso por Ex Alumnos en el Argentino B 96/97: “Me llamaron una noche, se había ido el Coco Sosa y me dijeron que pensaban en mí. Fue medio de sorpresa, pero acepté. El primer partido fue bravísimo contra Sarmiento de Resistencia, que tenía un gran equipo, pero lo ganamos y ahí empezó todo”.

Por último, también dejó espacio para su rol como docente, donde el deporte lo acompañó de otra manera. “Un día llegué a la escuela después de un triunfo y estaban todos los alumnos esperándome con afiches y aplausos. Esas cosas te marcan para siempre, me emocioné mucho. Yo soy el agradecido al deporte, porque gracias a él hice grandes amigos en toda la provincia”.

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