Un tiburón con zapatillas de deporte, un cocodrilo convertido en bombardero o una bailarina con una taza de café en lugar de cabeza. Estas son solo algunas de las extrañas criaturas que invadieron las redes sociales bajo el nombre de Italian brainrot, uno de los fenómenos virales más inesperados de 2025.
Esta tendencia se convirtió en un ejemplo del llamado humor post-irónico, un estilo en el que la incoherencia y el absurdo son la clave del atractivo. Pero, ¿en qué consiste exactamente?
El Italian brainrot es una serie de memes generados con inteligencia artificial que mezclan animales, objetos, alimentos e incluso armas para crear figuras híbridas y, a menudo, grotescas. Cada personaje recibe un nombre con sonoridad italiana, que suele terminar en -ini o -ello, y está acompañado de narraciones en voz masculina que imitan el acento italiano, con frases deliberadamente sin sentido.
El término brain rot (cerebro podrido) ya se usaba en internet para describir el efecto de consumir contenido trivial. Con este fenómeno, la expresión adquirió un nuevo significado: una etiqueta que los propios usuarios usan para reconocer lo ridículo de la tendencia mientras participan activamente en su expansión.
Aunque es difícil identificar un único origen, muchos señalaron a Tralalero Tralala, un tiburón con tres patas y zapatillas deportivas, como el punto de partida. A partir de ahí, surgieron otros personajes populares como Bombardiro Crocodilo, un híbrido de cocodrilo y bombardero, o Ballerina Cappuccina, una bailarina con una taza de capuchino en lugar de cabeza.
Del kitsch al folclore digital

Expertos en cultura digital describieron al Italian brainrot como un cruce entre el surrealismo de vanguardia y el kitsch contemporáneo. Los personajes, con nombres que recuerdan a caricaturas de la cultura italiana, generaron una sensación ambivalente: son cómicos, inquietantes y en ocasiones grotescos.
Sin embargo, su éxito radicó precisamente en esa mezcla. Los usuarios consumieron estos memes y también crearon historias, genealogías ficticias y universos compartidos alrededor de los personajes, en lo que algunos definen como un nuevo tipo de «folclore digital».
El fenómeno trascendió la esfera del entretenimiento en línea. Algunas marcas utilizaron estas imágenes para campañas publicitarias, se produjeron juegos y mercancías inspiradas en los personajes, e incluso se lanzaron tarjetas coleccionables en Italia dirigidas a un público infantil.
Pero no estuvo exento de polémica. Algunos videos fueron criticados por referencias religiosas o por banalizar conflictos bélicos, lo que abrió un debate sobre los límites del humor y el impacto de la inteligencia artificial en la creación de contenidos.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024

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