La misionera Valeria Zacarías descubrió el crochet hace más de una década y desde entonces nunca lo dejó. Hoy encabeza talleres en Posadas en los que participan más de 16 niños, convencida de que la práctica no solo estimula la creatividad, sino que también transmite valores y fortalece la confianza. Conocé los siete beneficios.
Su historia con el tejido comenzó en la adolescencia, marcada por la influencia de tres personas clave. “Una es mi mamá, porque ella siempre estuvo presente apoyando. Pasé por muchos procesos de arte, pintura, porcelana, todo lo hecho a mano siempre me gustó. Y me quedé con el crochet, fue el viaje de ida que nunca más dejé. Siento que es mi propósito”, relató.
Tejer y destejer
La segunda influencia llegó de parte de una amiga de Eldorado. “Ella trabajaba en una mercería y siempre estaba tejiendo y destejiendo. Yo le preguntaba por qué y ella me decía ‘porque me equivoqué, tengo que volver a desatar’. Ahí me decía que yo tenía que aprender, porque me gustaban las manualidades. Me dio una aguja, me indicó cuál comprar y arranqué, desde entonces nunca más paré. Eso fue en 2008 o 2009”.

La tercera persona fundamental fue una colega que la impulsó a enseñar. “Fabiana, de Dulce y Bohemia, fue quien creyó en mí. Empecé en 2019 con una sola alumna. Después llegó la pandemia y todo fue lento, pero nunca me rendí. Yo sentía que enseñar crochet era lo que me gustaba hacer. Sabía que en algún momento iba a funcionar”, recordó.
La conexión con los niños
La maternidad y el contacto con la pedagogía Waldorf terminaron de orientar su camino hacia los talleres infantiles. “Yo tengo dos hijos, Juli de 21 y Dante de 6. Él va a una escuela con pedagogía Waldorf y ahí me atrapó mucho cómo aprenden desde el arte. No hablo solo del crochet, sino de la pintura, la cerámica, todo lo artístico es importante en un niño. Empecé a formarme en esa pedagogía y un día me preguntaron si no daba clases para niños. Dije ‘¿por qué no?’. Me sentía capacitada, arranqué con dos alumnitas y el taller empezó a crecer. Hoy son 16 chicos, entre ellos varones, porque el arte no tiene género”, explicó.
Para Zacarías, lo más valioso es acompañar los procesos de cada alumno. “Esa es mi misión de enseñar esto, de dejar este legado que no se pierda. Me apasiona mucho el tema de los niños, el interés que tienen, las ganas que tienen, la creatividad. Que ellos, al ver un simple ovillo y una aguja que ellos puedan crear algo y disfrutar del proceso, ver el resultado. Las caras que ponen me entusiasman mucho. Les da mucha seguridad, mucha confianza, disfrutan sobre todo la paciencia”, sostuvo.
“Por ahí vienen con un súper proyecto y yo les propongo que primero inicien con algo chiquitito y después vamos por más, o sea, tratar de guiarlos, incentivarlos también”, agregó.
Enseñar con imágenes y juegos
La profesora aplica un método didáctico basado en imágenes y símbolos para que los más pequeños comprendan mejor. “Ellos aprenden mucho de la imitación. Por eso enseño con imágenes. Por ejemplo, les dibujo una carita en la aguja y les digo que la carita tiene que mirar hacia cierto lado. Uso palabras como ‘abrazo’, ‘lazo’ o cantitos para que se fijen los movimientos. No es lo mismo enseñar a un adulto que a un niño. Cada uno tiene su ritmo y su esencia, y ese es el gran desafío”.
Con el tiempo, incorporó también otras técnicas textiles. “Este año implementamos arte textil en general para niños, porque no quiero limitar a nadie. Algunos hacen telar, otros bordado básico, otros dos agujas. La premisa es el crochet, pero en el camino descubren lo que les gusta. La idea es que puedan experimentar y encontrar su interés”.
Los 7 beneficios del crochet en los niños
De su experiencia en el taller, Zacarías enumeró los principales beneficios de la práctica en los más chicos:
-Paciencia: “Cuando un niño conquista la paciencia es algo muy hermoso, se sorprenden a sí mismos y esa sensación se transforma en paz”.
-Seguridad y confianza: “Les da confianza ver lo que lograron, van a su casa y cuentan orgullosos lo que hicieron”.
Creatividad: “Los niños diseñan sus propios proyectos. Una alumna, por ejemplo, quiso hacer un lápiz en crochet y lo armó completo con sus colores y estilo”.
-Colaboración y socialización: “Se ayudan entre ellos, comparten proyectos, charlan de sus vidas. La socialización es natural y enriquecedora”.
-Expresión emocional y artística. “Cada niño es diferente y puede expresarse a través del tejido. El crochet es un canal para proyectar emociones y gustos”.
-Desarrollo cognitivo. “Inconscientemente practican matemáticas contando puntos y series cuando hacen amigurumis. Es un ejercicio constante para el cerebro”.
-Respeto por los procesos individuales. “Cada chico tiene su ritmo. El desafío es enseñar con paciencia y amor, sin imponer ni presionar”.
“El arte sana, el arte es muy importante. Puede ser pintura, cerámica o tejido, pero siempre es necesario. Los padres y docentes deben dejar que los chicos experimenten, que se equivoquen y descubran sus límites. El rol del adulto es ser un puente, una herramienta, no una presión”, aconsejó.
Para quienes quieran regalar experiencias durante el mes de la niñez, la entrevistada invitó a conocer sus talleres contactándola a través de su Instagram: @ojoalpunto.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024
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