En la ciudad de Leandro N. Alem funciona el Taller de Arte Divergente, un espacio pensado para que niños, adolescentes y adultos encuentren en la creación artística una vía de expresión y un refugio personal. El lugar pertenece a Pamela Losanto, quien además es la profesora a cargo y desde hace años desarrolla su labor creativa y docente, primero en su casa y ahora en un espacio abierto a toda la comunidad.
“El arte para mí es una actividad netamente humana. Siempre tuve un taller en mi casa desde que soy profesora, y quise traerlo a la comunidad. Es un refugio que me gustaría compartir con los chicos y jóvenes de la ciudad”, explicó Losanto, recordando que desde pequeña se sintió atraída por el dibujo y la pintura, y que esa vocación marcó su camino profesional.
El taller se caracteriza por su enfoque inclusivo y la diversidad de propuestas. Se trabajan técnicas como dibujo, pintura, grabado y escultura, pero más allá de la destreza técnica, el objetivo es que cada alumno pueda encontrar su propia voz artística. La profesora destacó que varios de sus alumnos son niños y adolescentes con diferentes trastornos del neurodesarrollo: “Acá pueden ser ellos mismos. Los dejo expresar su manera de ver y habitar el mundo. El arte abraza siempre la diversidad, no separa ni juzga”.
Las clases se organizan en modalidad individual y grupal, con encuentros adaptados a la edad y a los intereses de cada participante. Los niños pequeños suelen tener un espacio exclusivo para trabajar de forma personalizada, y luego comparten actividades con grupos más amplios, lo que fomenta la socialización. “Desde los 4 o 5 años hasta los 9 o 10, armamos grupos de trabajo. En una clase están solos, donde trabajamos lo que ellos quieren dibujar o representar, y en otra comparten con más compañeros”, detalló.
El proceso creativo no se limita a copiar imágenes. Losanto propone inspirarse en obras y artistas, para luego reinterpretarlos desde las emociones y experiencias personales.
“Buscamos inspiración en artistas e imágenes, pero siempre priorizando la interpretación propia y las emociones del día. Cada trabajo refleja un momento único”, comentó.
La docente resalta que el arte también cumple una función terapéutica, aunque el espacio no se defina como un taller de arteterapia. La libertad de crear y el acompañamiento cercano hacen que muchos alumnos encuentren en este lugar un momento de calma y autoconocimiento. “El arte es un refugio, y creo que todos necesitamos uno”, afirmó.
El Taller de Arte Divergente está ubicado en la intersección de Avenida Belgrano y Los Horneros. El espacio, vidriado y lleno de color, atrae la atención de quienes pasan por la zona. “Hay manchas por todos lados, pinceles, paletas, esculturas a medio hacer… todo lo que ves son materiales artísticos y huellas de creación. Es un lugar vivo, en constante movimiento”, describió su fundadora y profesora.

















