La doctora Victoria Valdéz (MP 5217), experta en medicina estética de Posadas, compartió su visión sobre la evolución de esta disciplina. Durante el programa charló sobre los viejos paradigmas del antiaging.
Desde su camino personal hasta el desafío de conciliar múltiples roles, la doctora propuso una belleza auténtica y un bienestar integral, con foco en el envejecimiento saludable.
La doctora Victoria Valdez, posadeña de nacimiento, forjó su camino profesional con una clara visión de crecimiento. Su primera parada fue Corrientes, donde cursó Medicina.
“La verdad que me gustó mucho la carrera porque el desde el día uno, me hice grandes amigos que hasta el día de hoy son mis amigos, mis compañeros de facultad. Así que que fue una linda temporada”, recordó.
Tras graduarse, buscó nuevos horizontes en Buenos Aires, aunque la vida en la gran ciudad no la convenció, optó por regresar a Misiones siempre con la mente puesta en especializarse.
En Posadas, realizó la residencia en traumatología, una elección que resultó fundamental en su desarrollo. “Acá lo que tenemos es que se mete mucha mano, se dice en quirófano. Los médicos son muy sueltos con eso de de de cederte procedimientos. Así que me vino muy bien”, explicó la doctora.
Esta etapa le brindó una sólida base práctica y la oportunidad de aprender de grandes maestros, como el doctor Ramiro Larguía, quien fue “el que me enseñó prácticamente todo”.
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A pesar de su éxito en traumatología, la medicina estética siempre fue una inquietud, una “asignatura pendiente”. Su incursión en este campo no fue directa, sino a través de la medicina regenerativa. “Él [doctor Larguía] me presentó lo que es la proloterapia, que es una es medicina reconstructiva y regenerativa. Empezamos con el plasma con plaquetas en articulaciones y la verdad que eso fue el pasito que me acercó a la medicina estética”, detalló.
Su interés estético, que ya la llevaba a “evaluar los rostros”, la impulsó a sumergirse de lleno. Un congreso cadavérico en Verona consolidó su decisión. “Me tocó ir a hacer un congreso cadavérico en Verona. Y ahí directamente dije no, esto es. No, no es directamente lo que quiero hacer en mi vida”, afirmó con convicción sobre su elección.
La revolución de la medicina estética: del estigma a la salud
“La medicina estética, esa transformación de rostro, que veíamos en en las décadas pasadas no existe más”, sentenció Valdez sobre los cambios en el campo de la medicina.
Este cambio obedeció a una lógica demográfica innegable: “el índice de mortalidad bajó muchísimo, la pirámide poblacional se invirtió. La población está más vieja. Es así porque somos cada vez más adultos. Entonces empezamos a ver que la esperanza era cada vez mayor”.
Ante esta realidad, surgió una pregunta determinante: “¿Cómo vamos a vivir en silla de ruedas? Vamos a vivir con obesidad, con autoestima baja. No, había que buscarle la vuelta”.
La respuesta, para la doctora, llegó con una nueva perspectiva: “Gracias a Dios. Sí, viene esta nueva ola de medicina. Este es el oleaje este de medicina estética reconstructiva regenerativa sin transformaciones sos vos, mejorada”.
La doctora criticó abiertamente los orígenes de la medicina estética, arraigados en un concepto de estatus y visibilidad. “En realidad, la medicina estética nace, por así decirlo, en Beverly Hill, las actrices de Hollywood y te daba estatus”, comentó, situando este fenómeno a partir de “los 90”.
En esa época, “cada vez que hacías medicina, estética se tenía que notar y después fue exageradamente.Cuanto más se notaba, mejor día dinero tenías para poder hacerte esos retoques claro de una cuestión de estatus social. El que podía se hacía el que no podía, no”.
Esta búsqueda de visibilidad llevó a resultados “totalmente inestética en absoluto. Las caras transformadas, los pómulos salía”.
Más allá de la estética, los riesgos fueron significativos: “Los rellenos. Eran de siliconas. No eran biodegradables, no eran biocompatibles. Y fue una cosa más allá de invasiva, insalubre”.
La tendencia actual es radicalmente opuesta: “Lo se buscó es que sea lo más natural posible y lo más biocompatible posible”. Esta discreción se alineó con una tendencia global, el “lujo silencioso”, donde “las ropas de marca tenían cada vez menos logos”. En consecuencia, “en la medicina, comenzó a hacer algo imperceptible”.
Entre los tratamientos que marcaron el rumbo, la toxina botulínica lideró. “Siempre la toxina botulinica es la que lidera porque es una droga segura porque es una droga aprobada porque utiliza muchísimos procedimientos médicos. Sigue siendo para mí. Y mis colegas que las tengo cerca siempre eligen el método para poder borrar esas arrugas dinámicas”, explicó.
La técnica es esencial para lograr resultados naturales. “Tenemos músculos que tienen una biomecánica en particular, sino los bloqueamos. El músculo sigue contrayéndose. Entonces, lo que hay que hacer es armar la mirada y dejar la armoniosa. Año a año cambia la técnica de toxina botulínica se encuentra en formas más amigables. menos dosis por cada punto. El diseño de las cejas es distinto que en otro, buscando siempre la naturalidad”.
Para Victoria, el control fue indispensable: “Yo no hago toxina botulínica, sino controlo a los 15 días. El control es obligatorio porque vos podés corregir podés, poner los stop que necesitas para que las dejan o huele asimetría puede quedar todos somos asimétricos. El tema es controlarlo y seguir al paciente en todo el proceso”.
Eje de la estética: el bienestar
La doctora Valdez vio la medicina estética como una herramienta para el bienestar integral. “En el consultorio uno da felicidad, porque si hay una mujer que no le gusta tener arrugas en la frente. No me gusta y no me gusta y me siento mal y tengo la cara cansada y derretida”, relató.
Puso como ejemplo a una amiga de 36 años que, a pesar de llevar una vida saludable, se sentía “derretida”.
“Esa paciente ya vuelva a sentirse ella y es directamente proporcional a el estado ánimo que tiene”.
La frase recurrente de sus pacientes fue “quiero hacerme algo, pero que no se me note”. Victoria lo resumió: “Es adictivo sentirse bien”. La nueva directriz es clara: “La nueva tendencia usar cada vez menos producto cada vez menos producto. Gracias a Dios. Esa es mi bandera”.
Victoria Valdez es madre de dos niñas, de siete y tres años, y conciliar sus múltiples facetas fue un desafío diario. Atribuyó su éxito a una “red de contención que es infinita”.
Su familia, en especial su marido, su hermana y la niñera, fueron pilares fundamentales: “Sin esa red de contención, no podría haber hecho nada de lo que hago”.
Compartió una experiencia personal reciente: “En marzo. Me voy a un congreso afuera. Y el primer día me agarra esa sensación de falta de aire. Me quiero volver, me quiero volver, me quiero volver. Ay, por Dios. Porque si pasa algo allá que va a pasar, me quiero volver”.
Fue el apoyo de su hermana lo que la mantuvo firme: “Me dice mi hermana por teléfono, no vuelvas. Ese es el ejemplo que le estás dando a tus hijas que teniendo hijos podés soñar a lo grande, podés estar afuera, haciendo llegando a la cúspide de lo que es medicina estética. Y ese es el ejemplo que le estás dando. Vas a venir frustrada, esa frustración, la trasladadas a tus hijas”.
A su regreso, sus hijas estuvieron felices y todo estuvo en orden, confirmando que “volví y todo estaba como siempre y ella felices con los regalos contándome lo que pasó”. Este episodio le reafirmó el valor de perseguir sus sueños.
En cuanto a su propia rutina de cuidado personal, la doctora se describió como “la antítesis de toda media estética que que por ahí pregona eso, porque a mí la vida diaria me cuesta”.
De esta manera, reconoció la dificultad de conciliar todo: “Me levanto a las cinco de la mañana todos los días organizo mi casa, trato de ir al gimnasio. Me cuesta. Soy súper glotona. Me encanta comer. Entonces, la verdad que organizar y es como, quiero mostrarle a mi paciente que soy real. No voy a vender comida saludable todo el tiempo porque no cuesta y entre el trabajo. Y otra cosa cuesta. Soy una mujer real, simple y concisa. Sí, trato de vivir de la mejor manera para no enfermarme nada más”.
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