La obesidad, que afecta a seis de cada diez argentinos, es reconocida como una enfermedad compleja y multifactorial. Esta forma de encararla desmitifica la idea de que su solución depende únicamente de la fuerza de voluntad.
Durante la charla, se destacó un cambio en la mirada del paradigma profesional, que ahora busca un enfoque más amplio y menos generalizado que el simple Índice de Masa Corporal (IMC).
“Tiene que ver con un sufrimiento con habitar un cuerpo que me genera también muchísimo malestar y que a nivel social tiene una alta estigmatización”, detalló Silva.
En este contexto, sostuvo que la situación es alarmante: “seis de cada diez argentinos padecen sobrepeso u obesidad”.
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Por lo tanto, explicó que actualmente se busca determinar si hay una preobesidad o si ya existen enfermedades asociadas, como la diabetes tipo 2 o afecciones cardiovasculares, lo que complejiza el panorama de la salud a nivel global.
“Ahora se apunta a hacer algo mucho más pormenorizado, más individual, en donde realmente se pueda establecer si estamos frente a una pre-obesidad, porque quizás el paciente tenga, acumulación de tejido adiposo, tejido graso, pero sus órganos no estén afectados”, precisó la psicóloga, añadiendo que “el 6 de cada 10 argentinos padece sobrepeso, obesidad, un número muy alto”.
El hambre emocional y la trampa del estrés
La psicóloga profundizó en el impacto de las emociones en la relación con la comida. Diferenció el “fenotipo hedónico”, que es comer por placer ante un estímulo, del “hambre emocional”, un mecanismo compulsivo para paliar la angustia.
“El hambre emocional tiene que ver con paliar la angustia, es un recurso más compulsivo de la persona, en donde no registra en realidad quizás a nivel emocional lo que está sintiendo, y acude a la comida como un método, digamos, de poder producir algo, ni siquiera es placer, porque tiene que ver con bajar angustia, o sea que regularse a través de la comida”, detalló Silva. El estrés, inherente al estilo de vida actual, junto con el sedentarismo y la falta de tiempo para una planificación alimentaria adecuada, actúan como catalizadores de esta problemática.
Por otro lado, Silva destacó la necesidad de un abordaje integral y multidisciplinario para la obesidad. Mencionó el programa del Hospital Madariaga en Posadas, un servicio gratuito que reúne a médicos clínicos, cirujanos, nutricionistas y psicólogos.
“Nosotros vamos trabajando en conjunto, hasta que en algún punto se decide si ese paciente puede acceder o no a la cirugía, que hoy en día es una de las técnicas más efectivas para controlar, digamos, esta enfermedad a largo plazo”, explicó la psicóloga sobre la cirugía bariátrica (manga gástrica o bypass gástrico).
Sin embargo, la especialista advirtió sobre la “cultura de la inmediatez” que lleva a buscar «soluciones mágicas», lo que genera poca tolerancia a la frustración en los pacientes.
“En general, este es un problema muy patente en la enfermedad porque ya han probado dietas mágicas, polvitos, batidos, de todo, y tienen poca tolerancia a la frustración”, sentenció Silva, y puntualizó en que el proceso requiere tiempo para afianzar cambios conductuales duraderos.
“Establecer este proceso, esperar estos tiempos, ayuda muchísimo también a ir afianzando los cambios conductuales necesarios para que esto a largo plazo sea eficaz, porque si no también vengo, me corto, me operan y después sigo haciendo lo mismo”, concluyó Silva.
Además, señaló que incluso en procedimientos como la cirugía bariátrica, la tasa de éxito a largo plazo es baja, lo que refuerza que “eso también nos da la pauta frente al problema que estamos, por eso no es solamente voluntad, aunque requiere realmente de mucha disciplina”.
Asimismo, en la charla se abordó cómo los vínculos sociales saludables y la capacidad de establecer límites son fundamentales. Silva explicó que muchas personas con obesidad tienen dificultades para poner límites a otros, priorizando las necesidades ajenas.
En estos casos, el peso puede tener una “función simbólica” de protección, que solo puede trabajarse en terapia.
“Muchas veces yo no me puedo desprender de ese cuerpo y de ese peso porque me protege, porque me hace grande, porque vino a cumplir una función simbólica que hasta que yo no la trabaje no la voy a poder dejar ir”, aseveró. La psicóloga añadió que cuando los pacientes empiezan a realizar cambios, el entorno puede reaccionar diciendo: “Pero antes eras más simpática”, lo que demuestra la presión social.
En cuanto a la obesidad infantil, la psicóloga hizo hincapié en la necesidad de políticas públicas más serias y, sobre todo, en los límites dentro del hogar. Criticó prácticas como premiar con comida o forzar a los niños a “terminar el plato”, ya que alteran su regulación natural del hambre y la saciedad.
“Los niños son naturalmente, ellos regulan el hambre de manera natural, o sea, salvo que haya una cuestión ansiosa muy marcada, te dicen no quiero más, no tengo hambre, y esos son procesos que hay que respetar, porque después el adulto con obesidad tiene una dificultad muy grande para poder interpretar esas señales de hambre y de saciedad”, explicó Silva.
Por lo tanto, indicó que es fundamental que los niños aprendan el registro del cuerpo. Para los padres, recomendó ofrecer una variedad de alimentos, controlar las porciones y hacer del momento de la comida un “ritual de tranquilidad”, libre de distracciones tecnológicas.
De esta manera, la psicóloga Romina Silva invitó a quienes necesiten ayuda a acercarse al Hospital Madariaga. Recomendó iniciar el proceso con una consulta médica clínica o de nutrición para obtener una derivación, y recordó las charlas abiertas que se realizan el primer lunes de cada mes en el SUM del hospital como una vía para conocer al equipo y acceder a los turnos.
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