Menos del 25% de los adolescentes argentinos finaliza la secundaria en tiempo y forma; el 75% de los estudiantes de sexto grado afirma poder regular sus emociones y el 84% de los trabajadores en América Latina prioriza habilidades como liderazgo y resiliencia: educar en liderazgo ya no es opcional, advierte Alejandro Contreras.
Alejandro Contreras, director de Argennova y representante de la Fundación John Maxwell en Argentina, advierte sobre la profunda crisis educativa que enfrenta el país y propone una transformación estructural: formar líderes desde la infancia para responder a los desafíos del siglo XXI. Las habilidades blandas, lejos de ser un complemento, se convierten en el núcleo de una educación con sentido.
En medio de una crisis educativa sin precedentes, donde menos del 25% de los adolescentes argentinos logra finalizar la secundaria en tiempo y forma con los niveles esperados en Matemática y Lectura, una nueva mirada comienza a abrirse paso.
Contreras propone un giro profundo en el enfoque pedagógico: “La escuela del siglo XXI debe formar ciudadanos capaces de transformar su entorno, no solo de repetir contenidos”.
El profesional afirma que, ante una realidad social marcada por la incertidumbre, el exceso de información y los problemas de convivencia, salud mental y desmotivación en las aulas, formar en liderazgo y habilidades blandas ya no es un lujo, sino una necesidad urgente.
Educar ya no puede limitarse a la transmisión de conocimientos, sino a construir estructuras mentales que permitan a los jóvenes actuar con criterio, empatía y responsabilidad”, sostiene.
El planteo se sustenta en evidencia. Según el Estudio ERCE 2019 de la UNESCO, el 75% de los estudiantes latinoamericanos de sexto grado ya manifiesta capacidad de autorregular sus emociones, el 50% demuestra conductas empáticas y el 80% apertura a la diversidad.
“La materia prima está -afirma Contreras-, lo que falta es un modelo pedagógico que la reconozca y la cultive”.
A esto se suma la creciente demanda del mundo laboral. El Informe “Future of Jobs 2025” del Foro Económico Mundial identifica al liderazgo, la resiliencia y la influencia social como las competencias más buscadas en América Latina y el Caribe.

Las llamadas soft skills, muchas veces subestimadas, hoy son claves para enfrentar los desafíos tecnológicos y climáticos de la próxima década.
Frente a este panorama, el programa Yo Lidero, impulsado por la Fundación Argennova y la John Maxwell Leadership Foundation, se presenta como una respuesta concreta: una metodología que promueve el liderazgo desde la infancia, mediante el trabajo colaborativo y el desarrollo emocional en contextos escolares seguros.
“Los chicos aprenden a liderar liderando”, resume Contreras.
La propuesta no está sola. Coincide con las recomendaciones del BID, la UNESCO y la OEI, que destacan la necesidad de políticas públicas sostenidas para desarrollar habilidades desde la infancia hasta la adultez, con foco en calidad docente, inclusión y evidencia.
Los resultados son tangibles: instituciones que aplican estos enfoques reportan mejoras en la convivencia escolar, reducción del bullying, mayor retención estudiantil y un clima emocional más saludable.
Para Contreras, el mensaje es claro: “Educar para liderar no es una moda ni una elección pedagógica aislada, es una apuesta ética y política. Si queremos sociedades más empáticas, inclusivas e innovadoras, debemos empezar desde las aulas. Y cuanto antes lo hagamos, mejor”.

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