Ola polar en Argentina: cómo resisten el frío extremo los trabajadores que no pueden quedarse en casa y se ganan el día en la calle

En medio de una ola polar que posiciona a Argentina como el país más frío del mundo, cientos de trabajadores deben enfrentar el invierno en condiciones extremas. Salimos a conocer sus historias: cómo viven, sienten y resisten el frío quienes no tienen otra opción que salir a ganarse el día, a la intemperie.

Co el frío extremo que envuelve el país, salimos a recorrer la ciudad de Posadas para conocer cómo viven y enfrentan las bajas temperaturas quienes trabajan al aire libre. Juan Manuel, Walter y Natalia nos contaron sobre su día a día.

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En la esquina de las avenidas Jauretche y Andresito, el fuego de la parrilla contrasta con la brisa helada. Allí está Juan Manuel Encina, un emprendedor que decidió volver a sus raíces con «Ditebendi» —que significa «Dios te bendiga»—, su puesto de tortillas a la parrilla.

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Frío extremo: cómo afrontan el día a día quienes trabajan a la intemperie (la historia de Juan Manuel Encina)

 

Esto surgió básicamente por la situación económica. Volvimos después de dos años, desde el pasado viernes. Me quedé sin trabajo. Estuve en Brasil trabajando como subchef y al volver, me animé a largarme de nuevo”, contó mientras controla con destreza el calor de las brasas.

Las tortillas son hechas en el momento y cuestan $1.000 cada una, ya sea con o sin chicharrón. En breve, sumarán las versiones rellenas con jamón y queso o calabresa, con precios aún en evaluación. “Estamos recién empezando, pero la gente que prueba siempre vuelve. A veces damos para probar y al rato vienen a comprar dos o tres”, dijo con entusiasmo.

El horario de trabajo es de 7 a 12 del mediodía, y luego vuelven por la tarde, de 16 a 20 horas, o hasta que se agota la mercadería. “Hay días que terminamos a las 11 porque ya vendimos todo, y otros que nos quedamos hasta la tarde”, explicó. A pesar del frío y las dificultades, Juan Manuel apuesta una vez más al autoempleo con el sabor casero como carta de presentación.

En otro punto de la ciudad, Walter Enrique Gross camina desde las siete de la mañana. Tiene 60 años y desde los 12 recorre las calles recolectando cartones, latas y todo lo que pueda reutilizarse. Su carrito, su herramienta de trabajo, se convierte en un compañero más en sus largas jornadas.

Frío extremo: cómo afrontan el día a día quienes trabajan a la intemperie (la historia de Walter Enrique Gross)

Me encanta lo que hago. La calle es mi segunda casa y mi mejor escuela”, afirmó mientras acomodaba cuidadosamente su carga. Vive con su papá y su hermano, y entrega los materiales por mes a un acopiador local. “Con eso saco unos cien mil pesos. No es mucho, pero me alcanza”.

A pesar del frío, asegura que el movimiento le da calor: “Apenas salgo, ya estoy transpirando. Hay que caminar, moverse”. Su mirada es tranquila, pero sus manos curtidas por los años cuentan una historia de lucha silenciosa.

En otro punto de la ciudad, desde hace cinco años, Natalia Baibe es feriante en la zona del Parque de la Salud. A las seis de la mañana comienza a armar su puesto junto a otros feriantes que, como ella, desafían el viento que llega desde el río.

La ropa nos cubre, pero también se la lleva el viento. Usamos gorros, bufandas, camperas… todo lo que ayude a aguantar”, contó. Vende ropa usada y nueva a precios accesibles, pensada especialmente para quienes llegan al hospital y necesitan lo básico.

Frío extremo: cómo afrontan el día a día quienes trabajan a la intemperie (la historia de Natalia Baibe)

El vínculo entre quienes trabajan en la feria va más allá de lo comercial. “Compartimos el mate, el café, y tratamos de cuidarnos entre todos”, contó Natalia. Todas las mañanas, además, se acercan a un vendedor que ofrece café caliente, infaltable para arrancar la jornada: “Es muy rico y, de paso, lo ayudamos también a él con su trabajo”.

Acá hay mucha solidaridad. Si a alguien necesita algo, los demás corremos a ayudar. Nos cuidamos entre todos”, destacó. Su jornada se extiende hasta las seis de la tarde, con más movimiento a medida que el sol se hace presente y los pacientes salen de sus turnos.

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