A dos años del inicio de la guerra civil en Sudán, el conflicto se ha convertido en una de las crisis humanitarias más graves del mundo. Sin embargo, pese a sus consecuencias devastadoras, sigue siendo ignorado por buena parte de la comunidad internacional y los medios globales. Según cifras recientes de la ONU y organismos humanitarios, más de 150.000 personas han muerto y alrededor de 12 millones fueron desplazadas dentro y fuera del país.
El enfrentamiento comenzó en abril de 2023 entre las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF), lideradas por el general Abdel Fattah al-Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), una poderosa milicia comandada por Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como “Hemedti”. El conflicto estalló tras meses de tensión política y desacuerdos sobre la integración de la RSF al ejército regular, en medio de un frágil proceso de transición democrática que ya venía debilitado desde el golpe de Estado de 2021.

En estos dos años, la violencia se expandió a múltiples regiones del país, incluyendo la capital Jartum, y las provincias de Darfur, Kordofán y Gezira. Las escenas de guerra en zonas urbanas se volvieron cotidianas: bombardeos, ataques indiscriminados y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Según datos recopilados por la prensa internacional, el 70% de los hospitales han sido destruidos o están fuera de servicio, lo que deja a millones de civiles sin acceso a atención médica.
Además del colapso sanitario, Sudán enfrenta una crisis alimentaria sin precedentes. El Programa Mundial de Alimentos advirtió que cerca de 25 millones de personas necesitan asistencia urgente, y más de 10 millones enfrentan inseguridad alimentaria severa. La situación se agrava en los campos de desplazados, donde la falta de agua potable, alimentos, medicamentos y abrigo pone en riesgo la vida de millones de personas, especialmente niños.

La violencia sexual se ha convertido también en una herramienta sistemática de guerra. Diversas organizaciones, incluidas ONU Mujeres y Médicos Sin Fronteras, documentaron múltiples casos de abusos contra mujeres y niñas, especialmente en las zonas controladas por milicias. Según los informes, muchas de las sobrevivientes no reciben atención ni protección efectiva por la falta de infraestructura y la impunidad reinante.
Mientras tanto, la comunidad internacional ha demostrado una respuesta limitada. Las pocas negociaciones de alto el fuego, auspiciadas por la ONU y la Unión Africana, fracasaron repetidamente. Si bien países vecinos como Chad y Egipto reciben miles de refugiados, el impacto regional amenaza con extender la inestabilidad a otras zonas del noreste africano.

En contraste con otros conflictos contemporáneos, como los de Ucrania o Gaza, la cobertura mediática del caso sudanés ha sido escasa. Por eso se habla ya de la “guerra olvidada de África”: un conflicto de una magnitud colosal que se desarrolla lejos de los focos globales, pero con consecuencias humanitarias que rivalizan con las mayores tragedias actuales. Con información de TN.

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