Israel activó una operación secreta con drones, IA y agentes infiltrados que golpeó con precisión el corazón militar y nuclear de Irán. Murieron generales, se destruyeron búnkeres y se desactivaron defensas. El Mossad llevaba años preparando el ataque.
Israel lanzó la semana pasada una de sus operaciones militares e inteligencia más ambiciosas de los últimos años, bajo el nombre en clave “Operación León Ascendente”. El ataque, que combinó espías infiltrados, inteligencia artificial y drones armados ingresados clandestinamente a Irán, tuvo como objetivo desarticular las defensas aéreas, eliminar a altos mandos militares y científicos, y bombardear instalaciones clave del programa nuclear iraní.
Según reconstrucciones basadas en entrevistas con diez oficiales y exfuncionarios de inteligencia y defensa israelíes, muchos de los cuales hablaron bajo condición de anonimato, la ofensiva fue posible gracias a años de planificación secreta liderada por el Mossad. Sima Shine, exdirectora de investigación de esa agencia y actual analista del Institute for National Security Studies, confirmó los aspectos centrales de la operación: “Este ataque es la culminación de años de trabajo del Mossad que ha tenido como objetivo el programa nuclear de Irán”, declaró.
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La ofensiva se inició el viernes, poco antes de que se reanudaran las conversaciones en Omán entre Irán y Estados Unidos sobre el programa nuclear iraní. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, activó el operativo tras una notificación al entonces presidente estadounidense Donald Trump. “Vamos a actuar antes de que sea demasiado tarde”, habría sostenido el mandatario israelí, en línea con su histórica postura de que desactivar el programa nuclear iraní es esencial para la supervivencia de Israel.
Espías y drones ilegales en suelo iraní
La operación se apoyó en drones armados de pequeño tamaño que fueron introducidos en Irán de forma ilegal durante los últimos tres años, según explicaron oficiales de seguridad. Estos artefactos fueron posicionados cerca de bases de misiles y defensas antiaéreas iraníes, y operaron en conjunto con una red de informantes locales e israelíes.
“Colocamos armas en sitios clave con mucha anticipación”, afirmó una fuente que participó en la estrategia operativa. El objetivo era desactivar las defensas aéreas para facilitar el ingreso de aviones de combate israelíes que, durante la madrugada, ejecutaron bombardeos sobre instalaciones nucleares, búnkeres subterráneos y convoyes de misiles.
Una fuente del International Crisis Group, Naysan Rafati, sostuvo que el plan se basó en la evaluación de los ataques de octubre pasado: “Pusieron de relieve la debilidad de las defensas aéreas iraníes”.
Entre los blancos destruidos hubo bases militares y vehículos utilizados para transportar y lanzar misiles. Incluso se reportó la eliminación de parte de la infraestructura móvil que Irán usa para sus lanzamientos tácticos, lo que recordó a una reciente operación ucraniana en Rusia, según Shine.
Inteligencia artificial y listas de objetivos
El operativo no solo se basó en infiltración humana. Israel utilizó modelos de inteligencia artificial desarrollados en Estados Unidos para analizar datos de vigilancia, interceptar comunicaciones y perfilar a los blancos prioritarios. “La IA nos permitió procesar un volumen masivo de información en tiempo récord”, explicó un oficial de inteligencia.
Los datos se clasificaron en categorías: líderes militares, infraestructura nuclear, objetivos civiles con vínculos militares. Según la misma fuente, una de sus tareas fue construir una lista detallada de generales iraníes, que incluía tanto sus puestos como sus rutinas personales.
El resultado fue letal: murieron altos mandos como Hossein Salami, jefe de la Guardia Revolucionaria, y Mohammad Bagheri, jefe del Estado Mayor. También fallecieron al menos ocho miembros de esa fuerza, incluido el responsable del programa de misiles.
Según otro oficial, el Mossad desplegó a su red de espías para identificar a los principales científicos nucleares. Muchos de ellos fueron blanco de ataques en los primeros minutos de la ofensiva.
Un historial de operaciones encubiertas
La ofensiva del viernes no fue un hecho aislado. Israel lleva más de dos décadas ejecutando operaciones clandestinas contra el programa nuclear iraní. Desde el uso del virus Stuxnet en los años 2000 —que saboteó centrifugadoras nucleares— hasta el robo de archivos confidenciales en 2018 y asesinatos selectivos de científicos, el Mossad ha sido clave en frenar el avance nuclear iraní.
“Lo que vimos ahora es la culminación de años de presencia sólida e ininterrumpida en Irán”, afirmó Amir Avivi, general retirado y presidente del Israel Defense and Security Forum. “Esta operación no se improvisó. Es el resultado de una estrategia de largo plazo que combina inteligencia, tecnología y capacidad militar”.
En julio de 2024, Israel ya había mostrado su capacidad de ejecutar misiones de alto riesgo dentro del territorio iraní con el asesinato de Ismail Haniyeh, líder de Hamás, mediante una bomba plantada en una residencia oficial.
La reacción iraní y el futuro del conflicto
La respuesta iraní fue tardía y desorganizada. El general Ahmadreza Radan, jefe de policía, admitió en televisión estatal que “varios vehículos que transportaban minidrones y drones tácticos fueron descubiertos”. También denunció que “traidores intentan provocar la defensa aérea del país”.
Pese a ello, las autoridades de Teherán sostienen que su programa nuclear tiene fines pacíficos. Sin embargo, Irán es el único país sin bomba atómica que ha enriquecido uranio a niveles cercanos al umbral armamentístico. En contrapartida, el líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, ha reiterado su deseo de ver destruido al Estado de Israel, lo que refuerza la percepción de amenaza existencial por parte del gobierno israelí.
El ataque dejó a Irán en una posición debilitada, sin capacidad inmediata de represalia. Para muchos analistas, la “Operación León Ascendente” marca un punto de inflexión no solo en la guerra encubierta entre ambos países, sino también en la forma en que la inteligencia artificial redefine los conflictos modernos.
Fuente: Clarín
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