Jorge y Hugo Ambrachuk, sastres de Posadas, compartieron la rica historia de su oficio, heredado de su padre. Desde los siete años, aprendieron un arte que resiste el paso del tiempo, adaptándose a los cambios del mercado y manteniendo viva la esencia de la sastrería clásica.
A lo largo de los años, se convirtieron en los últimos exponentes de una técnica que resiste el paso del tiempo y que, a pesar de los desafíos, es parte fundamental de su vida.
“Empezamos con papá, porque papá es quien nos enseñó a trabajar eso. Gustara o no te gustara, teníamos que trabajar y así aprendimos”, comentó Jorge sobre sus primeros años en el oficio.
A pesar de las dificultades iniciales. Jorge aseguró que estas fueron pocas, aunque no se libraron de ciertos “disgustos con algunos clientes”, algo normal en cualquier trabajo relacionado con el trato directo.
Aunque el proceso de confección de un saco es meticuloso y demandante, Jorge explicó que, para hacer un saco, se necesita aproximadamente un par de días de trabajo, unas 20 horas en total.
“En el corte, sobre todo, se diferencian las confecciones. La tela tiene mucho que ver en eso. Buscamos la forma de hacer el equilibrio y aprendemos mirando algunas confecciones buenas, cómo están hechas”, detalló.
A pesar de los avances en la tecnología de confección, los Ambrachuk confían en el trabajo manual, ya que ponen atención a cada detalle.
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Sin embargo, el oficio de sastrería ha sufrido cambios drásticos. Jorge señala que la sastrería dejó de ser rentable, especialmente porque el trabajo es muy sacrificado. “Los chicos ya no quieren trabajar tanto, prefieren estudiar otra cosa”, explicó.
Aunque reconocen que el oficio está en decadencia, los hermanos enfatizan la importancia de la vocación. “A todos les tenía que gustar, si no les gusta, que ni empiecen. Si les gusta y tienen pasión por el trabajo, eso es lo que van a hacer”, aseguró Jorge.
En cuanto a su estilo, los Ambrachuk se mantienen firmes en la tradición. “Generalmente estamos en el estilo clásico. Si el cliente pide algo, le vamos agregando”, explicó Jorge.
Este estilo atemporal es el sello de su trabajo, aunque no dudan en adaptarse a las preferencias de los clientes. Hugo, por su parte, definió lo clásico como “lo que se usa siempre, lo que no pasa de moda nunca”.
Desde la apertura de la importación en los años 90, los hermanos vieron cómo la competencia extranjera afectó su negocio. A pesar de los cambios, mantienen una base fiel de clientes.
Además, a lo largo de los años, establecieron relaciones con proveedores de telas de alta calidad, incluidas opciones importadas desde Italia. “Es algo que nos sorprende mucho, ya que siempre hemos trabajado con mucha honestidad y sin ocultar nada de lo que hacemos. Nuestros clientes lo valoran”, observó.
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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024




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