La historia de Majo, la patinadora misionera que tiene síndrome de Down y sueña con ir a París

Desde que tenía 9 años, María José Dalmao supo que quería patinar. Fue tras un festival en el que participaban dos primas cuando, saliendo del evento, le dijo por primera vez a su madre: “Mami, yo patín”. Aunque todavía no hablaba con oraciones completas, repetía su deseo cada vez que podía.

Su madre, Estela, recuerda que al principio no le dio importancia, pero que la insistencia de su hija la llevó a buscar opciones. “Me acerco en una oportunidad y hablo con la directora Karina, que es la profesora de ella ahora”, dijo en el programa de streaming Más Allá de las Barreras, transmitido por Misiones Online, “y le comento: ‘yo tengo una hija que tiene síndrome de Down, pero ella quiere hacer patín’”.

“Me dice: ‘no tengo experiencia, pero no hay problema, traela y vemos’. Y desde el primer día ella fue tratada como una más del montón, con la misma dedicación”, contó.

Una vida intensa

Hoy, con 26 años, Majo no solo patina. Entrena en el Club Alemán y en el CePARD, forma parte de un equipo federado, participa en competencias nacionales e internacionales y tiene una agenda diaria intensa. “Desde las 7 de la mañana ya estamos en movimiento”, explicó su madre. “De lunes a viernes tiene colegio de 14 a 18. Y desde hoy que va a retomar patín, una vez que salimos del colegio, tiene hasta las 21, porque como está en el área de competencia, es un poco más exigente”.

La primera competencia llegó luego de muchas dudas. “Karina me dice: ‘Estelita, mirá que ella ya está en condiciones de competir’. Y yo le digo: ‘No, Karina, es mucho, son muchas las exigencias’”. Pero cuando finalmente le preguntaron a Majo, no lo dudó: “Ella dijo: ‘sí, quiero’”, recordó Estela.

Su debut fue un 5 de mayo en el CePARD. Desde allí, comenzó a competir a nivel provincial y nacional. En 2021 viajó a Salta para su primer torneo nacional, acompañada por su técnica Susi. “Viajamos las tres solas en esa oportunidad. Ella vino con medalla y todo”, recordó Estela.

Ese logro le abrió la puerta a una competencia aún mayor. “En el 2022 pudo ir a San Juan, al sudamericano”, explicó su madre. A pesar de una lesión sufrida durante el viaje, compitió y ganó medallas de plata y bronce.

Estela lo recuerda con emoción. “Ella decía: ‘primero no voy a poder competir’, pero entonces Susi le hizo una videollamada a la coach Pilar Fiorino, y ahí hablaron de los miedos. Pilar le dijo: ‘salís a patinar’, y ella salió a patinar”.

Majo cuenta con un equipo de apoyo que incluye nutricionista, profesores, técnicos y su madre, que la acompaña en cada actividad. Para mantenerse saludable, la patinadora tiene un menú variado. “Sopa, verduras, ravioli con pollo, palta de tomate, huevo, pollo, zanahoria, clara, papa”, enumeró.

Su entrenamiento es completo. Además del patín, realiza gimnasia, natación y realizó cursos en la Universidad Católica de las Misiones. “El primero fue para ser auxiliar de congresos y eventos. El segundo fue de recursos para la independencia laboral”, explicó Estela. “Así como están nuestros temores para cuando iba a comenzar patín, también están nuestros temores de cómo se van a desenvolver en una actividad laboral”.

Nuevos objetivos al ritmo de la música

Majo ya tiene nuevos objetivos. Está ansiosa por retomar las competencias y tiene la vista puesta en octubre, pero también sueña con París. “A París con Tomás”, dijo entre risas, sugiriendo que su deseo es viajar a la capital francesa junto a Tomás, su hermano. “Obvio que el doctor le dijo: ‘me tenés que llevar’”, contó su madre.

“Quiero pasear con Tomás, ahorrar. Quiero ir a patinar también”, se extendió Majo. “A París en patín”. Incluso imagina el viaje vestida como su personaje favorito, una histórica de María Elena Walsh. “Quiero ir con el traje de Manuelita”, confestó.

En sus coreografías, elige músicas que la motivan. Su próxima coreografía, por ejemplo, será al ritmo de Funkytown, el éxito de Lipps Inc.

Un abanico de intereses

Majo tiene muchos intereses. Además de patinar y cantar —siempre con canciones de Gilda—, quiere pintar, hacer fiestas temáticas y trabajar. Cuando le preguntaron en qué, respondió que lo quiere hacer en una empresa de supermercados con presencia local “Cajera. Con la maquinita”, afirmó.

Durante la charla, mostró su carácter alegre, comprometido y con planes concretos. También, su firmeza. Sobre la posibilidad de volver a enamorarse, bromeó diciendo “yo no tengo novio. Les digo que no”.

“Ella sola se va poniendo los límites”, resumió su madre. “Yo digo siempre que lo que heredó fue ser la mayor. Y la mayor ayuda que tuvo fue con sus hermanitos, porque ella se exigía”.

La importancia de incluir

Majo es la única persona con síndrome de Down en su grupo de patín. Para Estela, la experiencia colectiva fue clave. “Desde que estuvieron con esa experiencia, ella decía ‘mis amigos’, e incluía a los chicos de patín. Fue importante”.

Estela también reflexionó sobre los cambios sociales. “Antes se los veía como bichitos raros. Eso fundamentalmente por parte de los mayores. Los chiquitos no, a ellos no les surge verles distinto. Por eso debemos cambiar la manera de pensar para que haya una verdadera inclusión”, dijo.

Sobre los desafíos persistentes, señaló el que para ella es uno de los más urgentes. “Seguimos teniendo muchas trabas, fundamentalmente con las obras sociales. Las leyes están, lo que hay que hacer es ponerlas en práctica”, opinó.

Majo quiere hacer un show como Gilda, sueña con competir, viajar, estudiar y celebrar su cumpleaños como “la princesa Majo”. Y en cada paso está acompañada por una familia que creyó en ella desde el primer día.

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