A una década de la histórica movilización del 3 de junio de 2015, el grito colectivo de Ni una Menos vuelve a resonar en las calles de Argentina con la misma urgencia. Diez años después, la violencia de género no solo persiste, sino que exhibe cifras alarmantes: en lo que va de 2024, se registraron 247 femicidios, lo que equivale a uno cada 36 horas, según datos de organizaciones feministas.
La primera marcha masiva se convocó tras el femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada por su novio en Santa Fe. Su muerte encendió una chispa que se convirtió en movimiento, con repercusión internacional. Ese día, miles de personas se concentraron frente al Congreso de la Nación y en plazas de todo el país. Juan Minujín, Maitena Burundarena y Erica Rivas leyeron un documento que marcó el inicio de una lucha colectiva contra la violencia machista. “Tenemos que decir basta”, decían, al advertir que entre 2008 y 2014 los medios informaron sobre 1.808 femicidios, y que en 2014 se asesinaba a una mujer cada 30 horas.
Hoy, el panorama no muestra mejoras sustanciales. Desde aquella primera convocatoria en 2015, más de 2.500 mujeres fueron asesinadas en contextos de violencia de género. En lo que va de 2025, los datos preliminares no son alentadores: entre enero y marzo, 76 mujeres fueron asesinadas y se registraron 257 intentos de femicidio, lo que significa un promedio de un intento cada ocho horas. En el 86% de los casos consumados, la víctima conocía a su agresor; el 51% eran parejas o exparejas.
Tres casos emblemáticos evidencian cómo el control sobre las decisiones sexuales, reproductivas o afectivas de las mujeres continúa siendo un disparador de violencia letal. En 1996, Carolina Aló fue asesinada de 113 puñaladas por su novio, Fabián Tablado, luego de que ella se negara a quedar embarazada. Años después, en 2016, Julieta González apareció muerta en Mendoza. Su asesino, Andrés Di Césare, fue condenado a perpetua luego de que la justicia reconociera que el crimen fue motivado por el embarazo de la joven.
La historia de Chiara Páez, que dio origen al movimiento, también se inscribe en esa lógica. Su pareja, de 16 años, la golpeó hasta matarla al enterarse de que ella había decidido continuar con su embarazo. La sentencia fue de 15 años, con reducción por ser menor de edad al momento del crimen.
Frente a estos datos, el movimiento Ni una Menos vuelve a las calles, no como una conmemoración, sino como una acción urgente. A diez años del primer grito, la consigna sigue tan vigente como necesaria. La violencia de género no se ha detenido y el reclamo por una justicia con perspectiva de género, políticas de prevención efectivas y asistencia real para las víctimas continúa siendo una deuda pendiente del Estado argentino.
FUENTE: Ámbito.








