Los bomberos voluntarios celebran 141 años de entrega, valor y compromiso con la comunidad

Con motivo de los 141 años del sistema de Bomberos Voluntarios en la Argentina, el Cuartel de nuestra ciudad se convirtió en escenario de memoria y celebración. El Suboficial Mayor Diego García, el Jefe del Cuerpo Activo Kevin Cybulka y el Sargento Jorge Vásquez compartieron parte de esta gran historia nacional y local, que se sostiene en valores como el compromiso, la solidaridad y el trabajo comunitario.

Los festejos coinciden con un recorrido que comenzó en 1884, en el barrio porteño de La Boca, cuando un grupo de vecinos, mayormente inmigrantes italianos, notó la necesidad urgente de crear un cuerpo de bomberos. Las viviendas precarias de chapa y cartón eran especialmente vulnerables al fuego, y la respuesta estatal era insuficiente. Así nació el primer cuartel de Bomberos Voluntarios del país, y a partir de allí, esta forma de organización se extendió por toda la Argentina.

En nuestra ciudad, el espíritu solidario también se encendió con fuerza. Fue el 13 de octubre de 1974 cuando se fundó el primer cuartel local, gracias al impulso de vecinos –muchos descendientes de inmigrantes alemanes e italianos– que entendieron que proteger a la comunidad era una prioridad. El primer jefe fue don Hummel Luis, y el presidente de la Comisión de Equipos, don Juan Schlesinger. En un contexto difícil, donde todo era a pulmón, cada vecino aportaba lo que podía: mano de obra, materiales, tiempo. Así se levantó el edificio, primero en un terreno alquilado, luego en el actual predio donado, que poco a poco se fue equipando con herramientas y vehículos fabricados localmente.

Entre los recuerdos que emocionan está la primera autobomba, creada por el propio Hummel Luis, que además de jefe era metalero. También se conserva, en el museo Farilu, el primer camión carrozado artesanalmente por manos locales. La bomba número uno fue un Citroën adaptado por los propios bomberos, que se remolcaba con un vehículo más grande. Esos inicios dan cuenta del ingenio y el empuje con que se forjó la historia.

Con el paso de los años, se sumaron más personas y se consolidaron nuevas áreas. Una mención especial merece la creación de la primer Escuela de Cadetes, también conocida como la escuela de “bomberitos”. Allí se formaron generaciones de jóvenes –muchos hijos, nietos y sobrinos de los primeros bomberos– que crecieron entre prácticas, valores y enseñanzas transmitidas por los mayores. Esta escuela sigue funcionando como semillero y espacio de contención para chicos de entre 12 y 17 años.

Hoy, la estructura del cuartel se divide entre la Academia Local (que incluye a los cadetes) y el Cuerpo Activo, compuesto por aspirantes, bomberos, oficiales y suboficiales. La administración se sostiene principalmente con ingresos provenientes de la cooperativa de luz, lo que permite cubrir los costos de mantenimiento de vehículos, seguros, uniformes y gastos operativos diarios.

El recorrido no estaría completo sin reconocer a quienes han dejado huella. Jorge Vázquez es uno de ellos: sargento, uno de los más antiguos aún en actividad, y el primer bombero sordo mudo del cuartel, cuya trayectoria de 48 años lo convirtió en un verdadero emblema. Su historia es testimonio vivo de inclusión, vocación y entrega.

Detrás de cada uniforme hay una historia. Detrás de cada sirena, un llamado urgente. Pero también hay décadas de amor por la comunidad, de esfuerzo compartido, de familias que apostaron a construir, desde cero, una institución que hoy es motivo de orgullo colectivo. Este aniversario no solo conmemora el nacimiento de una organización: celebra la vocación de cientos de personas que, sin esperar nada a cambio, decidieron estar siempre listos para ayudar.

 

 

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