En el mes de la fertilidad, recuerdan cuáles son los factores que afectan a hombres y mujeres y los tratamientos disponibles en Misiones

“La mujer nace con una cantidad limitada de óvulos, y a partir de los 35 años esa reserva comienza a disminuir de forma significativa. Ya cerca de los 40, la declinación se vuelve mucho más marcada”. Así, la médica especialista en fertilidad Carolina Goetze explica uno de los principales desafíos de las mujeres que postergan la maternidad por motivos laborales, personales o económicos.

En un contexto en el que la natalidad ha bajado en el país y Misiones no ha sido la excepción, los tratamientos de fertilidad se han vuelto una opción cada vez más común. Goetze, junto con la bioquímica Alejandra Ferreiro Paz, integran el equipo de CREAR Medicina Reproductiva, un centro especializado que ha logrado posicionarse como referente regional en técnicas de fertilización asistida. En diálogo con este medio, ambas profesionales abordan los principales mitos y verdades en torno a la fertilidad y comparten datos clave para quienes desean formar una familia.

“La decisión de postergar la maternidad no es algo nuevo, pero sí se ha intensificado. Hoy muchas mujeres eligen priorizar su carrera, sus viajes o simplemente no encuentran el momento adecuado”, señaló Goetze. “El problema es que, aunque estemos divinas por fuera a los 40, gracias a la estética, nuestros óvulos tienen la edad real que tenemos. Y no sólo eso: fueron afectados desde nuestra vida intrauterina. Es decir, todo lo que vivió nuestra madre en su embarazo –estrés, enfermedades, exposición a tóxicos como tabaco o alcohol– impacta en nuestra reserva ovárica”.

Frente a esa realidad, una de las opciones disponibles es la vitrificación o congelación de óvulos. “Es una herramienta muy valiosa para las mujeres que saben que quieren ser madres, pero no en el corto plazo. Lo ideal es hacerlo entre los 22 y los 25 años, cuando la calidad y cantidad de óvulos es mayor”, afirmó Goetze. Sin embargo, reconocen que en esa franja etaria “la mayoría de las mujeres ni siquiera están pensando en tener hijos”.

Otro de los puntos que genera confusión tiene que ver con las famosas “mujeres celebridades” que son madres a los 45 o incluso más. “Hay una falsa creencia de que eso es posible de forma natural, y no es así. La mayoría lo logra gracias a tratamientos de fertilización asistida, muchas veces con óvulos donados. Es importante decirlo con claridad, porque si no, genera expectativas poco realistas en muchas mujeres”, advierte Goetze.

Respecto a cuándo consultar con un especialista, la recomendación varía según la edad. “Si una pareja está buscando un embarazo sin cuidarse hace más de un año, y la mujer tiene menos de 35 años, es momento de consultar. Pero si la mujer tiene más de 35, no hay que esperar tanto: a los seis meses ya conviene hacer una evaluación médica”, explicaron. “Y si hay antecedentes como endometriosis, cirugías pelvianas o problemas testiculares en el hombre, la consulta debe adelantarse aún más”.

Por otro lado, destacan que la tasa de éxito de los tratamientos ha mejorado notablemente en los últimos años. “En nuestro centro manejamos tasas de embarazo del 40 al 45 por ciento, lo que está dentro del estándar internacional. Eso se debe a que han mejorado las técnicas, los equipos y también la preparación previa de las parejas”, indicó Ferreiro Paz.

Según explican las especialistas, la baja en la natalidad no necesariamente implica que haya más problemas de fertilidad, sino que responde a múltiples factores sociales y culturales. No obstante, los tratamientos aumentaron en número y eficacia. “La fertilidad ya no es un tema tabú, y cada vez más parejas se animan a consultar. Eso también es parte del cambio positivo que estamos viendo”.

Las mujeres que enfrentan dificultades para concebir no están solas. En los últimos años, el acceso a tratamientos de fertilidad creció, se diversificó y se volvió más preciso. Pero además, se extendió a otras configuraciones familiares. “No todas las personas que llegan a CREAR Medicina tienen una patología. También acompañamos a parejas igualitarias o personas que deciden ser madres o padres en solitario, y eso es fundamental para entender la amplitud de los tratamientos disponibles hoy”, señaló la bioquímica Alejandra Ferreiro Paz.

La medicina reproductiva distingue entre procedimientos de baja y alta complejidad, que se aplican según el diagnóstico de cada caso. En los tratamientos de alta complejidad se incluyen técnicas como la Fertilización In Vitro (FIV) y la ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides), ambas orientadas a facilitar la unión del óvulo con el espermatozoide en laboratorio, para luego transferir el embrión al útero. Estos procesos pueden realizarse con gametas propias o donadas, ya sea óvulos o espermatozoides, provenientes de bancos autorizados por el Ministerio de Salud.

“Necesitamos contar con ambos gametos para formar el embrión: óvulo y espermatozoide. A partir de ahí, evaluamos si son de la pareja o si se requiere recurrir a bancos. El laboratorio se adapta a cada situación”, explicó Ferreiro Paz. La diferencia entre los procedimientos radica, entre otras cosas, en el lugar y la tecnología aplicada. “La inseminación artificial se realiza en consultorio. Se capacita la muestra espermática y se introduce en el útero en el momento adecuado del ciclo”, describió. En cambio, en la FIV y la ICSI el proceso es más complejo, ya que se realiza íntegramente en el laboratorio con tecnología de precisión.

La criopreservación de gametas, otra de las prácticas cada vez más habituales, se emplea tanto por razones sociales como médicas. “Hay mujeres que deciden preservar su fertilidad porque saben que no es el momento para ser madres, pero también recibimos personas que van a iniciar tratamientos oncológicos. En ambos casos, se congelan óvulos o espermatozoides para conservar esa posibilidad de cara al futuro”, detalló.

Las profesionales contaron que detrás de cada intento, hay expectativas, miedos, y un proceso largo que no siempre tiene resultados inmediatos. “Lo primero que queremos remarcar es que esto no es una fórmula matemática. No es dos más dos es cuatro. Hay pasos que vamos cumpliendo, uno a uno, en forma de checklist. Muchas veces el primer intento no es exitoso, y por eso es tan importante el acompañamiento integral”, explicaron.

El centro trabaja con un enfoque interdisciplinario que incluye médicos, bioquímicos, psicólogas y nutricionistas. Además de las consultas presenciales, CREAR organiza charlas grupales por Zoom, donde las pacientes que ingresan a un mismo ciclo reciben información detallada sobre el proceso y comparten inquietudes.

“Esa contención es clave. Se forma una red entre las mismas pacientes, que se acompañan entre sí. Se avisan si les sobra o falta una medicación, se preguntan cómo les fue, se celebran los embarazos y también se abrazan cuando no hay resultados. Es un camino emocionalmente desafiante”, comentó Goetze. “Tenemos muchos casos donde un primer intento no funcionó, pero luego, ajustando el tratamiento, se logró. Lo importante es tener toda la información y adaptar el proceso a cada paciente”.

Los resultados exitosos se traducen en familias formadas y niños que hoy regresan al centro con sus padres. “Nos emociona cuando vienen con sus hijos a saludarnos, cuando nos abrazan. Y también sabemos que muchos no lo dicen públicamente, porque prefieren mantenerlo en reserva, y eso también lo respetamos. Para nosotros, cada niño que nace gracias a este proceso es un símbolo de vida”, expresó Ferreiro Paz.

Como parte de esa celebración, el 7 de junio CREAR llevará adelante una jornada simbólica en el marco del Mes de la Fertilidad. “Vamos a plantar árboles, que para nosotros representan vida. Lo hacemos desde hace años y estamos orgullosos de que la actividad haya sido declarada de interés municipal. Muchas de las familias que acompañamos se suman con alegría. Es un día muy especial”.

Por último, recordaron que la fertilidad, además de verse condicionada por la edad, también puede verse afectada por causas médicas, algunas de las cuales todavía no se visibilizan lo suficiente. “Algunos embarazos no llegan a término por cuestiones como el embarazo ectópico, que ocurre cuando el embrión se implanta fuera del útero, muchas veces por alteraciones en las trompas de Falopio”, explicó Goetze. “También hay casos donde las trompas están obstruidas, o donde hay adherencias pélvicas producto de cirugías anteriores, lo que puede impedir la fecundación o dificultar la implantación del embrión”.

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