Parlamento de la Mujer Posadas | “Es histórico que una cocinera comunitaria haya ocupado una banca en el HCD y levantado nuestra voz”

La red de cocineras comunitarias de Posadas alcanzó un hito histórico con la llegada de una de sus integrantes al Concejo Deliberante. Una de las referentes visitó Sala Cinco y destacó su lucha por una remuneración justa y cobertura social tras años de trabajo silencioso en los barrios, donde brindan contención y alimento a cientos de familias. “A mí me mueve el amor al otro. Si tu trabajo te gusta, se nota, y si no te gusta, también se nota en el resultado”, afirmó.

“Nosotros venimos trabajando ya hace dos años con más de 50 cocineras en todos los barrios de la ciudad de Posadas. El año pasado logramos que se declare el 7 de julio el Día de las Cocineras Comunitarias. Ahora ya el 7 de julio es nuestro segundo aniversario como cocineras comunitarias con el Día de la Cocinera Comunitaria”, relató con visible emoción Mirian Morales, referente de las cocineras.

Morales destacó la reciente conquista de un espacio en el Concejo Deliberante como un momento trascendental para visibilizar la labor fundamental y a menudo invisible de estas mujeres que sostienen comedores y brindan apoyo alimentario en sus comunidades. “Logramos muchas cosas, una de estas fue que hoy es un hecho histórico que una cocinera comunitaria ocupe una banca. Realmente con mi compañera en el momento que hacíamos el proyecto nos decíamos: ‘¡Wow! Estamos logrando esto’ y logramos hacer un proyecto”.

Sin embargo, la celebración de este hito no opacó la realidad de las dificultades que enfrentan diariamente. “Tenemos tantas compañeras, tantas compañeras que dedican años de su vida sin un reconocimiento salarial, sin una cobertura social. Si se enferma alguien que te ayude Dios. Si se muere un familiar o se muere alguna cocinera -Dios no permita- no tiene cobertura para los sepelios. Si se lastima, o se le cae algo, no tenemos cobertura”.

Mirian Morales y su compañera en el HCD de Posadas.

A través de ejemplos concretos, mencionó la resiliencia que las caracteriza. “Tenemos a la compañera Amelia por ejemplo del barrio Lapachito, que ella no tiene techo… cuántas veces cocinó con un paraguas… Amelia es una luchadora y así como Amelia le tenemos a Doña Kita que hace más de 30 años que tiene el comedor. Tenemos muchas personas que han dedicado años de su vida. Le tenemos a Cari, también otra gran luchadora”.

Por otro lado, la referente reconoció el rol de los actores políticos que brindaron el espacio para que su voz sea escuchada. “Por ejemplo, con Gionas Borboy, que él fue una de las personas, la primera persona que le planteé esta idea de levantar nuestra voz y a la semana ya tuvimos la reunión con más de 15 compañeras. Con 15 empezamos y hoy somos más de 50. Y en realidad esto, le tenemos que agradecer a la concejal María Eva Jiménez, que nos cedió su banca y con mi compañera le agradecimos hoy, que estuvo todo el tiempo ahí con su equipo técnico brindando asistencia y realmente es un hecho histórico de que una cocinera comunitaria haya ocupado una banca y que haya levantado las voces de más de 50 compañeras”.

“Detrás de ese plato de comida hay un trabajo”

Al ser consultada sobre las prioridades que llevaron a la red a impulsar la candidatura de una de sus integrantes en el Parlamento de la Mujer del Concejo Deliberante, explicó la coincidencia en las necesidades fundamentales: “Armamos tres opciones y todas fuimos por el mismo porque todas estamos en la misma situación. Todas dedicamos horas de nuestras vidas al trabajo, entre 6, 7, 8 horas, porque además no es solamente servir un plato de comida, detrás de ese plato de comida hay un trabajo, hay una logística que no se ve, que es ir a buscar, que a veces vas y no hay, tenés que volver, tenés que pagar el combustible, el auto, la moto, el Uber, hay toda una logística detrás de eso”.

“Pero también si hay una persona que está por tener familia, nosotros decimos lugar de contención, porque si yo digo comedor, se imaginan que solo van a comer”, completó.

De esta manera, la demanda central radica en obtener una remuneración justa por su labor, considerando que la ayuda social que algunas reciben se encuentra desactualizada. “Coincidimos en que, por ejemplo, todas, o sea, no todas, algunas percibimos una ayuda social, pero esa ayuda social está congelada hace casi dos años. Hoy te comprás dos cargas de gas y se te fue tu ayuda social. Entonces, coincidíamos en que todas necesitamos una remuneración por el trabajo que hacemos e hicimos una votación y coincidimos”.

El comedor universitario de la UNAM en Posadas reabrió y empezó a recibir estudiantes diariamente

El pedido se sostiene en la dedicación de las cocineras, la cual trasciende los horarios convencionales: “Nosotros 24-7, suena tu teléfono a las 3 de la mañana, necesita algo, salís volando, es así. ‘Señora tiene un ibuprofeno, mi hijo está volando de fiebre’. O ‘se quemó una casa’, o ‘hay un abuelito solo y necesita algo’. Siempre estamos ahí gestionando, siempre estamos asistiendo”.

“A mí lo que me mueve es el amor al prójimo”

Al revelar su motivación personal y la de la red, cuyo logo está conformado por una olla y un corazón, Morales expresó con profunda convicción: “Yo lo hago por amor. Realmente lo que a mí me mueve es el amor. El amor al otro, el amor al prójimo, el amor, yo digo a ‘mis chicos’, que hoy ya están grandes, algunos ya me pasaron. El otro día cumplió 15 años una nena y vino a sacarse conmigo una foto y yo digo: ‘Pará de crecer’. Está de dos metros ya. Yo amo cocinar y el ingrediente principal es el amor. Si falta el amor en la olla, falta todo. Si tu trabajo te gusta, se nota y si no te gusta, también se nota en el resultado”.

Las historias de los niños que crecieron asistiendo a los comedores son un testimonio del impacto a largo plazo de su labor: “Por ejemplo, yo tengo a un niño que perdió a su mamá y cuando lo encuentro por ahí él me abraza tan fuerte. Y ese abrazo de mamá, viene corriendo y me abraza. Eso ya te paga todo. El otro día iba caminando por la costanera y escuché, ¡Miriam! ¡Miriam! Miro y dijo un nene ‘estaba re rica la leche hoy’. Y el otro día viene un nene y me abraza fuerte. ‘¿Qué pasó, papi?’, le dije. ‘Mi mamá está enferma’, me dice. Y yo le digo: ‘Bueno, vamos a pedirle a Dios que le sane a tu mamá y cuando vos necesitás algo, vení’. ‘Bueno, gracias’, me dijo y se fue”, contó entre lágrimas.

Así como Mirian, muchas de sus compañeras “tienen casos fuertes en sus comedores. Entonces, ¿cómo yo puedo soltar la toalla? Si girás tu cabeza y tenes tanta responsabilidad”.

La capacidad de autogestión y la solidaridad de empresas, emprendemientos y vecinos particulares son pilares fundamentales de la red. “Nosotros trabajamos con una fábrica de pasta del 2020. La pandemia hizo eso, que nos conozcamos también con gente que hasta el día de hoy colaboran con nosotros. Tenemos tres ángeles que desde el 2020 están con nosotros. Hoy también llegó otro y así hicimos redes, hicimos puente con ellos”.

Otro de los entes que colaboran es el mercado central, por lo que se aprovechan todas las frutas y verduras traídas para su uso en comidas o reparto a familias, labor que se lleva a cabo desde el año pasado y ahora a través del Departamento de Acción Comunitaria. Adicionalmente, las cocineras elaboran berenjena al escabeche, morrones confitados y mermelada de ciruela en colaboración con la Red Alimendar.

Esto permite la disposición de frutas para la preparación de productos como mermeladas, destinadas a compartir con los beneficiados. En los comedores, se observó cómo los niños aprendieron a consumir verduras. De esta manera, las frutas y verduras que serían descartadas encuentran una nueva utilidad.

Finalmente, Mirian Morales reafirmó el rol de las cocineras comunitarias en el tejido social: “Como decimos, somos personas en un trabajo silencioso, pero que aportamos mucho al Estado, aportamos mucho a la sociedad”.

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