José “Chucho” Acasuso, uno de los grandes tenistas que dio la provincia de Misiones, repasó en una extensa entrevista en el programa Fórmula Tuerca de Misiones Online sus inicios deportivos, el rol clave de su familia, su paso por el básquet, y las decisiones que lo llevaron a construir una carrera profesional en el tenis.
El extenista recordó con afecto sus primeros contactos con el deporte en la quinta familiar: “El recuerdo que tengo es de una familia muy deportista. Mi abuelo tenía una casa quinta, el Porá, que tenía pileta y una cancha de tenis de asfalto. Toda la familia se reunía ahí los domingos. Yo tenía tres o cuatro años, y nadie quería jugar conmigo porque era el más chico. Fue mi papá el primero que empezó a jugarme, él se compró un canasto de tenis y me enseñó”. Luego, a los seis años, comenzó a tomar clases con Sambo, su primer profesor.
Aunque es zurdo de nacimiento, Acasuso explicó que juega al tenis con la derecha: “No recuerdo el momento en que se decidió, pero seguramente por el peso de la raqueta terminé usando las dos manos. Mi profe y mi papá me enseñaron con la derecha. Hoy me considero ambidiestro: escribo y juego al fútbol con la izquierda, pero muchas cosas las hago con la derecha”.
Además del tenis, tuvo una etapa importante en el básquet, llegando a ser preseleccionado misionero: “Jugué hasta los 16 años, cuando me fui a vivir a Buenos Aires. Me gustaba mucho. A la tarde entrenaba tenis, y a la noche jugaba básquet. Pasé por los seleccionados, pero llegó un momento en que tuve que decidir y elegí el tenis”.
También rememoró sus primeros pasos competitivos en el fútbol, aunque breves: “Jugué un poco en Guaraní, pero era muy difícil coordinar todas las actividades. Cuando había que viajar, me perdía partidos y no tenía sentido competir si después no podía cumplir”.
Con los recuerdos aún frescos, evocó los viajes junto a su familia, especialmente su madre y su padre, quienes lo acompañaban a los nacionales, y el momento clave en que se instaló en Buenos Aires: “Fue en 1999. En un principio viajé a Mónaco con mi mamá, pero era muy duro quedarse allá. Volví y me fui a Buenos Aires, a la academia del Toto Cerúndolo, que fue como un padre para mí. Me ayudó muchísimo en esa etapa”.
Sobre sus primeros torneos como profesional, señaló: “Yo tenía edad de junior, pero empecé a jugar profesional por una cuestión económica. Fui a los primeros tres torneos en Córdoba y me fue bien. Empecé a ganar mis primeros puntos y algo de plata para mantenerme”.
“El primer torneo que gané fue un satélite, que en esa época se jugaba durante un mes. La segunda semana fue en el club Sitas, y ahí salí campeón. Esa victoria fue un gran impulso para mi carrera”, agregó el extenista.
“Fue en el Racket Club que gané y ahí ya había ganado el satélite y jugué el másters también. Fue un torneo muy duro, con rivales como Moretti y Marcos Daniel”, repasó. En ese momento clave de su desarrollo, su entrenador lo motivó: “Él me dijo que yo estaba en condiciones de ganar una etapa. Trabajamos el tema tenis, el tema mental y todos los aspectos”. Así, se clasificó al másters y se fijó una nueva meta: ganar el circuito. “Ya estaba clasificado, y la responsabilidad cambió, porque todos te miran, sos el que tiene que ganar el torneo”, reconoció.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando llegó a la final del ATP de Buenos Aires en 2001, tras superar la clasificación. “Le gané a Calleri en cuartos, a Gaudio en semifinales, y después vino Guga (el brasileño Gustavo Kuerten), el número uno del mundo”, recordó. “Me fui con un sabor medio amargo porque no pude jugar al nivel que había tenido en toda la semana”. Tras esa final, la emoción lo desbordó: “Era mi primer final, fue una semana muy linda. Se lo quiero agradecer a todos los sponsors, a Martín, a Cristian y fundamentalmente a todos ustedes. Sin ustedes este torneo no hubiera sido posible”.
En aquella semana mágica, la tribuna del Buenos Aires Lawn Tennis se rindió ante él. “Había muchos chicos que entrenaban conmigo, entonces había una hinchada importante. Y bueno, la gente apoya al local, y más si es chico. Tenía 18 años, la gente se pone del lado del más débil”, señaló. Esa conexión con el público porteño sería una constante en su carrera: “Siempre me gustó jugar ahí, siempre rendí bien. Había una conexión especial con el torneo y con la cancha”.
Su explosión en el circuito llegó rápido: “En el 2001 ganó Bermuda, mi primer challenger, y entro al top 100. Fue un crecimiento rápido. Empecé profesionalmente en el 99 y ya en 2002 estaba entre los 50 mejores del mundo”.
Entre los recuerdos imborrables está su participación en el campeonato mundial por equipos en Düsseldorf, donde entró de imprevisto por la lesión de Juan Ignacio Chela. “Estaba en mi casa, salía del baño, había llegado mi familia de Misiones y suena el teléfono. Era mi entrenador desde Alemania: ‘¿Querés venir a jugar?’”, relató. Sin dudar, hizo el bolso y voló. “Era una oportunidad única. Y por suerte salieron las cosas como uno soñaba. Le dimos un título a Argentina”, dijo sobre aquella copa obtenida junto a Guillermo Cañas, Gastón Etlis y Lucas Arnold. “Son decisiones que tomás en un segundo, y con el diario del lunes, fue una buena decisión”.
Ese torneo sería antesala de un logro aún más personal: su primer título ATP en Sopot, Polonia. “Viajé solo con mi hermano porque mi entrenador se fue con Fernando González. Ganar un ATP es una barrera, una de las metas que uno se pone. Primero estar entre los 100, después ganar un torneo, y se fue dando todo muy rápido”, explicó. En esa semana venció a Carlos Moyá en semifinales y a Squillari en la final, en una entrega de premios muy especial: “Guillermo Vilas me entregó el trofeo. Él es lo máximo para nosotros, fue muy importante”.

Esa carrera vertiginosa, con títulos, emociones y experiencias únicas, fue también un proceso de maduración personal y deportiva. “El tenis no te da tiempo de disfrutar. Terminé esa final y ya al día siguiente viajaba a San Marino. Pero también si te va mal, tenés revancha la semana siguiente. Cada deporte tiene lo suyo, pero el tenis es muy exigente en lo mental”, expuso Acasuso.
Por otro lado, el extenista misionero se refirió a uno de los recuerdos más fuertes de su carrera que fue la derrota frente a España en la final de la Copa Davis en Mar del Plata. “Fue una derrota muy dolorosa para Argentina porque era la mejor posibilidad que se presentaba antes de Zagreb 2016”, aseguró Acasuso. “Nosotros éramos favoritos, más aún cuando Nadal se baja. Teníamos a Del Potro y a Nalbandian que eran top ten en ese momento y era una posibilidad muy concreta de ganar”.

Sobre las decisiones estratégicas en torno a la sede y la superficie, fue crítico: “Siempre para mí el error fue que la superficie estaba un poco rápida y eso favorecía a los españoles. Por parte del cuerpo técnico y algunos compañeros decían que no, pero el tiempo y el resultado me terminaron dando la razón”.
También habló de su despedida del tenis profesional. Su último torneo fue Roland Garros en 2011, aunque decidió anunciar su retiro medio año después. “No quise anunciar mi retiro ahí porque había casos de otros jugadores que lo hicieron y después intentaron volver. Yo no quería que me pase eso”, explicó. Finalmente lo hizo en el torneo de Buenos Aires, el que consideró su “templo”. “Me pareció que era el momento indicado para hacerlo”, afirmó.
A lo largo de la entrevista, Acasuso también reflexionó sobre los mejores tenistas de la historia: “Por títulos y resultados, los tres mejores son Djokovic, Nadal y Federer. El que más me gusta es Federer, pero creo que el mejor es Djokovic. En un deporte individual como el tenis, los títulos prevalecen”.
Al recordar su paso por el circuito, destacó el vínculo con sus entrenadores. “Todos me dejaron algo. Lusa, que me acompañó en el último tramo, me hubiese gustado tenerlo cuando era más joven porque me parecía un excelente entrenador”. Sobre su experiencia como coach, se refirió a su etapa con Guido Pella: “Fue una buena experiencia. En 2019, Guido tuvo el mejor año de su carrera, ganó un título ATP y llegó a ser 20 del mundo. Lo disfruté y lo pasé bien”.
Con el paso del tiempo, Acasuso reconoce que no vive anclado en el pasado. “El haber sido jugador de tenis fue otra vida. No estoy tan pendiente de lo que fue mi carrera. Las pocas cosas que guardo en casa se las debo a mi mujer, que me insiste en que los chicos tienen que saber quién fue su padre”, concluyó.
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