El periodista compartió su desgarradora experiencia con la ludopatía ante jóvenes y adultos, revelando cómo la negación, la pérdida de bienes y el aislamiento marcaron su camino hasta tocar fondo. Su testimonio busca alertar sobre los peligros del juego compulsivo y la importancia de la ayuda profesional y familiar.
En una jornada de profunda reflexión y concientización sobre la ludopatía, el periodista Nicolás Cayetano conmovió al público misionero con su crudo testimonio. Durante el encuentro «Hablemos de Ludopatía», organizado en Posadas y Oberá, Cayetano narró cómo la adicción al juego lo llevó a perderlo todo, desde su hogar hasta valiosos vínculos personales.
«Uno tarda mucho en darse cuenta que es un problema porque lo niega. Yo me di cuenta cuando el sueldo me duraba un día o les pedía plata a mis amigos y les debía todo el tiempo. Perdí mi casa y el auto», confesó el periodista ante una audiencia atenta y conmovida por la honestidad de su relato.
Cayetano, autor del libro biográfico “No va más”, remarcó que su intención al compartir su historia no es la de un profesional de la salud, sino la de alguien que vivió en carne propia el infierno de la ludopatía. «No puedo salvar a nadie, puedo contar mi historia y si eso sirve para que los chicos se repiensen, es espectacular. Pero hay profesionales que se dedican a eso y son quienes me ayudaron», aclaró.

El periodista hizo hincapié en la falta de información y advertencia en sus inicios con el juego. «Cuando empecé, no había información, nadie me advirtió, nadie me contó y terminé como terminé. Una de las razones por las que hago estas charlas es para tratar de anticiparme al problema con los chicos, que por lo menos tengan a alguien que les diga la peligrosidad de esto. Creo que, si te lo advierten, te hablan, te muestran la peligrosidad, no reaccionas de manera inmediata, pero en algún lugar de la cabeza te queda dando vueltas».
Cayetano elogió la política de Estado de «Juego Responsable» en Misiones, considerándola «buenísima, esencial» y deseando que se replique en otras provincias. Advirtió sobre el creciente problema de la ludopatía en jóvenes y adolescentes, abogando por medidas estatales para restringir el acceso fácil a las apuestas. «Estamos viendo el inicio del problema de la ludopatía en los chicos, adolescentes y, ojalá me equivoque, pero esto va a ir creciendo y una de las pocas maneras de cortarlo es desde los organismos del estado provincial, nacionales, desde la política. Prohibir ciertas cosas para que no tengan un acceso tan sencillo».
«En esa carrera del juego, tenes alertas y te vas dando cuenta que estás haciendo macanas, que te estas metiendo en lugares, pero había momentos que no quería dejar de jugar. No concebía mi vida sin apostar, hasta que se volvió un infierno, se volvió caótica, perdí todo y más. Entonces tuve que blanquear con mi familia y cuando uno lo cuenta, y cuando tiene alrededor familiares, amigos, gente que te quiere y te puede ayudar, cambia, porque hay una red de contención, que no te deja solo y te impide seguir haciendo las cosas que hacías».

Con crudeza, describió la espiral de mentiras y deudas en la que se sumergió. «Me pasó de cobrar y perder la plata el mismo día, que papá me mandara a pagar algo y usara esa plata para ir al casino. Uno se convierte en un mentiroso permanente, de pedir plata prestada a un amigo, a otro, a un familiar, no devolverla, y mentir. Te vas convirtiendo en una persona que no está bueno. Te convertís en una persona –hoy lo veo- que no queres ser. Es una enfermedad, no se si no es la más peligrosa, en el sentido que es silenciosa, lo que hace que nadie te pueda ayudar».
El click en su lucha contra la ludopatía
El momento más doloroso de su relato fue la pérdida del departamento que le había regalado su abuela, sobreviviente del Holocausto. «Vengo de una familia sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz que vino a Argentina, se estableció en Buenos Aires, sin nada, hizo algo de dinero y sobre el final de su vida mi abuela me regaló un departamento, al que me fui a vivir, y lo perdí apostando. Fui a vivir a casa de un amigo y la situación hizo que ya no pueda ocultarlo más, me vi obligado a contar a mi familia. Ese punto en el que caí, lo más bajo, fue lo que hizo que empezara mi recuperación. Concurrí a jugadores anónimos, a una psicóloga especialista en adicciones, a una psiquiatra, y mi familia empezó a controlarme, sobre todo mis hermanas mujeres. Que estuvieran encima fue crucial para que me recuperara. Es muy difícil salir de una adicción. Lo logré, pero no lo hubiese logrado sin mi familia y sin los profesionales. Me perdí de crecer en mi profesión, de ganar más dinero, vivencias, relaciones, tiempo, salud. Hay que tener en claro que no es por acá».
A pesar de su pasado, Cayetano reconoce su inclinación por las apuestas, pero ha aprendido a controlarse. «Si bien me gusta apostar, no lo hago más porque sé que me daña, me hace mal, me arruina la vida. Muchas veces tengo ganas, pero desarrollé la capacidad de controlarme. Antes lo hacía de manera impulsiva ahora me freno, pienso un poco».
Mostró su preocupación por la influencia de figuras deportivas que promocionan el juego. «Me apenan. A algunos los conozco, me da tristeza porque tienen cierto desconocimiento de la peligrosidad y de lo que pueden generar en los chicos. Observarlos, invitando a apostar por un dinero que no necesitan, no me gusta. Me gustaría decírselo y contarle el daño que están haciendo. El gran desafío de esta época es el celular, la ludopatía es una de las problemáticas, de las más graves. Pero quedarse con el celular, horas y horas, aún sin apostar, también es un problema».
Recordó con angustia el día en que entregó la llave de su departamento perdido. «Aseguró que cuando entregó la llave fue el peor momento de mi vida, sentí mucha angustia, tristeza. Cuando me siento un poco débil, voy a esos lugares en mi cabeza para recordar que no tengo que volver a apostar ni una sola vez más. A veces paso por el edificio y le hablo a mi abuela mirando el cielo y digo que volveré a comprar el departamento y le llevaré una copia de la llave para estar en paz».
Cayetano enfatizó el impacto de la adicción no solo en el individuo, sino en todo su entorno familiar. «Uno no solo arruina su vida, sino la de su contexto. Hicimos terapia familiar y cuando iba a jugadores anónimos, mamá iba conmigo. Tomábamos un café en la esquina, y yo me iba al primer piso de la iglesia San Cayetano y ella se iba al cuarto, dónde iban los familiares de los jugadores. Ella hizo terapia a la par mía. Es un tema que atravesó a la familia. Vi llorar a papá, a mamá, a mis hermanas, parejas que me dejaron una vez que se enteraron. Hay mucho sufrimiento de uno y de los que están alrededor. Es muy duro. Tengo una familia hermosa y muy presente. Si sos amigo y queres que se cure, comunícalo a los padres, aunque se enoje, después te lo va a agradecer. Cuando uno está enfermo y se quiere recuperar, hay que contarlo. Es durísimo pero imprescindible. Ese es el primer paso para poder salir».

Con una mirada retrospectiva, reflexionó sobre las pérdidas que le ocasionó la ludopatía. «Con el paso del tiempo se dio cuenta que dejé de hacer cosas que me hacían feliz solo para seguir apostando. La ludopatía te toma la cabeza, los pensamientos. Cuando jugaba sentía una adrenalina que me costaba encontrar en otros lugares de la vida, pero cuando me recuperé tuve que aprender a encontrar esa adrenalina en esas situaciones de la vida, como una persona normal. Ahora me siento muchísimo mejor, una persona más sana, más sincera, más transparente, más verdadera. Ojalá no hubiera pasado por lo que pasé».
Al cierre de la jornada, el Vicegobernador de Misiones, Lucas Romero Spinelli, subrayó la relevancia del tema para la juventud misionera, destacando la información recabada durante las visitas con el aula móvil gamer. «Es un tema muy importante para la juventud misionera. Durante la visita a los municipios con el aula móvil gamer, fuimos detectando que es de suma actualidad, pero que el problema se presenta cuando no se encuentra la confianza para contarlo, queda entre compañeros, no llega a los padres, a los docentes, a quien te pueda dar una mano».

Finalmente, resaltó la importancia de compartir experiencias como la de Cayetano para fomentar la búsqueda de ayuda. «Los chicos puedan escuchar esta experiencia es muy útil. Son temas que hay que enseñar que no es nada malo contarlo y pedir ayuda».
La iniciativa contó con la organización conjunta de la Defensoría del Pueblo de Posadas, el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Provincia, el Consejo General de Educación, el Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones, la Secretaría de Estado de Prevención de Adicciones y Control de Drogas, el Parque del Conocimiento y el Instituto Provincial de Lotería y Casinos (IPLyC).
Si conocés a alguien que necesite ayuda Misiones Te Escucha: 3764-172783. En Posadas podés acercarte al Centro Provincial de Prevención y Asistencia Integral para el Control de las Adicciones, avenida Quaranta 7350.
Realizaron un capacitación sobre “Herramientas para el fortalecimiento del Sistema de Protección Integral de los Niños, Niñas y Adolescentes” en Campo Ramónhttps://t.co/W3nWECZqJ5
— misionesonline.net (@misionesonline) April 24, 2025
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