Carlos Staciuk, junto a su hijo Luis, fueron distinguido por “Trayectoria e Innovación” en el marco del 25° Aniversario de Misiones Online celebrado este jueves en Teatro de Prosa del Parque del Conocimiento. El reconocimiento a la historia de un comerciante que forjó su empresa hace 55 años.
En el marco del 25° aniversario de Misiones Online, celebrado este jueves en el Teatro de Prosa del Parque del Conocimiento, celebró con reconocimiento a empreas familiares que innovaron y permanecieron en el tiempo: Carlos Staciuk y su hijo Luis fueron distinguidos con el premio a la “Trayectoria e Innovación”.
El reconocimiento celebra la historia de un comerciante que, con esfuerzo, visión y principios firmes, fundó hace 55 años una empresa familiar dedicada a la venta de muebles de oficina, en una esquina posadeña que forma parte del paisaje comercial.
A sus 89 años, Don Carlos subió al escenario con alegría y emoción, acompañado por su esposa, sus hijos Susana y Luis, y por sus nietos, quienes ya forman parte activa en la conducción del negocio familiar.
Con una energía intacta y un espíritu emprendedor que no se apaga, recibió con orgullo el reconocimiento de manos del director de Misiones Online, Marcelo Almada.
Carlos Staciuk representa el ejemplo vivo del emprendedor misionero: aquel que con trabajo constante, capacidad de superación y valores sólidos, logró construir no solo una empresa, sino también un legado que trasciende generaciones.

Una trayectoria de 55 años
Nacido en Villa Bonita – Campo Ramón, el 2 de enero de 1936, vivió una infancia en plena naturaleza, lejos de la escuela. Fue su primera maestra, Julia Krause, quien lo rescató del anonimato rural y lo llevó a Apóstoles, donde comenzó su educación formal.
Desde joven trabajó incansablemente: fue cadete, empleado judicial, vendedor ambulante, y nunca dejó de estudiar. Su incursión en el mundo comercial se dio casi por azar, cuando un joyero le ofreció convertirse en vendedor. Ese primer paso lo llevó, años después, a independizarse con la ayuda de su padre y comenzar un camino propio en el rubro comercial.
En 1969, junto a su amigo Vicente Lojko, fundó una sociedad dedicada a la venta de muebles de oficina. En tiempos difíciles, con el país bajo régimen militar, comenzaron en un pequeño local, hasta que logró cumplir uno de sus sueños: adquirir la tradicional esquina de Entre Ríos y San Luis, donde hoy funciona su reconocida mueblería.

Costa, dueño de la esquina, tenía un negocio de heladeras y fábrica de cámaras de frío. “Me ofreció vender el negocio, y pude adquirirlo. En cuatro años, durante el gobierno de Alfonsín, con mucha inflación, pude construir el local comercial”, relató el empresario.
Carlos sostiene que su crecimiento en el tiempo se debió a la honestidad, el esfuerzo, el buen trato a los clientes y una visión estratégica: invirtió todo en stock, mientras otros apostaban a plazos fijos. Esa decisión lo fortaleció y afianzó su lugar en el mercado.
Para Don Carlos, ser comerciante no es solo vender; es tener conducta, moral y valores. Su apellido se volvió sinónimo de muebles y de confianza, y así quiere que lo recuerden.
Su hijo, Luis Carlos, licenciado en administración de empresas, lo acompaña en la conducción de la firma, con la misma pasión hace ya 40 años. Hoy también se incorporo Su nieto, Milko con 25 años, quien está proponiendo las innovaciones propias de estos nuevos tiempos.

Tener éxito es sostenerse en tiempo con la elección de sus clientes. “Hay muchos factores que influyen, pero la buena atención y el asesoramiento al cliente son fundamentales. Además, reponer rápidamente la mercadería vendida y hacerse de un buen stock es clave”.
Mirando a futuro, si bien le parece difícil poder dar un consejo a los jóvenes emprendedores de hoy, ya que se enfrentan a tiempos tan difíciles debido a los vaivenes económicos, su mensaje fue: “Les sugiero a los jóvenes que aprovechen los que tienen la posibilidad de estudiar, formarse, obtener un título universitario como base sólida y, desde allí, evaluar emprender un negocio comercial o profesión”, concluyó.









