Vieron un capullo en Sri Lanka, pensaron en la tierra roja y años después crearon un emprendimiento de seda en Misiones

Carolina Butvilofsky creó Sedami, un emprendimiento de producción de seda en 9 de Julio. La idea nació en un viaje y se concretó años después. Participó del programa Made in Misiones, en el cual compartió su experiencia y su visión de un futuro donde más mujeres producen, generan ingresos y hacen todo en su casa, en un espacio propio y a pequeña escala.

“La verdad que es un honor contar cómo generamos este milagro de criar un gusano de seda, porque ese es el verdadero milagro, criarlo al bichito que llega hasta el final, que no se enferme y que nos otorgue su bien más preciado que es el capullo. Y a partir del capullo recién vienen los subproductos”, sostuvo Carolina Butvilofsky.

En su memoria, todo se remonta a un viaje de hace más de 25 años: “Yo soy licenciada en turismo y somos dueños de una empresa de turismo. En esa época trabajaba en Alemania, en Carlson Wagonlit Travel, una multinacional de turismo muy grande. Viajábamos por el mundo y aprovechábamos para conocer el mundo. Habíamos ido a las Islas Maldivas y no estaba en nuestros planes parar en Sri Lanka. El ticket aéreo incluía un stopover. Ya que era gratis, paramos y conocimos Sri Lanka. Entre toda la folletería que cae en nuestra mano, cae la posibilidad de visitar un ‘Silk Cocoons Farm’. Yo entendía todo menos la palabra cocoon. Nunca la había leído en inglés. Significa capullo. Fuimos a visitar ese lugar y nos impactó tanto porque era como llegar a una chacra de Misiones. La tierra roja, la mora plantada, la familia trabajando, los gusanos. Dijimos, qué lindo para hacer esto en casa algún día. Casa para nosotros es Misiones. Nosotros tenemos raíces alemanas, pero corazón misionero”, recordó.

Años más tarde, durante un viaje a Paraguay, se produjo un retorno de la idea. “La esposa de un amigo estudiaba diseño de modas y me contó que Paraguay producía seda. Las bolitas blancas, me dijo. Me impactó de nuevo. Entré a internet y cuando puse producción de seda en Argentina, el material que encontré fue impresionante. Me encontré con que a 600 kilómetros tenemos el Valle de la Seda en Brasil. Brasil es el sexto productor mundial. Y Paraguay había producido mucho, pero se terminó por el uso de agrotóxicos. Nosotros vimos una oportunidad, pero también algo social. Si lo veo solo como empresa, no puedo competir con China o India. Pero lo vemos como un desarrollo social. Una mujer con media hectárea puede tener 600 plantas de mora y producir un teladeno que le da entre 10 y 14 kilos de capullos. Puede criar en su casa, vendernos el capullo o hacer hilo, abrir su tienda virtual. Cada uno decide”, explicó en Misiones Online.

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Sobre el proceso técnico, Butvilofsky se explayó: “Un capullo te va a dar aproximadamente 1.500 metros de hilo. El capullo tiene un solo hilo. El proceso de cría en total son 45 días. Se saca la bandeja con los huevos congelados de la heladera, se lleva a una incubadora especial, se hace un tratamiento químico, y ahí están incubando de 6 a 10 días. Ahí nacen los gusanos, que son así chiquititos. Los tenemos que alimentar durante 20 a 24 días”.

“Nosotros trabajamos solo con Bombyx mori. Hay más de 340 variedades en el mundo. Fueron domesticados hace miles de años por los chinos. En la naturaleza se mueren. En Argentina hay un laboratorio en la UBA, Sedami, y el CIE en Posadas. Pero ellos trabajan más para investigación. Nosotros hacemos investigación y comercialización”, precisó.

“Venís vos mañana y me decís: Quiero criar 2.000 gusanos. Nosotros te separamos porque va por peso. Sabemos que un telaino pesa 13 gramos. Te vendo un sobrecito y hacés todo el proceso. En la incubadora tenés garantía de que van a nacer. Cuando lo hacés en tu casa, puede fallar. A mí no me nació ni uno la primera vez. Fue muy frustrante”, relató.

“El gusano come de 20 a 24 días, pasa por cinco edades. En cada una duerme 24 horas para mudar la piel. Se va volviendo más blanco y más lindo. Su piel es de seda. Son blancos, fríos, no pican ni arden. Cuando llegan a la quinta edad, purgan. Largan todo y quedan chiquititos, transparentes. Ahí empiezan a encapullar. Tenemos los ‘gusanos guías’, los primeros que encapullan en los costados. Cuando los vemos, bajamos el sistema de bosques para que todos suban y empiecen a tejer”, detalló.

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“El capullo es transparente al principio. Ellos tejen como en forma de ocho. Al tercer día ya no los ves más. El capullo es todo blanco. Al día 7 u 8 entran en estado de muerte vegetativa. Ahí cosechamos. Si va a ir a hilo, va al freezer. Si va a bijouterie, va al horno. Hacemos el máximo respeto a la vida animal. Pero fueron domesticados para esto. Como la vaca”, comparó.

“Hacer hilo es lo más sencillo del proceso. Lo más difícil es criar al gusano y llegar al capullo”, resumió Butvilofsky.

Por otro lado, informó:“Nosotros los engordamos hasta la segunda edad y se los entregamos a los productores en la tercera. Así ya son fuertes. El productor los tiene 20 días. Luego cosecha y nos trae los capullos. Les pagamos por kilo. Hoy estamos pagando 30 dólares”.

Carolina Butvilofsky en los estudios de Misiones Online

Asimismo, sostuvo que “el capullo se puede usar para hilo de devanado continuo o para seda schappe. La schappe se hace con los capullos fallidos, sucios, abollados. Se cocina todo junto y sale un algodón, una nube. De ahí podés hacer fieltro o un hilo más grueso e irregular en rueca. No es más económico porque lleva muchas horas de trabajo”, aclaró

Por otro lado, narró:“Con la seda peinada hicimos prototipos: individuales, crochet, dos agujas. Yo no sé tejer ni pegar un botón. Tengo la visión, pero no el oficio. Nuestra maestra hilandera trabaja con eso”.

“Los desechos de la cama de cría se compostan durante seis meses y vuelven a la plantación. La caca del gusano se vende a 40 dólares el kilo para orquideófilos. Tiene sericina, la proteína del gusano. Es fabulosa”, señaló.

“Con la sericina hacemos una línea de cosmética de seda. Las mujeres asiáticas usan esa agua para la piel y el cabello. La sericina le molesta a la segunda epidermis, entonces sale el colágeno para afuera. Rellena las mini arrugas”, describió .

“Nuestra generación no va a lograr todo lo que se puede lograr con la seda. Pero sentamos las bases para un nuevo estilo productivo en Misiones, con mirada femenina. Si una mujer tiene media hectárea, puede criar, hilar, vendernos y tener caja en dólares. Y estar en su casa, cuidar a sus hijos, ver si hicieron la tarea. Para mí, eso es revolucionario”, lanzó como mensaje final.

 

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