En tiempos de pandemia, muchas personas se vieron obligadas a reinventarse. Para Amelia, odontóloga formada en la ciudad de Eldorado y radicada hace siete años en Posadas, esa reinvención se convirtió en una oportunidad para descubrir su verdadera vocación: acompañar, guiar y mentorear a otros profesionales en su desarrollo personal y profesional.
Su recorrido comenzó mucho antes, cuando estudiaba odontología y ya sentía dentro de sí una vocación por el liderazgo. “Uno sabe que dentro suyo tiene ese mentor incorporado”, afirma. Ese espíritu la llevó a establecer su propia clínica odontológica en Posadas, un espacio que con el tiempo se expandió y diversificó. Actualmente, coordina dos consultorios: uno enfocado en odontopediatría, atención a niños con discapacidad y pacientes neurodivergentes; y otro orientado a la odontología general para adultos, con un equipo profesional a su cargo.
La pandemia marcó un punto de inflexión. “Tuvimos que cerrar, fuimos los últimos en volver al trabajo”, recuerda. Ese parate la llevó a repensar su rol como profesional y su modo de impactar en los demás. Así, comenzó a interesarse por la administración de empresas, el trabajo en equipo y el desarrollo del liderazgo. «Siempre me gustó el trabajo dentro de equipos multidisciplinarios», explica, y fue esa mirada la que impulsó su deseo de ser mentora.
“Empecé a incorporar odontólogos recién egresados que estaban un poco perdidos. Y pensé: estos chicos no pueden quedarse toda la vida trabajando conmigo, tienen que salir, volar. Y yo estoy en esta posición para ayudarlos, para guiarlos, para acompañarlos en el camino que a mí también me costó”, relata Amelia, con una convicción que inspira.
Para ella, el rol del mentor es claro: “Es guiar el proceso de transformación. Ese cambio que vos atravesaste, es el que querés inspirar en otros para que también se animen a vivirlo”. Reconoce que los miedos y la falta de confianza pueden paralizar, incluso cuando se tiene preparación académica. Por eso, resalta la importancia del acompañamiento y el desarrollo de herramientas que fortalezcan las habilidades blandas: liderazgo, autoconocimiento, empatía, relaciones interpersonales.
“La clave es empezar por un propósito movilizador, por esa incomodidad que te dice que ya no estás bien en tu zona de confort. Si no tenés metas claras, no hay camino posible”, sostiene. Y en esa línea, sigue apostando por un liderazgo transformador, que no se impone, sino que guía y acompaña con generosidad y compromiso.







