“El boxeo me dio un trabajo, me dio mi casa y la familia hermosa que tengo”, sostuvo el misionero Luis Ocampo

Luis Alberto Ocampo compartió parte de su historia en Fórmula Tuerca, que se transmite por Misiones Online. El púgil oriundo de Posadas recordó sus inicios, sus grandes peleas y cómo el deporte marcó su vida dentro y fuera del ring.

Desde muy joven, Ocampo sintió una fuerte atracción por el pugilismo. “Me gustaba desde chiquito el boxeo. Yo decía, algún día voy a subir al ring”, recordó. Esta pasión por el deporte se consolidó cuando, a los 13 años, conoció a dos boxeadores que cambiaron su vida.

“Tuve la oportunidad de conocer dos boxeadores, Julio Duarte y Félix Albrecht, que me llevaron al gimnasio. Entonces ahí me empecé a entrenar”. Fue en ese gimnasio en el cual Ocampo dio su primer paso serio hacia el boxeo profesional.

En cuanto a su primera pelea, Ocampo relató: “Antes no pedían los papeles como ahora, me dijeron: ‘¿Querés subir al ring?’ ‘Sí, más vale, voy a subir’. Subí y peleé con Paco Silva que le gané”, contó.

Esa victoria marcó el inicio de su carrera. “Ahí me gustó y empecé a trabajar. Apunté a dónde quería llegar y empecé a entrenar y me dediqué de lleno al boxeo”.

A lo largo de su trayectoria, Ocampo fue parte de un momento histórico para el boxeo en Argentina: la creación de la categoría supermosca. “Nosotros creamos la categoría supermosca, la Argentina no tenía esa categoría y ahí se hizo la eliminatoria”. Una de las peleas que más recuerdan los misioneros es la que lo enfrentó a Félix Ramón Colman, en agosto de 1982. “Colman estaba segundo y yo estaba tercero. Hicimos la eliminatoria y el ganador peleaba con Gustavo Ballas”, recordó, y brindó detalles de su preparación para enfrentar a Ballas, quien en ese entonces era campeón mundial.

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Las peleas contra los grandes rivales lo marcaron, pues entre las figuras con las que se midió en el ring, enumeró a Gustavo Ballas, Rubén Condorí, Rodolfo Rodríguez y Ramón Rodríguez. “Antes vos para llegar hasta número 1 o número 2 tenías que ser bueno porque había uno que era mejor que el otro”.

Entre sus enfrentamientos más recordados se destaca el que sostuvo con el paraguayo Raúl “Kid Masa” Loblein, un combate que le permitió conquistar el título sudamericano. “Yo me hice profesional en el 80. Con Almirón peleé. Ahí empecé mi carrera y tuve la oportunidad de estar en el ranking y después me tocó pelear la eliminatoria con Félix Colman, después pelear con Gustavo Ballas por título argentino, después pelear con Rubén Condorí por título argentino, que se hizo en el Anfiteatro”.

“Después peleé en el 87 con Condorí, luego dejé un tiempito, después volví y ahí peleé con Raúl Loblein que le di con revancha y todo la pelea. Ahí fue que le gané el sudamericano. Después de la revancha, le retuve el título sudamericano de vuelta”, rememoró con satisfacción.

Por otro lado, una de sus peleas internacionales la disputó contra Víctor Manuel Rabanales en la Plaza de Toros San Roque de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, por la corona mundial de los gallo en 1992. Este combate se vio afectado por las malas condiciones del ring. “Me cambiaron la lona, era muy difícil. La cuerda te raspaba todo, me quitó pierna”, revivió.

Frente a estas adversidades, Ocampo no se dio por vencido y a pesar de los problemas, logró el reconocimiento. “Me llevé el aplauso del público aunque la revancha no se pudo dar”.

Además, Ocampo recordó cómo su entrenador lo guiaba en cada combate. “Pato fue un tipo muy vivo, era muy vivo para atender en el rincón. Él veía todo. Me mandaba a trabajar, a trabajar, a trabajar y a acortar distancia, a meter la mano abajo, arriba. Pero en México me cambiaron la lona a la hora de la pelea”.

En el 2005 el misionero se retiró tras 25 años de actividad ininterrumpida. “Ese año hice mi última pelea, con eso dije: ‘Hasta aquí llegué, hacemos el paso al costado y le damos a otra gente que sigan. Que sigan trabajando y que lleguen’”.

De esta manera, reflexionó sobre lo que el boxeo le dio: “Gracias a Dios me dio un trabajo, me dio mi casa, mi familia hermosa que tengo, y los conocidos, porque donde voy soy bienvenido, es lo más grande. Siempre siendo campeón o no siendo campeón sigo siendo la misma persona”, manifestó agradecido por todo lo que logró dentro y fuera del ring.

El legado de pelea en la familia

Tras el retiro de Ocampo del boxeo, su legado sigue vivo a través de su hijo Cristian, quien está siguiendo sus pasos. “Mi hijo, Cristian, va a pelear en junio”, reveló con orgullo.

Consultado acerca de la actualidad de este deporte de combate, opinó: “Faltan valores, no hay valores y no hay promotores. Antes estaba Reynaldo Franco que traía todas las figuras”. Según su memoria, en su época de esplendor, los eventos de boxeo eran masivos en la capital misionera. “El anfiteatro explotaba, lleno total. Era chico y tuvieron que poner desde la Dirección de Deportes otro palco en un pelea que participé, porque era chico”.

Cabe destacar que su extensa campaña dejó un récord impresionante para los misioneros, con 75 peleas como profesional, de las cuales obtuvo 62 victorias, 7 empates y 6 caídas.

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