El Apóstol Guillermo Decena expresó que "cuando Jesús usa las parábolas y la aplica al Reino o gobierno de Dios, trata de enseñar cuál es el camino en la búsqueda de una sociedad más justa, empezando por el individuo, siguiendo por la familia y llegando a la misma sociedad".
Las parábolas son narraciones breves y fáciles de comprender, se trata de relatos simbólicos o comparaciones basadas en una observación de la vida cotidiana. Cuando Jesús usa las parábolas y la aplica al Reino o gobierno de Dios, trata de enseñar cuál es el camino en la búsqueda de una sociedad más justa, empezando por el individuo, siguiendo por la familia y llegando a la misma sociedad.
La humanidad ha intentado buscar una forma de gobierno que logre una sociedad justa, pero ha fracasado. Pero Jesús enseñó que una sociedad de shalom (paz y abundancia) vendría con el “Reino de Dios” en los corazones y en los ámbitos. Enseñó directamente sobre el Reino de Dios como un tema esencial para lograr sobre la tierra lo mejor para el ser humano.
El gobierno de Dios habitaba en Jesús de tal manera que las enfermedades, e incluso la naturaleza, obedecían su mandato. También enseñó en el Sermón del Monte cómo los ciudadanos del Reino deben amarse unos a otros y amar aún a los enemigos. El amor puro y santo es la base del reino que Jesús enseñó.
En este marco el Apóstol Guillermo Decena dijo que el recurso habitual para enseñar el carácter del Reino de Dios fueron las parábolas:
1. LAS PARÁBOLAS DEL PEQUEÑO COMIENZO.
La parábola de la levadura es una de las más breves dichas por Jesús. Aparece en el Evangelio de Mateo y en el de Lucas, en los evangelios canónicos sigue inmediatamente a la “Parábola de la semilla de mostaza”, y comparten el mismo tema: El Reino de los cielos crecerá con fuerza a partir de pequeños comienzos, y el final es imparable una vez que comienza.
“Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. (…) Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado” (Lucas 13:18-21).
Esta parábola describe lo que ocurre cuando una mujer añade pequeña cantidad de levadura a una gran cantidad de harina. Los organismos vivos de la levadura crecen durante la noche, de modo que, por la mañana, toda la cantidad de masa se ha visto afectada y crece en forma impresionante. Este proceso se llama fermentación.
El Reino de Dios en plena expansión tiene un sabor espiritual único, convirtiendo la Iglesia en algo maravilloso sobre la tierra y todos quieren venir a experimentar la obra dinámica y pujante del Espíritu Santo. El Reino que reinauguró Cristo, tiene un germen de vida que hace que se expanda con fuerza y sea irrefrenable.
Ambos ejemplos, árbol de mostaza y pan con levadura, poseen una enseñanza del crecimiento visible, para el que quiera verlo. Estas parábolas hablan del poderoso crecimiento de los propósitos de Dios sobre la tierra a partir de pequeños comienzos. Es por esto que la Iglesia tiene luchas, pero nunca será derrotada. Porque lo prometió nuestro Rey. Dios hará su obra hasta el final.
“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18).
2. PARÁBOLA DE LA RED.
En esta parábola, el Señor Jesús nos está enseñando algo muy importante sobre el Reino de los Cielos: “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo (…)” (Mateo 13:47-50).
Es una ilustración que va describiendo el propósito de Dios en este mundo, que quiere de corazón que todos sean salvos, pero hay muchas personas que no van a aceptar el mensaje de Cristo en este mundo. Sin embargo, el Reino de los Cielos se tiene que seguir proclamando a todas las naciones.
Por eso, nunca podemos parar de proclamar que la salvación eterna sólo está en Cristo Jesús. Cada persona tiene que reconocer que al nacer en este mundo, todos somos pecadores y la única salvación radica en Jesús.
Somos salvos no por los hechos o por las obras de los hombres, sino por la Palabra de Dios. Muchos oirán la Palabra de Dios y se acercarán a Su Reino, pero muy pocos van a recibir el mensaje para cambiar de estilo de vida de acuerdo con la Biblia.
¿Qué tipo de pescado somos? ¿El que escucha la palabra y la pone en práctica en su vida? ¿o el que no hace caso de las cosas de Dios? Lo que le importa a Dios no es tanto nuestras costumbres religiosas, sino que recibamos su Palabra y la pongamos en práctica.
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22-24).
3. PARÁBOLA DE LA GRAN FIESTA.
Jesús usó también la imagen de una fiesta para explicar el avance del Reino, las invitaciones ampliamente distribuidas con libertad para la aceptación o el rechazo.
“(…) Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. (…) Y todos a una comenzaron a excusarse. (…) Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos” (Lucas 14:15-24).
El Maestro quiere que el banquete esté lleno de personas. Pero muy pocos de los invitados realmente quieren venir. En cambio, inventaron excusas para no tener que asistir. Estas excusas revelaron las verdaderas intenciones de los corazones de los invitados: no estaban interesados en el Reino de Dios.
Todos estamos invitados a este Banquete del Reino, pero la realidad es que la mayoría de la gente rechaza la invitación por una razón u otra. Así que muchos ofrecen convenientes excusas para ocultar el deseo de evitar comprometerse con el Creador del universo.
En esta parábola, el rechazo a la invitación era el amor a otras cosas. Aquellos que fueron invitados por primera vez amaban las cosas de este mundo (representadas por el “campo”, los “bueyes” y el “matrimonio”) más que el Reino de Dios.
Jesús contó esta parábola para que nos hiciéramos una pregunta: ¿Aceptarías una invitación al Reino de Dios si tuvieras una de las cosas de este mundo? ¿O hay otro interés o tipo de amor que te haría poner una excusa y rechazar la invitación?
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
Victory Church

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