Tras el fallecimiento de Juan Ignacio Acosta, el médico y deportólogo Horacio Melo alertó sobre los riesgos del kickboxing, especialmente en niños y adolescentes. Señaló la peligrosidad del deporte por su alto impacto y la necesidad de controles médicos adecuados.
La comunidad educativa y deportiva sigue conmocionada tras el fallecimiento de Juan Ignacio Acosta, el adolescente de 16 años que murió este martes tras permanecer internado en el Hospital Ramón Madariaga. La autopsia confirmó que sufrió un hematoma subdural agudo, una grave lesión cerebral causada por un traumatismo en la cabeza, lo que generó preocupación sobre los riesgos del kickboxing, disciplina que practicaba el joven.
El médico y deportólogo Horacio Melo se refirió al caso y explicó la gravedad de este tipo de lesiones. «Un hematoma subdural es una hemorragia intracraneal. Cuando se produce un golpe fuerte en la cabeza, el tejido nervioso se comprime porque el hueso impide la expansión, lo que puede generar consecuencias fatales, como ocurrió en este caso», detalló.
Melo comparó el kickboxing con otros deportes de contacto y advirtió sobre su alto nivel de peligrosidad. «Dentro de la escala de riesgo, la natación es de las actividades más seguras, mientras que el boxeo es de las más peligrosas. El kickboxing está un escalón por encima del boxeo, porque se golpea con puños, piernas y rodillas, lo que aumenta el impacto sobre el sistema nervioso central», explicó.
En cuanto a la práctica de este deporte en menores de edad, el especialista recomendó extrema precaución. «Es un deporte de alto contacto y agresividad. Si bien el boxeo se practica con protecciones y bajo estricta supervisión, en el kickboxing se aplican golpes con más fuerza y en diferentes partes del cuerpo. Considero que deberían existir normativas más estrictas para su práctica en niños y adolescentes», afirmó.
Sobre el fallecimiento del joven, Melo subrayó que un hematoma subdural no se produce de manera espontánea, sino por un golpe o una serie de impactos repetidos en la cabeza. «Estos traumas pueden generar microhemorragias y comprometer arterias cerebrales. Si la persona presenta mareos, pérdida de coordinación o cualquier otro síntoma tras recibir un golpe, debe acudir de inmediato a un médico», recomendó.
En cuanto a la importancia de los controles médicos, el experto sostuvo que deberían implementarse chequeos exhaustivos para quienes practican deportes de alto contacto. «Sería fundamental que todos los deportistas sometidos a impactos frecuentes se realicen estudios como electroencefalogramas, electrocardiogramas y pruebas de esfuerzo al menos una vez al año», indicó.
Melo también destacó la diferencia con otros deportes de contacto como el rugby, que en los últimos años ha aplicado estrictos protocolos para minimizar riesgos. «Hoy el rugby ha tomado muchas medidas para evitar lesiones graves. Se sancionan golpes peligrosos y se promueve la seguridad del jugador. Algo similar debería hacerse con el kickboxing y disciplinas similares», sostuvo.
El caso de Acosta encendió la alarma en el ámbito deportivo y médico. La necesidad de mayores regulaciones y controles para estos deportes de alto impacto se vuelve una prioridad para evitar más tragedias. «Está claro que son deportes riesgosos y deben practicarse con supervisión, pero sobre todo con conciencia de los peligros que conllevan», concluyó el doctor Melo.
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