El Presidente cierra una semana a pura ganancia. Fue celebrado como una figura mundial por Donald Trump y Elon Musk en un cónclave de la extrema derecha realizado en Estados Unidos. Su programa de estabilización muestra resultados: la inflación y el Riesgo País siguen cayendo y el Central sostiene una fuerte posición compradora, aunque la política cambiaria abre un margen de incertidumbre en el mediano plazo. La épica del cambio cultural también generó rédito con la ratificación de la condena y la quita de la jubilación de privilegio de Cristina y con el triunfo resonante sobre la desprestigiada patria sindical en el conflicto Intercargo/Aerolíneas.
Milei llega al siempre difícil período de fin de año surfeando en la cresta de la ola. Su programa económico demuestra efectividad en el más urgente de sus objetivos: bajar la inflación. También está despejando dudas respecto a las reservas, porque el Banco Central consigue sostener saldos compradores bastante sólidos en una época que tradicionalmente presenta complicaciones porque bajan las exportaciones del agro.
La inflación de 2,7% que relevó el Indec en octubre es la menor de los últimos tres años y marca una continuidad en el camino a la baja que el índice había retomado en septiembre (3,5%), después de permanecer estancado durante cuatro meses. La inflación de los alimentos fue todavía menor, de 1,7%.
Si la moderación del índice inflacionario no se sintió de manera significativa en la economía diaria de una buena parte de las familias es porque en paralelo se siguen “sincerando” tarifas de servicios públicos, ítem que en los hogares que hacen equilibrio en los márgenes de la línea de pobreza tiene una incidencia mayor a que la que le otorga el IPC, algo similar pasa con los alquileres.
La economía de los dólares también está mostrando una performance positiva. En la primera quincena de noviembre el Central cerró con un saldo comprador de poco más de mil millones de dólares, a pesar de la política oficial de intervenir en el mercado de los dólares bursátiles para achicar la brecha, aspecto que también exhibe resultados positivos.
Las expectativas que hace algunos meses había respecto a un salto discreto del tipo de cambio ya no están presentes, en buena medida porque nadie proyecta que el cepo cambiario vaya a levantarse en los próximos meses o incluso en el próximo año. Mientras el cepo siga presente, Argentina estará relativamente blindada contra el proceso de apreciación del dólar que se está verificando en el resto del mundo y tendrá herramientas para manejar el tipo de cambio, pero atraer inversiones será difícil.
De acuerdo con la opinión de varios analistas, el anuncio del presidente Milei de reducir a 1% la apreciación del dólar en caso de que la inflación continúe bajando, generó incentivos suficientes para sostener saldos positivos en la compra/venta de dólares.
El mensaje es claro: aunque la inflación siga bajando, Argentina seguirá devaluando su moneda a un ritmo inferior al índice inflacionario. Esto quiere decir que el peso se seguirá apreciando en términos reales frente al dólar y que la moneda estadounidense tendrá cada vez menos poder adquisitivo frente al costo argentino.
Si este escenario se cumpliera, tener dólares debajo del colchón o guardados en silobolsas sería un mal negocio, mientras que postergar pagos en dólares sería una política redituable. Eso incentiva a los exportadores a liquidar rápido y a los importadores a patear sus pagos todo lo que puedan, lo que termina dando oxígeno al Central.
Este horizonte de certidumbre, al menos en los próximos meses, respecto de la política cambiaria es lo que está posibilitando la recuperación de las reservas.
Pero quienes ven el vaso medio vacío advierten respecto a los problemas de fondo que siempre generaron los programas de estabilización apoyados en el “ancla cambiaria”. Problemas que tienen relación directa con la pérdida de competitividad de las empresas nacionales que enfrentan costos crecientes en dólares y con las crecientes presiones que recibe el Banco Central para sostener un tipo de cambio artificial.
El atraso cambiario es la versión del “plan platita” cuando se aplica desde la ortodoxia. Así como los programas de corte keynesiano suelen sucumbir ante la tentación de la emisión monetaria excesiva como mecanismo para incrementar de manera “ficticia” el poder adquisitivo de la gente, los de corte liberal/ortodoxo hacen lo mismo cuando incrementan de manera artificial el poder de compra de los asalariados haciendo que sus ingresos se aprecien en dólares.
Economistas como el libertario (de ideología no de afiliación partidaria) Diego Giacomini o el fundador de la UCEMA y otrora asesor estrella de Milei, Carlos Rodríguez, advierten que se está generando una inconsistencia porque los ingresos de los trabajadores están aumentando en dólares, así como muchos de los costos de las empresas, sin que ello esté acompañado de un incremento en la productividad de los trabajadores ni de las empresas.
Los analistas más afines al Gobierno rechazan este tipo de análisis y aseguran que el plan de Milei no puede equipararse a nada de los que haya ocurrido antes, porque nunca antes se practico un ajuste del gasto público de la magnitud del que se aplicó este año.
Argumentan que si hubiera atraso cambiario significativo, la brecha que separa al tipo de cambio oficial de los paralelos sería mucho mayor y el Central no estaría acumulando divisas.
El presidente está tan seguro de la solidez de su esquema cambiario que se permitió medidas que apuntan a consolidar la baja de la inflación a costa de una potencial mayor demanda de divisas, como la eliminación del impuesto país extensiva a los consumos en dólares con tarjetas de crédito o la flexibilización de limitaciones a las compras en el exterior vía Courier.
Interpretaciones hay muchas, pero el dato cierto es que la inflación está bajando en un contexto de pax cambiaria que nadie espera que se perturbe al menos hasta pasado el verano.
Cuánto de este escenario favorable es resultado de la motosierra y cuánto responde a un manejo dirigista del tipo de cambio, es la pregunta de cuya respuesta depende la sostenibilidad del programa.
Si este veranito responde a la disciplina fiscal y a la “emisión cero”, entonces estaremos parados sobre bases sólidas que permitirán al Gobierno levantar el cepo más temprano que tarde y recibir las inversiones necesarias para transitar un camino de crecimiento sólido.
Si en cambio lo que hay es un revival de la infame tablita de Martínez de Hoz o de la convertibilidad pegada con alambre del segundo mandato de Menem, levantar el cepo podría conducir a una corrida como la que ya enfrentaron Caputo y Sturzenegger en 2018/2019 o incluso podría haber inconvenientes para sostener la caja de los dólares si la reactivación de la economía ganara brío y eso empujara a las importaciones.
Los analistas abundan en especulaciones, pero la respuesta definitiva a esta enorme pregunta solamente la tiene el tiempo.
La épica intacta
La caída del riesgo país, el superávit fiscal, el despegue de bonos y acciones, la reducción de la brecha cambiaria o la acumulación relativamente sostenida de reservas son elementos que denotan una mejora en las condiciones generales de la macroeconomía, un dato sin dudas positivo pero que no necesariamente impacta en la realidad cotidiana del argentino promedio cuyo poder adquisitivo ya venía cayendo antes de que asumiera Milei y que sufrió en carne propia los rigores de la motosierra.
Aunque el plan económico de Milei y Caputo funcionara como ellos pretenden, el impacto en el metro cuadrado que habita cada argentino de bien será progresivo, desparejo y no necesariamente llegará a todos.
Para construir un puente que permita transitar el largo camino hacia la recuperación (en el caso de que todo saliera bien) sin perder la volátil paciencia social, cobran relevancia otros aspectos de la narrativa libertaria.
La retórica de la motosierra, la convocatoria al esfuerzo compartido con la promesa de una prosperidad futura de bases sólidas, fue un leitmotiv efectivo hasta ahora. Pero el desarrollo de otros ejes temáticos resulta necesario para controlar la agenda.
Esta semana el Gobierno recibió espaldarazos muy potentes para sostener su narrativa.
El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, terminó de consagrar a Milei como una de las figuras principales -probablemente la segunda, después del propio Trump- de la extrema derecha en todo el mundo.
El presidente argentino fue recibido como un héroe en la gala del America First Policy Institute y su alineamiento directo con el Estados Unidos de Trump quedó consagrado Urbi et Orbi.
Pero el ímpetu del mandatario argentino por ser reconocido como el más extremo dentro de la corriente de pensamiento que brega por abolir todo aquello que el progresismo considera una conquista, lo lleva a veces a sobregirar sus posicionamientos y a poner al país en un lugar de aislamiento.
Por ejemplo, esta semana Argentina fue el único país que votó en contra de una resolución de la ONU a favor de intensificar los esfuerzos para eliminar todas las formas la violencia contra mujeres y niñas. Fueron 170 los países que acompañaron la iniciativa.
La votación dejó a Argentina en una posición más radicalizada que Corea del Norte, Irán, Rusia, Nicaragua o Burundi, que se abstuvieron en la votación.
Algo parecido ocurrió en la COP 29, la cumbre mundial del clima de la ONU que se está celebrando en Bakú, Azerbaiyán y dónde se discute el Cambio Climático. Milei ordenó el retiro de la delegación que representaba oficialmente a Argentina, en lo que significó un golpe de escena para reafirmar el negacionismo climático que milita el Presidente.
El eje del combate contra la corrupción y contra los privilegios de la casta también cosechó triunfos esta semana.
Mi villana favorita
La Justicia ratificó la condena a seis años de prisión y la inhabilitación para ejercer cargos públicos que pesa sobre la expresidente Cristina Kirchner. Los partidarios de la vice de Alberto volvieron a hablar de proscripción y sus detractores, de la corrupción que caracterizó al esquema recaudador montado sobre la obra pública durante los gobiernos de Néstor y Cristina.
Para el Gobierno actual fue todo ganancia. Cristina es la enemiga que eligieron y obligarla a pelear en el centro del ring responde a esa estrategia.
Para reforzar el efecto, el Presidente ordenó dejar de pagarle la jubilación de privilegio y la pensión un tanto obscena que cobraba CFK en su doble carácter de expresidente y de viuda de un exmandatario.
Como si hiciera falta, Cristina pisó el palito y salió a defender sus privilegios de casta en las redes sociales.
La exmandataria apeló a la Corte Suprema y las malas lenguas aseguran que el Gobierno está moviendo todas las fichas con las que cuenta para evitar que el supremo tribunal se expida antes de las elecciones. No quieren a Cristina proscripta, la quieren como candidata.
Alianzas valiosas
La otra victoria que se anotó el Gobierno nacional esta semana fue la caída de la sesión de Diputados que había convocado la oposición para limitar el uso de los DNU. Al igual que cuando se trataron en el Congreso los vetos a las leyes jubilatoria y de financiamiento educativo, resultó decisivo el apoyo que recibió el oficialismo nacional por parte de legisladores que responden a gobiernos provinciales, como los representantes de la Renovación de Misiones.
Desde el Gobierno provincial le recuerdan a su par nacional que sin el acompañamiento que recibieron por parte de legisladores no hubieran podido gobernar o al menos no con los resultados que obtuvieron hasta ahora.
El acompañamiento a la Ley de Bases, a los DNU y el voto funcional a los vetos presidenciales aportaron la gobernabilidad necesaria para llevar adelante el programa económico que consiguió estabilizar la macro.
“Misiones, con sus diputados y senadores, acompañó el plan de Milei y fueron claves sus votos para frenar la inflación y vamos a acompañar el Presupuesto 2025 que pide el Presidente”, anticiparon desde el Gobierno provincial.
El acompañamiento aportando gobernabilidad a la Nación es reivindicado desde la renovación como un gesto de “coherencia histórica” con una de las convicciones que está presente desde la génesis de este movimiento provincial, la que indica que el poder está en la gente y no en la dirigencia. Si bien se mira, se trata de un principio que anticipó las consignas anticasta que llevaron a Milei al poder.
Teniendo en cuenta que más del 60% de los misioneros votó a favor del presidente, el Gobierno provincial entiende que la manera de cumplir con aquello de que “el poder está en la gente” es aportando gobernabilidad.
La otra coincidencia que conecta a libertarios con renovadores es la disciplina fiscal que Milei impuso como condición sine qua non para llevar adelante una administración eficiente, algo que el gobierno de la renovación aplica desde hace más de 20 años, con la diferencia de que en Misiones el equilibrio fiscal se consiguió sin ajustes de alto costo social.
“La provincia queda de lado de la transformación económica, no afuera tirando piedras. Es una decisión que le sirve y beneficia a los misioneros. La renovación se distingue por la gobernabilidad, no pertenece al Gobierno pero apoya para salir del pasado en la faceta económica”, apuntan desde la Provincia, dejando en claro que el apoyo no es un cheque en blanco y que está centrado en la cuestión económica.
Boleto estudiantil
En el plano de la gestión, el gobernador Hugo Passalacqua anunció durante la semana que pasó la prórroga del Boleto Estatal Estudiantil Gratuito en Misiones hasta el 20 de diciembre, para facilitar la movilidad de los estudiantes durante el período de exámenes finales de fin de año y abaratar el costo de transporte de las familias misioneras. Aunque no lo anunció, es un hecho que también se garantizará durante el período escolar de 2025, como una medida del gobierno provincial para cuidar el bolsillo de las familias con estudiantes.
Este beneficio, destinado a estudiantes de todos los niveles educativos, garantiza la gratuidad del transporte público, lo que facilita el acceso a las instituciones académicas en una época donde la economía familiar fue difícil. La medida impacta positivamente en miles de estudiantes de Misiones que deben trasladarse a centros educativos y realizar actividades académicas en diferentes localidades de la provincia.













