Misionera contó como pasó de decorar galletitas con su abuela a conquistar las pantallas de la televisión nacional

Sonia Berwanger, reconocida por su participación en reality Bake Off Argentina 2020, compartió una charla en la Mesa de los Sommeliers que se transmite por el stream de Misiones Online.

En este contexto, narró como desde los días que trabajaba como modelo publicitaria en Posadas hasta su llegada al mundo de la gastronomía, su historia muestra un recorrido lleno de giros inesperados y oportunidades.

“Fui posadeña, pero correntina por elección y adopción”, recordó Sonia al iniciar su relato. 

Sobre su trabajo como modelo, contó: “Mi carita estaba en todos lados, los afiches de la Lotería Misionera llenaban las calles”, señaló. Sin embargo,relató que  su vida dio un giro: “Fui profesora de danzas, me recibí con Teresita Sesmero. Luego, en Virasoro, fui suplente de una profesora y me quedé allí”.

Pero indicó que la danza fue solo el comienzo. En Virasoro, Sonia encontró nuevos horizontes, que la llevaron a participar de la política local  “Fui directora de cultura y luego secretaria de cultura y turismo”, contó.

De todas formas, expuso que su trayectoria no se detuvo ahí, pues explicó que  por el trabajo en turismo y cultura, más tarde, se trasladó a Buenos Aires, donde asumió el rol de delegada de Corrientes. Fue en la capital donde sus amigas la inscribieron en Bake Off. “Ellas hicieron un video con fotos de mis tortas y postres, y cerraba con mi carita. Al poco tiempo, me pidieron que mandara un video cocinando”.

En este sentido, Sonia admitió que al principio no dimensionaba el alcance del programa. “Te juro que no sabía dónde me estaba metiendo. Pasé por varios castings, incluso el psicológico”. 

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Confesó que la presión en esa circunstancia era constante: “No solo era cocinar, tenías que estar todo el día conectado con una cucaracha- en referencia al intercomunicador- mientras convivías con más de 100 personas detrás de escena”.

De esta manera, el programa se filmó durante tres meses y medio, y Sonia recordó cómo manejó la confidencialidad. “Teníamos un contrato que nos prohibía contarle incluso a nuestros familiares. Era difícil no decirle a mi mamá: No me llames, estoy filmando”, comentó.

 A pesar de estos desafíos, destacó la camaradería:  “Formamos un grupo con la producción, y aunque con los participantes había diferencias, seguimos en contacto”, agregó.

La emisión del programa coincidió con la pandemia, lo que amplificó su impacto. “El rating fue impresionante porque todos estaban en sus casas. Andaba con barbijo por Buenos Aires y la gente me pedía autógrafos”, recordó. Sin embargo, Sonia aclaró que el reality no estaba exento de limitaciones. “Nos daban para los viáticos, pero nada más”, señaló.

A pesar de esto, Bake Off le abrió muchas puertas. “Tuve oportunidades de capacitarme gratis, recibí regalos por nombrar marcas y hasta tuve un community manager que manejaba mis redes”, relató. Sin embargo,  Sonia contó que la pasión por la gastronomía no comenzó en el reality, sino en su infancia: “Mi abuela me hacía decorar galletitas de jengibre para que me quedara quieta. Ahí empezó todo”.

Más tarde, en Virasoro, comenzó a experimentar en la cocina debido a la falta de opciones locales: “Toda mi familia cocinaba, no era la única”.

Aunque Bake Off marcó un antes y un después, Sonia aseguró que mantuvo los pies en la tierra: “Después de la pandemia, volví a mi trabajo. Participar en un reality fue una experiencia increíble, pero había que volver a la realidad”. No obstante, reflexionó: “Es mejor enfrentar los desafíos que quedarse con la duda de qué habría pasado”.

Para concluir, sobre su paso por la televisión nacional, afirmó: “Fue un viaje único, con sus altas y bajas, pero no lo cambiaría por nada”.

 

 

 

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