Lisandro Rodríguez, docente de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) e investigador del CONICET, explicó que la reciente desregulación del sector yerbatero orquestada por el Gobierno de Javier Milei intensificó la brecha de ganancia entre los pequeños productores y los industriales, en favor de estos últimos. De esta manera, en pocos meses se incrementó cinco puntos, mientras que el mismo proceso en la década del 90 llevó años.
El historiador Lisandro Rodríguez recapituló que la yerba mate, cuyo uso ancestral se remonta a las comunidades guaraníes y su recolección en estado silvestre, consolidó su producción en Misiones y Corrientes a partir de la Ley de Colonización de 1926. Según el especialista, este monocultivo fue clave en el desarrollo de la región, y la creación de la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM) en 1935 buscó estabilizar su comercialización y reducir la competencia con Brasil, que hasta entonces abastecía el mercado argentino.
Sin embargo, en 1991, en pleno auge neoliberal, el Gobierno de Menem disolvió la CRYM, “y a partir de ahí la ley de la oferta y la demanda, entre comillas, es la que regula la actividad yerbatera hasta el 2001, que se crea el Instituto Nacional de la Yerba Mate”.

“Cuando se desreguló la CRYM en diciembre del año 1991 a través del decreto 2284, desde 1991 hasta 1995 parecía que la cosa venía más o menos equilibrada, porque no había una diferencia tan abismal o una caída tan abismal entre el precio de góndola y el precio que se le pagaba al pequeño productor”, argumentó.
Y completó: “Lo que pasa hoy es que se aceleró, te estoy diciendo 91, 94, 95, pasaron años. Estamos hablando de meses en que está vigente el DNU y que ya en los precios hay una diferencia sustancial. En algunos lugares pagan menos de 200 pesos el kilo de la hoja verde y también hay que preguntarse cómo le pagan a los pequeños”.
A diferencia de la CRYM, que era estatal y contaba con un mercado consignatario, el INYM funcionó como ente oficial pero no estatal, lo que, según Rodríguez, afectó su capacidad para intervenir efectivamente en la comercialización y evitar la concentración del sector: “La Comisión Reguladora regulaba justamente la producción y el mercado, la comercialización. Entonces, se tendía o se trataba de evitar lo que hoy en día conocemos como la concentración. Hoy nosotros tenemos 10 empresas, menos de 10 empresas, que concentran más del 80% de la comercialización”, sostuvo.
Mientras el 20% restante queda en manos de pequeñas cooperativas y productores, quienes afrontan una lucha dispareja, ya que “la disputa ahí es totalmente desigual. La Comisión Reguladora fijaba un precio y tenía el carácter autárquico. Era un ente estatal, pero era autárquico. Cuando se crea el INYM, el objetivo principal fue fijar el precio de la Yerba Mate y desde el 2002 hasta el año pasado, que mal o bien, fijaba, no hubo un acuerdo completo durante su existencia y fue siempre al laudo nacional; no siempre, pero la mayor de cantidad de veces”.
A propósito de esto, el docente investigador analizó la evolución de la brecha en los ingresos de los diferentes sectores de la cadena productiva, lo que resultó en un crecimiento alarmante en las diferencias económicas entre grandes industrias y pequeños productores. “La brecha es la diferencia en el percibimiento de la renta yerbatera y del ingreso. En el último mes dio una diferencia de 17 puntos a favor de la comercialización. O sea, 17 veces más ganaba ese sector vinculado a las grandes industrias que un pequeño productor. Al inicio del año era de 13, y ahora ya es 17 veces más. Y ahora este mes no medí. El año pasado, en noviembre, era de 12. O sea, va yendo un aumento”, alertó.
Entonces, siguiendo la postura de Rodríguez, esta política que fomenta el Gobierno nacional tiende a beneficiar principalmente a los grandes industriales en detrimento de los pequeños productores y los trabajadores rurales, tal como ocurrió en los 90, pues de manera “muy similar, en términos históricos cuando se produjo una desregulación el más perjudicado fue el pequeño productor” lo cual es un registro que también puede corroborarse en los medios de comunicación, el discurso sociológico, el antropológico e inclusive la historia económica, insistió el estudioso.
“Básicamente el eje desregular es un eje a discutir porque el Estado siempre está presente, por acción o por omisión, siempre está presente. Hay que ver a favor de qué sector regula. El último eslabón de la cadena, hay que decirlo, es el tarefero y la tarefera. Es el último eslabón”, lamentó.
Innovación como estrategia de resistencia
Ahora bien, aun con todas estas dificultades que se fueron presentando como consecuencia de los gobiernos de turno, “los pequeños productores misioneros siempre han tenido estrategia, lo que yo denomino estrategia de persistencia o resistencia. Buscan, tienen creatividad, recurren a determinados procesos”, remarcó Rodríguez. Tal es el caso de una empresa de Oberá que para mantenerse a flote en el mercado revivió el antiguo método de secado a leña, conocido como barbacuá, para destacarse.
A partir de 2010, apostaron por este proceso artesanal, que remonta a saberes nativos y a la figura histórica de quien controlaba la temperatura sin tecnología, confiando solo en su percepción. Con innovación y persistencia, dichos yerbateros obtuvieron un producto premium distinto a una yerba totalmente industrial.
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— misionesonline.net (@misionesonline) April 2, 2024
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