El intestino, nuestro segundo cerebro: la clave de la microbiota en la salud mental y su impacto en la prevención de la ansiedad y la depresión a través de la alimentación

Las nutricionistas Valentina Vallejos y Camila Díaz explicaron la importancia del intestino como "segundo cerebro" y el papel crucial que juega la microbiota en la salud mental. Destacaron que el equilibrio de las bacterias intestinales influye en la producción de neurotransmisores, como la serotonina, vinculada al bienestar emocional. Además, advirtieron sobre los riesgos del uso indiscriminado de probióticos sin supervisión profesional y señalaron la importancia de una alimentación equilibrada, rica en fibras y probióticos, para mantener una microbiota saludable. También abordaron temas como el sobrecrecimiento bacteriano (SIBO) y los efectos de ciertos medicamentos en el intestino.

En este sentido, resaltaron la importancia del intestino en la salud mental, refiriéndose a este órgano como «el segundo cerebro» debido a la influencia que ejerce la microbiota intestinal en el bienestar psicológico. Durante una charla, ambos especialistas explicaron que el equilibrio de las bacterias que habitan en el intestino es fundamental para regular la producción de neurotransmisores, el sistema inmunológico y, en consecuencia, el estado de ánimo.

Vallejos señaló que «el 95% de la microbiota se encuentra en el intestino, y juega un papel crucial en procesos como la digestión y la producción de neurotransmisores como la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad». Este dato es relevante porque aproximadamente el 90% de la serotonina se produce en el intestino, lo que subraya la conexión entre la salud intestinal y la mental.

Entre los síntomas más comunes que podrían indicar un desequilibrio en la microbiota intestinal, mencionaron tanto signos digestivos como no digestivos. «Diarrea, estreñimiento, distensión abdominal, pero también fatiga, dolor de cabeza y estados de ánimo negativos son señales de que algo puede estar ocurriendo en el intestino», explicó Díaz. Además, enfatizó que una microbiota desequilibrada puede estar relacionada con condiciones como la depresión y la ansiedad.

En cuanto al tratamiento, los nutricionistas hicieron hincapié en la importancia de una alimentación equilibrada. «Para mantener una microbiota saludable, recomendamos el consumo de alimentos ricos en fibras, como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, así como pescados y semillas que aportan ácidos grasos como el omega-3». También mencionaron el papel de los probióticos, presentes en alimentos fermentados como el yogur, aunque advirtieron que no siempre es beneficio consumirlos sin la orientación adecuada.

Vallejos advirtió sobre los riesgos de la automedicación con probióticos o suplementos. «Es un mito que los probióticos siempre son buenos. Si no se sabe cuál cepa de bacterias está alterada, podríamos estar alimentando bacterias dañinas en lugar de restaurar el equilibrio», advirtió. Por eso, recomendó trabajar en conjunto con un gastroenterólogo, nutricionista y psicólogo para lograr un tratamiento integral que incluya tanto la alimentación como la salud mental.

Según las profesionales, la microbiota intestinal no solo influye en la digestión, sino que también tiene un impacto profundo en la salud mental. Por eso, cuidar del intestino es esencial para mantener un bienestar integral.

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Además, las nutricionistas hablaron sobre el sobrecrecimiento bacteriano del intestino (SIBO, por sus siglas en inglés), una condición que ocurre cuando las bacterias que normalmente residen en el colon migran al intestino delgado, donde no deberían estar presentes. en condiciones normales. «El intestino delgado no debería tener prácticamente bacterias, estas deben encontrarse en el colon. Cuando las bacterias migran al intestino delgado, generan síntomas fermentativos como estreñimiento, dolor abdominal y distensión», explicaron.

Asimismo, contaron que el diagnóstico de SIBO se realiza a través de una prueba de aliento con lactulosa, que mide la presencia de gases como el metano, los cuales indican la proliferación bacteriana. «Este diagnóstico lo realiza el médico gastroenterólogo, quien después de evaluar los resultados determinará si es necesario el tratamiento. Es fundamental acudir al nutricionista antes de iniciar cualquier consumo de probióticos o realizar cambios en la dieta».

Finalmente, los especialistas advirtieron sobre el impacto que ciertos medicamentos, como los psicofármacos y el omeprazol, pueden tener en la microbiota intestinal. «El consumo excesivo de omeprazol puede deteriorar la microbiota al reducir la producción de ácido, y sin un control médico, puede generar efectos secundarios. Por ello, siempre debe estar prescrito por un profesional», concluyó Diaz.

Por último, Vallejos destacó los avances en el uso de psicobióticos, probióticos especializados que ayudan a mejorar el estado emocional y mental, apoyando la producción de serotonina y ácido butírico, esenciales para mantener un buen estado psicobiológico y mental.

 

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