Tiene 66 años, cursa tercer año de Abogacía y trabaja como empleada doméstica: “Me siento feliz estudiando lo que siempre quise”

A los 66 años, Yolanda Fernández, trabajadora del hogar y madre de tres hijos profesionales, vive una experiencia que muchos considerarían inusual: está cursando el tercer año de la carrera de Abogacía en la Universidad de Corrientes. Su historia es un ejemplo de perseverancia, superación y la búsqueda incansable de sus sueños, todo ello a pesar de haber dedicado la mayor parte de su vida a criar a sus hijos.

Yolanda Fernández creció en una chacra en Bonpland, Corrientes, donde desde niña soñaba con estudiar, pero las limitaciones familiares y las creencias de su madre no se lo permitieron. “Siempre quise estudiar, pero en mi casa, las mujeres se dedicaban a bordar, ordenar y limpiar. Mi mamá tenía una mentalidad muy antigua, y aunque yo insistía, me decía: ‘¿Para qué estudiar?’”, recordó.

A lo largo de su vida, Yolanda debió sacrificar sus propios sueños para asegurar que sus hijos tuvieran oportunidades que ella nunca tuvo: “Yo tuve que trabajar para que mis hijos vayan a la secundaria, estudien idiomas y asistan a la facultad”

«Aunque estaba cansada, nunca me quejé. Los incentivaba porque no quería que ellos pasaran por lo mismo que yo”, explicó. Hoy en día, sus tres hijos son profesionales, lo cual la llena de orgullo. “Este es mi éxito”, afirmó con satisfacción.

Sin embargo, no fue hasta el fallecimiento de su esposo Pedro en 2016 que Yolanda Fernández encontró el impulso para seguir su propio sueño. Pedro trabajaba en el sector yerbatero y, según Fernández, su salud se vio gravemente afectada por la falta de protección en el trabajo, lo que le causó una enfermedad que lo llevó a la muerte a los 65 años. “Lo perdí muy joven, y quedé desorientada. Pero mis hijos me impulsaron: ‘Mamá, andá a estudiar, vos siempre quisiste’”, recordó con emoción las palabras de sus hijos.

Después de terminar la secundaria en 2018 en una escuela nocturna, Yolanda Fernández decidió que era momento de anotarse en la universidad. “Hice el ingreso en 2021. La primera vez no aprobé, pero en la segunda oportunidad lo logré”, relató. La transición no fue fácil, especialmente al enfrentarse a la tecnología, pero su nieto Pedro, a quien cariñosamente llama Pedrito, la ayudó a adaptarse. “Me compré mi primera computadora, algo que nunca pensé que tendría, y aprendí a usarla gracias a mi trabajo”, compartió.

Otro desafío es el equilibrio entre su vida académica y laboral . A pesar de tener una jubilación, no le alcanza para cubrir todos los gastos que implica la universidad, como la compra de libros y el pago de las cuotas. “Trabajo para pagar mis libros y la cuota. Mi trabajo es hermoso, me ayudó a que mis hijos estudien, y ahora me permite estudiar a mí”, dijo Yolanda.

Ser una mujer mayor en la universidad también le presentó retos, aunque “en la facultad, me tratan igual que a todos, y eso me encanta”, sostuvo. Sin embargo, las dificultades no son ajenas a su experiencia, especialmente con profesores que exigen habilidades que no tenía al principio. “Un profesor me pidió que escribiera el examen en letra imprenta. Yo solo sabía cursiva, así que me acerqué a mostrarle lo que había hecho, y él lo aceptó”, relató. 

Sobre sus estudios, afirmó que cada materia le apasiona. “Me empiezo a leer los libros y me gustan todas las materias”, dijo, aunque reconoce que mantenerse actualizada en el ámbito jurídico es una tarea constante, especialmente con los cambios en las leyes y reformas que suceden en el país. “Siempre tenemos que estar actualizados. Como en todas las profesiones, es necesario adaptarse a los cambios”, explicó.

Al preguntarle sobre qué consejo le daría a otras personas mayores que consideran estudiar, Yolanda es clara: “La vida es hermosa, y hay que pensar en la familia. Si vos estás bien, ellos están bien. Nadie te discrimina por la edad. Me siento feliz, sentada en mi pupitre, estudiando lo que siempre quise”, aseguró.

Yolanda es un ejemplo de que nunca es tarde para cumplir los sueños, y su historia representa la fuerza de una mujer que, a pesar de las adversidades, sigue adelante con una sonrisa y una voluntad inquebrantable. “Yo esperé muchos años para estudiar, y ahora estoy disfrutando a pleno”, cerró.

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