El Pastor David Decena expresó que "aceptar a Cristo como el Salvador y Señor de nuestra vida esconde el cambio que necesitamos: la vieja manera de vivir que llevábamos necesita ser rota, con sus deseos y pasiones, para dar lugar a una nueva realidad en donde somos conscientes de nuestra vida espiritual, veamos lo que dice la Palabra de Dios".
“Así que les digo: vivan por el Espíritu y no sigan los deseos de la carne; porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu y a su vez el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la Ley. Las obras de la carne se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y hechicería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, desacuerdos, sectarismos y envidia; borracheras, orgías y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu” Gálatas 5:16-26.
Esta verdad esconde el cambio que desata aceptar a Cristo como el Salvador y Señor de nuestra vida: la vieja manera de vivir que llevábamos necesita ser rota, con sus deseos y pasiones, para dar lugar a una nueva realidad en donde somos conscientes de nuestra vida espiritual.
El contexto muestra que la orden del apóstol Pablo a los gálatas apuntaba a que caminen diariamente por medio del Espíritu. En otras palabras, una manera de vivir que nos lleva a evitar que sigamos los deseos de la naturaleza pecaminosa. Ésta última, que también conocemos como “carne”, es el caminar que teníamos alejados de Cristo, mientras que la vida por medio del Espíritu es la que comienza a fluir desde que estamos en Él.
La intención con la que Pablo escribe estas líneas era dar un claro mensaje de advertencia a los gálatas, porque estaban buscando atarse a una vida religiosa, basada en la ley de Moisés. Estaban abrazando es un falso evangelio que busca agradar a Dios por medio de esfuerzos humanos, pero que impide que vivamos direccionados por el Espíritu. La verdad es que sólo abriéndonos a la vida del Espíritu vivimos como a Dios le agrada, porque esta es consecuencia de su propia obra. Ahora, ¿cómo es la vida por medio del Espíritu?
En este marco el Pastor David Decena detalló algunos puntos:
1- Es una vida que fluye sobrenaturalmente sin esfuerzos humanos
El problema que Pablo tenía con los gálatas es uno que tienen muchos cristianos: querer alcanzar la vida que Dios espera con nuestras propias fuerzas. El hijo de Dios está parado en una verdad superior, y es que cuando aceptamos a Cristo, estamos abrazando su victoria sobre la muerte, a través de la resurrección, y abrimos nuestro corazón para que su Espíritu venga a habitar a nosotros. Ese mismo Espíritu es el que nos capacita, y nos permite vivir una vida santa. Ya que, a través de Él, es Dios mismo el que “produce tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Filipenses 2:13).
Muchos cristianos, al no lograr vencer al pecado con sus propias fuerzas a causa de la religiosidad, caen en el engaño de la hipocresía con tremenda facilidad. Si vivimos buscando seguir solo un conjunto de reglas, la vida del Espíritu se verá limitada, y terminaremos presos de las obras de la naturaleza pecaminosa.
Además, el versículo 17 muestra la oposición que hay entre ambas formas de vida, que nos lleva a discernir la guerra espiritual que atravesamos muchos de nosotros en el camino de entregarnos en plenitud a Cristo Jesús. Porque si la nueva y la antigua vida tienen lugar, el resultado es malo: aunque queramos agradar a Dios, no podremos.
Alguno se preguntará: ¿Y cuál es nuestro rol en poder vivir la vida santa que Dios pretende para nosotros, si el Espíritu lo hace por nosotros? Nuestro rol figura en Gálatas 5:24: debemos rendirnos. Haber “crucificado” nuestra carne significa haber rendido nuestros malos deseos, buscando a Dios de todo corazón, para que el Padre haga su voluntad en nosotros.
2- Es una vida que nos garantiza el acceso presente y futuro al Reino
El apóstol es tajante sobre lo nocivo que es dar rienda suelta a las obras de la naturaleza pecaminosa. Es más, comprendemos, leyendo Gálatas 5:25 que heredamos aquello que practicamos. Si nuestra vida estuvo cautiva por el pecado, quien engendró el pecado (Satanás), tendrá autoridad sobre nosotros en el presente y porvenir.
De este pasaje también, y por deducción, podemos decir que si esta vida nos lleva a no heredar el Reino, vivir por el Espíritu nos garantiza pleno acceso a él. Acceder al Reino es ingresar al ámbito en donde vemos a Dios establecer su voluntad con normalidad. Esta es una realidad que comenzamos a experimentar los hijos de Dios en el mismo momento que abrimos nuestro corazón a Jesús. Pero, también, es una garantía de una herencia aún más gloriosa que recibiremos cuando nos toque partir, o cuando Cristo regrese a buscarnos.Por eso Pablo habla de “heredar el Reino”. Debemos tener cuidado con cualquier confusión que nos haga pensar que vivir en la carne en el presente es garantía de vida en la eternidad. Si vamos a la palabra, la única garantía de vida es vivir por el Espíritu (Gálatas 5:25). Por eso, no naturalicemos el pecado, y menos aún caigamos en el engaño de pensar que es imposible vencer la naturaleza carnal. Antes de todo eso, reconozcamos nuestra necesidad de crecer en la vida del Espíritu, y el Reino se hará real, a través del poder manifiesto de Dios, y de la certeza de una herencia imperecedera (nuestros tesoros acumulados en el cielo).
3- Es una vida que como fruto reproduce a Cristo en nosotros
El apóstol termina esta sección mostrando lo que vivir por el Espíritu produce, en Gálatas 5:22. Esto que él llama “fruto” es la mejor descripción que tenemos del carácter de Cristo: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Comprendamos lo siguiente: el Espíritu que opera en nosotros es el mismo que ungió a Jesús, y lo capacitó para vivir una vida en santidad y poder. “…pero según el Espíritu de santidad, fue designado con poder Hijo de Dios por la resurrección. Él es Jesucristo nuestro Señor” Romanos 1:4 (NVI).
El Espíritu de santidad que empoderó a Cristo quiere producir en nosotros el mismo fruto que en Él se vio. Por lo tanto, desistamos de una vez por todas de intentos infructuosos de seguir a Jesús a nuestra manera. La única forma de seguirlo es reproducirlo, y eso solo lo hacemos por medio de vivir por el Espíritu. Porque “el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en nosotros, por lo que Él dará vida a nuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en nosotros» (Romanos 8:11).
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Pastor David Decena
Victory Church

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