Reflexión del Pastor Guillermo Decena: «El pecado de la pereza»

El Pastor Guillermo Decena expresó que " si el pecado del ser humano trajo debilidad en cuanto al ánimo de trabajar, la acción del Espíritu Santo es dar fuerza y capacidad para desempeñar los trabajos en forma excelente. Veamos lo que dice la Palabra de Dios".

«Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase» (Génesis 2:15).

Desde el comienzo, hubo una tarea asignada al ser humano, pero este hizo mal su tarea. Por lo menos en la acción de cuidar y ejercer sobre los animales la autoridad, la acción del hombre fue bastante negligente, y hoy lamentablemente tenemos los resultados. Precisamente, es desde allí que se complicó el asunto del trabajo aún más.

Es como si Dios nos dijera “hiciste mal tu trabajo, ahora la tierra te producirá espinos, y tendrás que ganar el sustento con el sudor de tu frente”. Sin embargo, una de las tareas redentoras de Cristo en el ser humano es dar sabiduría para trabajar efectivamente. Si el pecado del ser humano trajo debilidad en cuanto al ánimo de trabajar, la acción del Espíritu Santo es dar fuerza y capacidad para desempeñar los trabajos en forma excelente.

Es más, Dios desea otorgarnos inteligencia para generar emprendimientos y ser exitosos en lo que hagamos. Dice la Biblia que Dios dio a algunos grandes capacidades para el trabajo como a Aholiab y Bezaleel (Éxodo 31:1-6). Lo que está declarando la Palabra, es que esas virtudes vienen de Dios, y Él se las podría dar a cualquier hijo que se las pida. No obstante, no nos quedemos esperando el don celestial, si nos movilizamos y nos esforzamos, Dios nos va a ayudar y respaldar.

Dice la Biblia que: «El alma del perezoso desea, y nada alcanza; más el alma de los diligentes será prosperada» (Proverbios 13:4).

Cómo seres humanos, uno de los primeros mandatos que Dios nos dio después de salir del huerto del Edén fue el de trabajar. Por este motivo, un pecado sutil pero que nos hace desobedecer a Dios es la pereza, en todas sus formas: ya sea física, mental o espiritual.

En ese marco, el Pastor Guillermo Decena propuso analizar este tipo de pecado (pereza), «decidamos ser totalmente libres de él y determinémonos a obedecer a Dios por completo» indicó.

● La pereza en la vida espiritual.

La pereza se define también como “la falta de ganas para llevar a cabo el trabajo, o cualquier tarea diaria”. Un sinónimo de pereza es “ociosidad y holgazanería”.

Esto es una de las consecuencias de la caída del ser humano en pecado y también se puede entender como una debilidad interior. Entendamos dos cosas importantes:

Primero: Dios eligió para tareas especiales a personas esforzadas. Cuando pensamos en Eliseo o Gedeón y en cualquiera de los apóstoles, no fueron aquellos desocupados que no sabían qué hacer de sus vidas, sino que eran personas esforzadas, trabajadoras y buenas en lo que hacían.

Por ejemplo, el apóstol Pablo fabricaba tiendas como parte de su proceso y ministerio, aun el mismo Jesús trabajaba en la carpintería antes de dedicarse totalmente a su ministerio espiritual.

Dios siempre usó personas aplicadas en sus tareas, recalcando siempre la importancia del esfuerzo, así como le repitió en varias ocasiones a Josué (Josué 1:9).

Segundo: Debemos tener la correcta perspectiva de qué es la vida, como el Espíritu Santo nos enseña en su Palabra: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:7).

Pablo compara la vida cristiana con una batalla espiritual y con una carrera, que debemos correr sin claudicar para llegar a la meta. Ser cristiano requiere un esfuerzo para vencer, la mayoría de las veces un esfuerzo extraordinario, para no darnos por vencidos, y ser vencedores. La pereza es la falta de ánimo para pelear la batalla y correr la carrera, es flaquear en las ganas de terminar lo iniciado.

 

● La pereza como ataque espiritual.

La pereza es un ataque del maligno para debilitar las buenas obras que debemos hacer. Dice la Biblia en forma contundente: «Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo» (2 Timoteo 5:8).

¿Por qué el apóstol Pablo es tan categórico? Porque la pereza siempre tiene, como todo pecado sutil, grandes excusas. ¡Muchos decían en aquella época “el Señor viene pronto!, así que ¿para qué vamos a trabajar? ¿Para qué vamos a estudiar?

De esta manera, el que no se hace responsable de su familia para proveer tiene grandes problemas interiores. El Señor nos quiere dar poder a los cristianos para vencer el pecado de la pereza. Por el Espíritu Santo somos impulsados a ser productivos en todas las áreas de nuestra vida.

Es así como también podemos entender la pereza como el no hacerse cargo de las propias responsabilidades con esfuerzo, dando muchas veces el lugar al placer o al ocio.

«Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá» (Mateo 7:7-8).

La pereza es la incapacidad de hacerse cargo de la propia existencia de la persona y de las obligaciones espirituales de la fe, es no hacer nuestra parte que sería: peticionar buscar, llamar. Todas estas acciones significan esfuerzo, y al ser un verbo continuo significan esfuerzo en el tiempo.

A través de la pereza, las personas se olvidan de la importancia del esfuerzo continuo y se desaniman prontamente, hasta llegar al punto de abandonar el amor que se debe a Dios.

 

● El perezoso espera recibir “todo de arriba”.

«Jehová no dejará padecer hambre al justo; Mas la iniquidad lanzará a los impíos» (Proverbios 10:3-5).

Dios no va a desamparar a las personas justas, pero Él sí tiene un problema con el negligente, con aquel que en el momento de poner empeño se niega a esforzarse.

Como iglesia podemos ayudar a las personas que están pasando problemas económicos, pero no debemos ayudar al perezoso ¿Por qué? Porque ni Dios lo quiere ayudar, pues estaría fomentando un pecado.

«Dios estará dispuesto a sacarte del hoyo cenagoso, estará dispuesto a ayudarte a salir» (Salmo 103:4).

La persona perezosa espera que todo le caiga de arriba y aún se enoja cuando no le dan. Por eso “más sano es dar que recibir” porque te libra de este pecado, sabiendo que hay una ley espiritual que dice: “de acuerdo a lo que damos vamos a recibir”.

Esta ley se cumplirá crea o no crea la persona. Pero esto digo: «El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará» (2 Corintios 9:6-8).

 

● El perezoso toma todo muy livianamente.

«En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor» (Romanos 12:11).

El perezoso no toma conciencia del futuro y quiere disfrutar solo el momento, sin pensar en las consecuencias. El hijo pródigo en Lucas 15:13-16, cuenta la historia de un hijo irresponsable que gasta su dinero en una vida de lujos y pereza, hasta que, lógicamente, esta vida desordenada le hace regresar arrepentido a su hogar.

Este ejemplo nos muestra sobre las consecuencias de la vida en completo desorden y pereza, y además nos enseña la importancia de valorar lo más importante, que es la familia, el trabajo honesto y también el arrepentimiento y cambio de actitud.

 

● El perezoso necesita que lo estén presionando para que haga su tarea:

«Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor…» (Proverbios 6:6-8).

El perezoso necesita constante supervisión para realizar sus deberes, en cambio el trabajador hace lo correcto aun cuando nadie lo esté mirando.

Ahora bien, sabiendo todo esto, ¿Cómo superar la pereza?

1-Reconociendo: reconocer que le cuesta esforzarse en cualquier tarea o que hay desmotivación para el trabajo. Es necesario reconocerla, ya que la pereza fácilmente se enmascara con excusas.

2-Pidiendo ayuda al Espíritu Santo: Acuérdese que Dios puede otorgar sabiduría para el trabajo y también fuerza sobrenatural para hacerlo.

3-Esforzándose: Poniendo pasión en lo que hace y llevando la milla extra. Estar dispuesto a hacer algo más de lo que se le pide. Sepan que Jesús se complace en que demos frutos y que estos permanezcan (Juan 15:8).

Recuerde el esfuerzo de Jesús, cuando Él dejó la carpintería, se dedicó plenamente al ministerio de día y de noche. Es por esto que el trabajo espiritual es muchas veces más tedioso que el trabajo físico, pues te absorbe cuerpo, alma, espíritu y tiempo. Pero usted esfuércese y no dude en dar más de sí mismo siempre que pueda hacerlo.

Pastor Guillermo Decena

Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!

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