Hogar de Cristo en Posadas | Un espacio que con más de 25 voluntarios brinda apoyo para combatir el consumo problemático

El padre Pesce, párroco comentó acerca del Hogar de Cristo en Posadas, un espacio que brinda contención a las personas que están pasando por problemas de consumos. Explicó que la idea desde la Iglesia se intenta dar una respuesta ante esta problemática que “supera todos los ámbitos y que atañe a todos los estratos sociales”.

TM – Padre Daniel Pesce

¿Cómo trabajan para abordar y ayudar a las personas?

Daniel Pesce: Este tema quizás no es tan grato, pero lo importante es la respuesta que la Iglesia intenta dar ante esta problemática que nos supera por todos los ámbitos y que atañe a todos los estratos sociales. Hoy se ve un consumo cada vez en menor edad, en lugares donde existe vulnerabilidad, por la falta de familia, lo cual nos da evidencia que en la mayoría de los casos, por no decir el 100%, porque una generalidad no suma, pero el consumo viene a tapar algo.

Por nuestra experiencia, lo que pasa cuando vos sacas el consumo de la persona, ahí encontrás el problema base, el problema el cual lo llevó a consumir. El consumo viene a tapar una realidad de abuso, de violencia, de abandono, e incluso eso también se da en los estratos sociales de mayor poder adquisitivo. Solamente que tienen otro abordaje, tienen otra formas y medios para poder sobrellevar esa realidad o situación en la familia.

Primero porque tampoco hay una vinculación muchas veces familiar, hay que re-vincular familiarmente. Hay chicos que viven con familias sustitutas pero sin ninguna presencia del Estado, es decir, quedó con un tío, quedó con una abuela, quedó con un vecino. Hay muchas de estas realidades que son dolorosas, donde el consumo viene a ser, no quiero decir un problema secundario, porque sería minimizar el problema, pero vos solucionas el consumo y no termina tu trabajo. Tenés que ver cómo acompañar para reinsertar en la sociedad a esa persona, cómo volver a caminar, cómo volver a re-vincularse con los demás, cómo romper un esquema de violencia que ya tiene impregnado en sí mismo.

¿Cuánto hace que están trabajando en esto?

DP: La idea como tal empezó con una charla con Monseñor Juan, nuestro Obispo y viendo la problemática, el año pasado comenzamos a dar los primeros pasos y pensando qué hacer, por dónde, cómo, viendo la realidad que nos dolía en nuestro barrio, pero que no es algo exclusivo de Manantiales, sino que está por toda la provincia y por toda nuestra ciudad. Actualmente estamos hace tres meses, vamos a ir por el cuarto mes recién, oficialmente.

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¿Ese es el único punto de referencia en Posadas de atender este tipo de problemática como parroquia?

DP: Como parroquia sí, también contamos en la diócesis de Posadas, con el centro de prevención que está aquí en el centro de la ciudad, que depende de Cáritas. Nosotros estamos como iglesia diocesana, vinculados también con Cáritas, estamos siempre en continua comunicación. Un gran referente de la lucha contra el narcotráfico, contra el consumo problemático, ha sido desde siempre el padre Beto, que se ha sabido ponerse de pie, levantar la voz en nombre de la iglesia.

Cáritas también tiene una lucha sin trinchera, tantos frentes que tiene que atender. Nosotros trabajamos un punto concreto en el hogar, el tema del consumo problemático, pero también toda situación de vulnerabilidad. El lema del hogar de Cristo, que no es una idea mía, ni originalidad mía, es una federación de hogares que nace hace 15 años en Buenos Aires. Entonces fui a aprender la experiencia en Buenos Aires, participé de una misión allí, me puse en contacto con los hermanos, hay muchos sacerdotes en el país trabajando.

Y estructuralmente, al hablar del hogar, ¿es un lugar donde los reciben, tienen acondicionado para poder hacer charlas, encuentros personales?

DP: Sí, nuestra infraestructura como tal es muy precaria. Vamos a ser sinceros, es bastante precaria en el sentido de que es el centro pastoral, o los salones parroquiales, que los estamos sustituyendo como centro barrial. Allá cocinamos todos los días, de martes a viernes, hay un almuerzo, una comida caliente, para las personas que están en situación de calle, si no podés cumplir con lo mínimo, que es la alimentación, estás en una tragedia. Y lo tenemos, vienen personas de paso, a veces vendedores ambulantes, los invitamos a pasar, también tenemos la posibilidad de que se den un baño, que cambien su ropa.

Estas situaciones ocurren, y entre eso van llegando personas que están consumiendo. Entonces, los días jueves tenemos la psicóloga, tenemos el lugar también para tener alguna charla privada, estamos armando las charlas grupales, estamos armando los talleres. Este lugar funciona como centro de día.

¿Quién va a ayudar?

DP: Tenemos 25 a 30 voluntarios. Entre ellos hay psicopedagoga, voluntarios de otras especialidades, personas especializadas en salud mental. Y cada uno de ellos aporta, incluso el que no tiene título, porque a veces estos chicos necesitan a papá y a mamá. Necesitan contención, amor, que nunca recibieron o que lo perdieron en el camino de la vida.

Y vienen de diferentes lugares, se acercan, hasta gente de Garupá se ha acercado. Sobre todo mamás preguntando, trayendo a los hijos. Acá hay un tema porque a veces la pregunta que la gente se hace es “¿Y cuánta gente ya recuperaron?” Ninguna, es decir, están caminando. Hay chicos que han hecho un mes, un mes y medio, dos meses, y van bien, y de repente los tenemos que buscar por debajo de las baldosas, porque recaen, se esconden, los buscamos.

Y hay todo ese camino que hacemos. Salir a los barrios, identificar a cada uno de los chicos que vino, volverlos a buscar, llegar a la casa, charlar con ellos, traerlos otra vez, que encuentren un lugar en el hogar donde las relaciones interpersonales no se dan por consumo, se dan desde la alegría, se dan desde lo que uno es, de poder compartirlo, de poder expresarlo, porque el gran problema es que muchos de los chicos que están en consumo están relacionados con chicos en consumo.

Entonces, ciertamente te llevan a volver a consumir, te imprimen un carácter, por decirlo de alguna manera, en donde vos necesitas volver a consumir para poder socializar de alguna manera. Muchos de los chicos a veces terminan vendiendo al menudeo, terminan delinquiendo. No podemos obviar esa situación. Yo no estoy estigmatizando la pobreza ni estigmatizando el consumo. Por eso quería dar la diferencia al principio entre el que tiene nivel adquisitivo y el que no.

¿Esta gente se compromete en forma voluntaria? 

DP: Sí, 100% de los que están son voluntarios. Nosotros ahora estamos intentando formar una pequeña cooperativa de trabajo porque necesitamos profesionales y un profesional que tiene su trabajo no lo puede dejar porque se mantiene, mantiene su vida, mantiene su familia. Y a veces una hora, una vez cada tanto no es suficiente. Entonces la idea de formar una cooperativa de trabajo es también buscar los medios de trabajo, no solamente estar de hecho sino de derecho en el lugar y que puedan aportar de su tiempo, de su profesionalidad y que puedan recibir al menos una rama de honorarios por ello.

Porque acá yo creo que hay tres partes. Está la parte de lo que es lo profesional, que no puede obviarse. Está la parte de lo humano, que es lo que tenemos con los voluntarios muchas veces, el poder hablar, conversar, abrirse, ser escuchado, que sin embargo es algo re importante que alguien te escuche, que vos te sientas escuchado, valorado por lo que decís. La parte dentro de eso humano está la parte productiva y proactiva donde el joven o la persona, el pibe o la piba empieza a crear cosas a través de los talleres, a sentirse útil, a sentir que puede dar algo.

Y después está la parte espiritual, acá lo hace Dios. Yo siempre digo, yo soy un testigo privilegiado, testigo privilegiado porque puedo ver lo que Dios va a hacer con ese pibe. Si él, el pibe o la piba, se deja tocar por Dios y deja verdaderamente que se genere ese camino dentro de sí y pueda dejar cualquier tipo de consumo. La verdad que es un gusto poder conocerlos, saber ese trabajo silencioso porque de alguna manera tampoco uno lo tiene el día a día poder conocer y acompañar esta realidad y que nos alegra que de a poquito se vayan sumando a la comunidad y ojalá sirva este espacio también para aquellos que quieran colaborar, acompañar lo pastoral del humano para una problemática multicausal.

Además, para septiembre vamos a inaugurar una nueva casita porque como les comentaba, este centro es de día. Tenemos varios chicos en situación de calle, a los cuales no podemos dar una respuesta hoy. Gracias a Dios firmamos un comodato con el Ministerio de Salud Pública donde nos ceden un pabellón del Hospital Doctor Ramón Carrillo, Hospital Salud Mental. En este momento nos encontramos transformándolo para que no sea un pabellón sino sea una casita y ahí vamos a albergar, vamos a tener lugar para albergar al menos entre 10 a 15 chicos, incluso más, entre varones y mujeres donde vamos a tener todo el tema de talleres de huertas, fabricación de baldosas ornamentales.

Nos han donado toda la indumentaria, con la mezcladora, la materia prima para poder fabricar baldosas ornamentales que sirven para jardines. Entonces, esto es verdaderamente providencia de Dios porque es gente de buen corazón que se ha acercado y que ha dicho y ahora estamos esperando transformar ese lugar para tener el lugar físico donde poder esto ir realizando.

¿Un teléfono para contactarse con usted o con la parroquia?

DP: Si, yo les voy a dar el teléfono que es el teléfono del Hogar de Cristo. Este teléfono sirve tanto para donaciones, pero también sirve para cualquier persona que de forma anónima quiera hablar por sus familiares o por sí mismo del problema que está teniendo. Este teléfono es el 3764-10-5034.

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