El Pastor Guillermo Decena expresó que "una iglesia amargada es una iglesia que se desanima por las dificultades, y esto la debilita y la estanca. No tiene conciencia de la eternidad ni de la dimensión sobrenatural de la iglesia. Pero la clave para vencer el desánimo y la amargura es recordar las promesas de Dios y proclamarlas con fe, pues sus promesas siguen vigentes".
«No sea que haya entre vosotros varón o mujer, o familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy de Jehová nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esas naciones; no sea que haya en medio de vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo» (Deuteronomio 29:18).
Desde tiempos muy antiguos se llamó «amargadas» a las personas que entraban en un estado de desanimo, tristeza, enojo y desesperanza, y lo demostraban en su rostro y actitudes. En cambio, dice la Biblia que «el corazón alegre hermosea el rostro» (Proverbios 15:13). El rostro revela, tarde o temprano, el estado del corazón.
En Deuteronomio 29:18 nos advierte como un grupo grande de personas se pueden contagiar con amargura. Es por ello que el Espíritu Santo nos advierte fuertemente que no nos contaminemos con la raíz de amargura, y entendamos que cuando el Señor inspira la carta a los Hebreos, está hablando evidentemente de un grupo grande de cristianos judíos que estaban muy desanimados. Entonces me interesa meditar cómo a un grupo de cristianos les puede afectar la amargura.
En Hebreos 12, les anima a levantar el ánimo, «Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado» (Hebreos 12:12-15).
Jesús fue un mensaje viviente, y no solo él, sino también Juan el Bautista, quien preparó el camino al Señor. Ambos partieron jóvenes, demostrándonos que lo terrenal es pasajero y relativo. Es un mensaje tremendo para que no nos amarguemos por las pruebas de la vida, porque ellos se fueron a la eternidad para disfrutar una realidad mejor. Jesús les enseñaba a no temer a los que nos pueden quitar la vida del cuerpo, pues la vida del alma no nos pueden quitar. No debe haber amarguras por las cosas que son temporales.
Una iglesia amargada es una iglesia que se desanima por las dificultades, y esto la debilita y la estanca. No tiene conciencia de la eternidad ni de la dimensión sobrenatural de la iglesia. Que a pesar de que unos parten antes y otros después, el que cree en Cristo “aunque esté muerto, vivirá…”
La clave entonces para vencer el desánimo y la amargura es recordar las promesas de Dios y proclamarlas con fe. Sus promesas siguen vigentes (Hebreos 11:13-16).
Este conocimiento hizo que el apóstol Pablo prosiguiera, predicando el evangelio y eventualmente terminando en una cárcel romana donde perdió la vida. Desde la cárcel, escribió, «prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filipenses 3:14). Pablo pudo continuar en medio de la persecución (luchas, cárceles, maltratos y sufrimientos) porque sus ojos estaban en el premio final: «Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor» (Mateo 25:23).
A continuación el Pastor Guillermo Decena detalló «veamos algunas consecuencias cuando en una iglesia crecen las raíces de amarguras»:
1- Cuando la amargura está, la critica aparece.
«Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová?..» (Éxodo 17:2-3).
El espíritu de crítica es pariente de la amargura, la crítica es descripta en la biblia como murmuración, un ejemplo formidable es cuando todo el pueblo de Israel sale de Egipto. Prontamente perdió el gozo de la libertad y se transformó en un pueblo amargado. No veía nada bueno, y todo le caía mal. Por ende, no podía tener fe en el Dios que le dio la libertad. Un espíritu de crítica es lo contrario a la descripción del amor.
Un espíritu crítico juzga con arrogancia, tiene en cuenta todos los errores y nunca está conforme. Este descontento maligno está basado en la amargura. Esa actitud negativa daña tanto al que critica como al que es criticado.
La corrección bíblica es amorosa, llena de paz y basada en la verdad. Siempre debe ser amable. Proviene del amor, no de una actitud amargada. Es tremendamente peligroso cuando desde el pulpito se lanzan críticas basadas en amarguras juzgando a otros ministerios o iglesias. Esto contamina a los oyentes.
Una de las expresiones de amargura es también poner sobrenombres denigrantes. Yo conocí a un pastor que tenía esa costumbre, pero a pesar de que tenía dones preciosos, nunca Dios le pudo usar en todo su esplendor, y su ministerio era caracterizado por la amargura. Tenía heridas del rechazo que nunca pudo rendir a Dios para ser sanadas.
2- Cuando hay amargura no hay humor.
«Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:4).
Regocijo, según el diccionario significa: Gozo o alegría muy intensa que se hace ostensible. ¡Ostensible quiere decir que lo vean todos! Que pueda apreciarse y no haya dudas, es hasta llamativo para todos y exagerado. Es decir que el mandato en la Biblia es hacer fiesta de verdad.
El humor sano debe ser parte de cada conversación de los cristianos sanos. Los cristianos deberíamos ser conocidos por nuestra sonrisa y por reirnos aún en las pruebas más complicadas, sino fijémonos en este pasaje: «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. (Santiago 1:2). Cuando la iglesia se encuentra contaminada con amargura, se ve en la falta de gozo, de alegría, de expectativa y aun en las más grandes bendiciones no se pueden alegrar y por consiguiente no las puede apreciar. Si te podes alegrar aun en medio de las pruebas, entonces has sido sanado, has vencido la amargura y estás listo entonces para ver la gloria de Dios. Reírse es algo sano, es saludable y es parte del plan de Dios para nosotros.
3- Una iglesia con amagura es una iglesia estancada.
«Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención…» (Efesios 4:30-31).
Cuando hay amargura en la iglesia, los primeros que huyen son los más jóvenes. Y hay grupos cristianos en los que falta una o varias generaciones, pero esto se debe a que de alguna manera han perdido como iglesia la alegría y la fuerza. Debemos reconocer que nuestro tiempo es limitado, y la iglesia no puede perder los años en la presente generación.
Cuando Jesús vio a las multitudes que estaban como ovejas sin pastor, mencionó la inmensa necesidad de personas que se movilicen y hagan la tarea. Es por esto que no podemos perder el tiempo. «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Efesios 5:15-16).
Diligencia: Alguien que se esmera en ejecutar algo. La iglesia amargada pierde la pasión, la motivación y el empuje, y todo esto se nota. Andar: Hace énfasis en todas las áreas de la vida: familiar, social, económica, laboral, ministerial etc., todo tiene que estar equilibrado. Aprovechar: El tiempo tiene dos acepciones, uno es el crono, en la cronología y kairos es la calidad del tiempo. Hay una urgencia y debemos tomar el crono y usar el kairos. Porque los días son malos: El tiempo pasa y no se puede recuperar más. Cuando la iglesia tiene tremendos recursos, pero en los años se desperdicia porque la gente ganada para Cristo es escasa, entonces ha perdido el tiempo. No siempre tendré las oportunidades de tener a la gente disponible, aun nosotros no sabemos hasta cuándo tendremos que estar en la tierra. Si le preguntamos a una persona cuando se va a morir, nadie lo sabe, así que debemos tener sabiduría para no perder tiempo. Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. (Salmos 90:12). Y además todo tiene su tiempo, tiempo de nacer y tiempo «de morir. ).
No perdamos tiempo entonces con la amargura pues es un sentimiento que nos apaga y nos detiene en el tiempo, nos paraliza para no cumplir el propósito que Dios ha prefijado en nuestro llamado. Deberíamos analizar si estamos estancados y tener mucho cuidado si no hay raíces de amargura. Pero claro está que el Espíritu Santo está dispuesto a sanar nuestro corazón (Colosenses 4:5).
Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo. Debemos analizar a lo que nos llama el Señor ahora, tengamos cuidado porque daremos cuenta del “crédito” del tiempo que hemos tenido sobre la tierra.
No perdamos tiempo entonces con la amargura pues es un sentimiento que nos apaga y nos detiene en el tiempo, nos paraliza para no cumplir el propósito que Dios ha prefijado en nuestro llamado. Deberíamos analizar si estamos estancados y tener mucho cuidado si no hay raíces de amargura. Pero claro está que el Espíritu Santo está dispuesto a sanar nuestro corazón.
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Pastor Guillermo Decena
Victory Church
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