El Pastor David Decena explica que "el más que vencedor no pelea las batallas con sus propias fuerzas, sino con las de Dios. Porque el mismo Señor Jesús nos enseñó con su ejemplo de dependencia que sólo Dios nos puede otorgar la victoria. Alimenta su fe sabiendo que lo que Dios hizo en el pasado es una seguridad respecto a lo que hará en el presente y en los días que vienen".
Es importante analizar para entender por qué el apóstol nos llama “más que vencedores”. (Romanos 8:37). Uno de los pasajes más importantes entre el versículo 28 y 39 es el (36), porque Pablo está citando una referencia que es parte del Antiguo Pacto. Puntualmente es el (Salmo 44:22).
Pero aunque cita una frase particular, el apóstol está pensando en todo el capítulo 44. En él, el salmista arroja varias revelaciones fundamentales para tener victoria por medio de la fe.
El Pastor David Decena sostuvo que «por lo tanto, y como Dios nos llama “más que vencedores”, vamos a extraer algunas revelaciones que nos ayudan a caminar desde ese lugar. Unas ya presentes antes de Cristo, y una, fundamental, revelada por nuestro Señor Jesús».
I) El poder del testimonio:
(Salmo 44:1 al 3). De las proezas de Dios con otros viene la seguridad de lo que Dios hará con nosotros. Esta revelación está muy presente en los primeros versículos de este salmo.
El salmista recuerda cómo Dios había obrado en sus antepasados, llevándolos a la victoria, y permitiéndoles contemplar sus proezas. Al hacerlo, está evocando el poder del testimonio.
Para ser más que vencedor, la fe del hijo de Dios necesita alimentarse de lo que Él hizo y hace con otros. Nada es peor que la amnesia espiritual. O sea, olvidar cómo fue Dios con nosotros, y con quienes nos antecedieron en la fe.
Israel mismo sabía sobre esto, porque después de que Moisés y Josué partieron, y “de que murieron todos los de esa generación, creció otra que no conocía al Señor ni recordaba las cosas poderosas que él había hecho por Israel” (Jueces 2:10 NTV).
El Señor, consciente de eso, ya les había anticipado la necesidad de tener memoria y guardar el testimonio, pasando esta herencia a la próxima generación: “Debes comprometerte con todo tu ser a cumplir cada uno de estos mandatos que hoy te entrego. Repíteselos a tus hijos una y otra vez. Habla de ellos en tus conversaciones cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalos a tus manos y llévalos sobre la frente como un recordatorio. Escríbelos en los marcos de la entrada de tu casa y sobre las puertas de la ciudad” (Deuteronomio 6:6-9 NTV).
El salmista usó su herencia generacional para movilizar a Dios, porque todo aquel que sabe tomar las victorias espirituales de sus antepasados biológicos o en el espíritu, está parándose en un fundamento de fe.
Aún si somos los primeros en nuestra familia, en la iglesia encontraremos testimonios de sus proezas en otros, y en la Palabra de Dios proezas y promesas sobradas de su poder y bondad.
Por lo tanto, el más que vencedor, es el que alimenta su fe de lo que Dios hizo, para engendrar así lo nuevo que Él hará. Porque todo testimonio de las proezas del Señor, tienen la capacidad profética de dar a luz un milagro. Que lo que Él hizo en el pasado sea una seguridad respecto a lo que hará en el presente, y en los días que vienen.
II) Reconocer nuestra limitación:
(Salmo 44:6-8). Nuestra victoria nace del reconocimiento de que jamás sería posible con nuestras propias fuerzas, sino con las del Señor. Por eso mismo el salmista afirma en el versículo 3, que fue el brazo de Dios el que les dio la victoria a los antepasados, convencido de que eso mismo pasará en el presente.
Este reconocimiento es una declaración de humildad que todos necesitamos hacer. El más que vencedor no pelea las batallas con sus propias fuerzas, sino con las de Dios. El problema de pensar que nosotros podemos enfrentar los desafíos de la vida con nuestras propias capacidades, esconde orgullo. Porque el mismo Señor Jesús nos enseñó con su ejemplo de dependencia que sólo Dios nos puede otorgar la victoria.
El más que vencedor avanza por la vida reconociendo a Dios en todos sus caminos, y alabándolo por su fidelidad. Si algo tenemos para distinguirnos ante el mundo es a Cristo, nuestro Señor, autor de nuestra victoria en la cruz. Por lo tanto, debe ser una práctica normal en nosotros el reconocimiento de su lugar de autoridad, la dependencia de su persona, y un constante sentido del agradecimiento por lo que ya hizo, y hará en nuestras vidas.
Un pasaje fundamental sobre esto, que deberíamos repetir, es 2 Corintios 12:10, que dice: “Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte”.
De nuevo, nuestra victoria viene del reconocimiento de nuestras limitaciones, y del posicionamiento de nuestro Dios como quien nos garantiza vencer en cada adversidad.
III) Probados en todo:
(Salmo 44:9 al 22) Aunque hayamos sido fieles en todo, necesitamos ser probados para salir aprobados en nuestra fe. Desde el verso 9 el Salmo 44 se vuelve un lamento. El autor del mismo está actuando bajo la lógica del Antiguo Pacto. Todos aquellos que vivieron antes del pacto de la sangre de Cristo Jesús, no tenían luz para comprender el porqué de las dificultades. En estos versículos encontramos un reproche que hoy muchos cristianos le hacen a Dios desde su inmadurez: “Señor, ¿por qué permitís esta situación, si yo te busco y soy fiel?”.
La actitud del salmista es de incomprensión, pero nosotros que tenemos la luz de Jesús, necesitamos comprender el valor de las pruebas que nos es revelado en el Nuevo Pacto. No es una, sino varias las revelaciones que están implicadas:
1. No importa lo fieles que hayamos sido al Señor, nuestra fidelidad deberá ser probada. Si nuestra fidelidad no es probada, jamás se comprobará nuestra dependencia, ni nuestra perseverancia, y por lo tanto no se revelará lo que en verdad hay en nuestro corazón. Por lo tanto, si podemos seguir siendo fieles en tribulación, angustia, persecución, hambre, indigencia, peligro, etc. (Romanos 8:36), estamos evidenciando que somos más que vencedores.
2. La gran revelación del Nuevo Pacto es que Dios usa todas las cosas para nuestro bien (Romanos 8:29). Esto significa que el mundo está en oscuridad espiritual, y esto permite que el enemigo se mueva con autoridad para robar, matar y destruir. Pero Dios, en su infinita bondad, utiliza todo lo malo para capacitarnos para cumplir sus propósitos eternos.
En otras palabras, los problemas son el campo de entrenamiento que Dios usa con nosotros. Hay circunstancias a las que estamos expuestos en las que Él podría intervenir (y quizás lo hará más adelante), su presencia hoy en nuestras vidas es una necesidad para lo que viene mañana.
3. La causa misma de Cristo nos expone a un asedio espiritual inevitable. Esta conciencia nos mete en la dimensión de la guerra espiritual que sucede constantemente. La afirmación del apóstol: “Por tu causa siempre nos llevan a la muerte…” (Romanos 8:36) no es casual. Pablo estaba queriendo dar luz sobre lo que está sucediendo en el mundo espiritual por nuestra respuesta a la causa de Cristo. Porque si tenemos conciencia, también tenemos victoria.
Justamente esto último nos hace más que vencedores: saber que ninguna dificultad sobre nuestras vidas está librada al azar, y como más que vencedores que somos, nuestra confianza en el Señor siempre nos conducirá a la victoria.
Lo que el salmista no podía ver, y el apóstol Pablo contempló es la verdad de que Jesús venció a toda adversidad, y permitió que su victoria sea parte de la identidad de todo aquel que en Él cree. Para que, al poner nuestra confianza en su persona, veamos la gloria de Dios manifiesta, aún en la noche más oscura.
No somos más que vencedores por no tener problemas. Somos más que vencedores a pesar de los problemas. Esta verdad nos sostendrá con paz y seguridad, y guardará nuestro corazón de toda mentira del enemigo.
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Pastor David Decena
Centro Familiar Cristiano «Victory Church»
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