Con el misionero Antunez en cancha, la Selección Argentina de Talla Baja es campeona de la Eurocopa

La Selección Argentina de Talla Baja se consagró campeona de la Eurocopa que se disputó en Murcia, España, tras vencer 11-3 al seleccionado español, y así cierra el año con un bicampeonato. El misionero Martín Antunez cumplió su sueño y viajó al viejo continente.

Argentina llegó como invitado tras ser campeón de la Copa América, y anteriormente a la final de hoy había vencido 8 a 1 a Alemania.

Esta selección es un pro­yecto que lleva años ges­tándose en Corrientes y ex­tendiéndose luego a toda la Argentina. De la mano (y los pies) del correntino Facun­do Rojas, los Pulga y Pelusa fueron tomando forma y contenido. Jugar a la pelota, pero cambiar la mirada, un objetivo no menor y que a veces pocos entienden, un proyecto de vida personal y colectivo, porque allí en cada uno puede encontrar su lugar.

La pelota al pie, el pase preciso, correr y respirar, alimentarse sano y entre­nar. Profesionales con la caprichosa que vieron en pies como los de Maradona, Messi, Cruyff, Pelé o Cris­tiano, ahora rueda, como siempre en realidad entre los Catriel, Martín o Daniel, goleadores albicelestes en la final europea.

Pero el campeonato que busca sellar un ganador, un protagonista efímero que levante una copa eterna mira mucho más allá y pien­sa en cambiar las miradas. «Fue una hermosa fiesta de la inclusión, hermandad y respeto hacia Argentina», confiaron desde el seno de la selección.

El juego que desplegó Ar­gentina desde el inicio del campeonato sorprendió a ajenos, aunque no a los pro­pios chicos, que repitieron la performance que desa­rrollaron en Perú, donde se consagraron campeones de la Copa América frente al rival que les arrebató de las manos el primer torneo or­ganizado en Argentina.

Cada pase, cada toque, cada disparo al arco, cada barrida o pierna fuerte co­locaba la mirada donde se debía, en el deporte. La can­tidad de gente que fue a ver los partidos así lo demostró y España en particular, pero Europa en general, se asom­braron de la capacidad de convocatoria de la catego­ría.

En Murcia no hubo gue­rras, si batallas de unos campeones que más allá del fútbol le vienen demostran­do a la vida que se puede ser más que los de afuera quie­ren.
Tanto asombraron los gigantes que se coronaron campeones, que hasta los propios ingleses y alemanes alentaban al son de «Argen­tina, Argentina», cantito típico de las hinchada de estas latitudes.

El seleccionado argentino debutó con dos goleadas. En su primera participación venció a España 6 a 0, con goles de Ángel Ielpo, Catriel Brassesco, Facundo Rojas, Daniel Cervantes, Daniel Sierra y Franco Chaza­rreta.

Luego, en su segun­do encuentro, Argentina le ganó 5 a 0 a Alema­nia para quedar líder del grupo B y avanzar a las semifinales, donde se midió con Alemania. A los teutones vencieron 9 a 1 en la previa de la finalísima, en donde, como ya es sabido, vencieron a los locales que a su vez se consagraron cam­peones de Europa.

De este torneo Argentina, que fue invitada a partici­par, viajó con la siguiente delegación: Joaquín Baro­nio y Cristian Soto Geoffroy (arqueros), Facundo Rojas, Eduardo Cervantes, Sergio Rolón, Catriel Brassesco, Gonzalo Broggi, Franco Chazarreta, Daniel Sierra, Ángel Ielpo, Marcelo Ayala, Pablo Antúnez, Jonathan Álvarez, Eduardo Barrio­nuevo y Emanuel Corbalán.
El cuerpo técnico lo com­ponen Mariano Rojas (en­trenador), Víctor Bojorque (ayudante técnico), Joaquín Suárez (preparador físico), Cristian Sarmiento (kine­siólogo), Bárbara Corbalán (utilera) y Karen Franco (prensa).

Durante todo el torneo la caballerosidad estuvo pre­sente y fue mucho más que fútbol. Tanto así que el pro­pio papa Francisco invitó a los integrantes del combi­nado argentino a visitar su residencia.

Pero como de hermanar se trata, los argentinos ex­tendieron la invitación a los otros países, porque no que­rían ser los únicos en visitar «al Papa si el proyecto es de todos». De esta manera se compartió la invitación a referentes de cada selección y, salvo Marruecos, Egipto e Irak, podrán ir todos a la casa del Santo Padre.

 

 

 

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