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Reflexión del Pastor Guillermo Decena: «La fe de Ezequías III»

El Pastor Guillermo Decena manifestó que "las decisiones que tomamos atraen vida o muerte espiritual, pero lo más impactante es que lo hace no solo sobre nosotros sino también sobre nuestros descendientes porque nuestro Dios es Dios de generaciones".

«A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar» (Deuteronomio 30:19-20 RVR).

Las decisiones que tomamos atraen vida espiritual o muerte, pero lo más impactante es que lo hace no solo sobre nosotros sino también sobre nuestros descendientes. Nuestro Dios es Dios de generaciones. Tenemos buenas noticias, en el evangelio hay poder y provisión en la obra de Cristo para apropiarnos por la fe del rompimiento de todas las maldiciones heredadas.

Bienaventuradas las personas cuyos padres eran cristianos, y cuyos antepasados eran personas de fe. Pero los que no tuvimos esa bendición tenemos que tomar conciencia del tema y romper las iniquidades con fe en el poderoso sacrificio de Cristo.

«¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres! De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros» (Lucas 11:47-50 RVR).

Al enfrentar nuestro pecado, tenemos que transitar entre 2 terrenos anti bíblicos. Uno de ellos es la desesperanza de pensar que nuestro pecado está fuera del perdón de Dios, mientras que el otro es la despreocupación de pensar que podemos violar los mandamientos de Dios sin experimentar consecuencias dolorosas.

El Pastor Guillermo Decena explicó que la caída de David en 2° Samuel 11 es uno de los relatos más tristes de toda la Escritura. Sin embargo, este pasaje también tiene gran valor ya que nos ofrece esperanza sobre la grandeza de la gracia perdonadora de Dios, mientras que nos advierte de las terribles consecuencias del pecado; aún del pecado perdonado.

1. La sublime gracia de Dios con aquellos que se arrepienten

Cuando David es confrontado por Natán, él confiesa: “He pecado contra el Señor” (2° Samuel. 12:13).

Luego, Natán el profeta declara: “El Señor ha quitado tu pecado; no morirás” (v.13). El perdón de Dios hacia David incluye:

– A) Perdón judicial temporal. El Señor pone a un lado el requisito de la ley de que los asesinos y los adúlteros sean ejecutados. La vida de David es perdonada, su trono no le es quitado.

– B) Perdón espiritual. Dios reconcilia a David con Él mismo. “¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto! ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad!” (Salmo 32:1-2).

Qué esperanza tan maravillosa ofrece la gracia de Dios a pecadores, especialmente cuando estamos conscientes de cuán vergonzosos son algunos pecados.

Dios justifica a los impíos (Romanos 4:5). Él salva a los inmorales sexuales y a los asesinos que se arrepienten (incluyendo a los abusadores y a aquellos que han estado involucrados con el aborto). Dios invita a los pecadores a ir a Él en búsqueda de su compasión y abundante perdón (Isaías 55:6-7).

2. El pecado perdonado aún tiene consecuencias

A pesar de lo maravilloso que es leer del perdón de Dios, también debemos prestar atención a las dolorosas y apropiadas consecuencias que el Señor trajo a David por su pecado.

Se nos dice que el castigo de David era necesario. Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. Más por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá (2° Samuel 12:13-14 RVR).

Al estudiar la parte final de la vida de David, hubiese sido más fácil para él no haber vivido para ver los horribles eventos de sus últimos años (registrados en 2° Samuel 13-24). Solo considera cómo se llevaron a cabo las palabras de Dios a través de Natán:

-“La espada nunca se apartará de tu casa” (2° Samuel 12:10): Dios destruye la paz y la estabilidad que David había dedicado toda su vida a construir, ya que su reino es destrozado por dos guerras civiles.

-“De tu misma casa levantaré el mal contra ti” (2° Samuel 12:11-12): El vergonzoso pecado sexual y la violencia asesina en la que David se involucró de manera secreta son practicados abiertamente por sus hijos, Amón y Absalón.

-“Ciertamente morirá el niño” (2° Samuel 12:14): El niño concebido por el pecado de David murió siete días después de haber nacido.

Muchos cristianos toman el pecado demasiado a la ligera. El ejemplo de David debe recordarnos que Dios no lo toma de esa manera.

3. Necesitamos a un mejor rey que David

Este es un tema central de 1 y 2 Samuel. Si bien es cierto que David sobrepasa a aquellos que vinieron antes y después de él como líderes en Israel, él se quedó corto en lo que necesitaba el pueblo de Dios.

Mientras que sus buenas cualidades como hombre conforme al corazón de Dios apuntan a Cristo, su caída en pecado nos recuerda que necesitamos a un rey más digno.

Jesús, el hijo de David, es el líder perfecto que nunca falló cuando fue probado. Él no tenía pecado que encubrir. Nunca abusó de su poder. Un balance maravilloso mientras que la gracia de Dios anima a los pecadores a correr a Él en busca de su perdón, su castigo también debe animarnos a no tomar el pecado a la ligera.

Entre tanto que se dice: «Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación» (Hebreos 3:15).

El ejemplo de David nos recuerda que el pecado perdonado tiene consecuencias, pero que las amargas consecuencias no quieren decir que no hemos sido perdonados. Nunca dudes de la disposición de Dios de perdonar aún el más grande de los pecados, y no pongas a prueba a Dios al consentir al pecado asumiendo que podrás arrepentirte luego.

Muchos otros pecadores (incluyendo a Saúl y muchos de los reyes que vinieron después de David) fueron endurecidos en su rebelión y no hallaron el arrepentimiento. No uses el pretexto del perdón para racionalizar tu pecado. El pecado nunca vale la pena.

¿Qué hacer entonces? Identificar las iniquidades como puertas de acceso, quitar la carga y destruir el yugo. Cuando Jesús les preguntó a sus discípulos qué decían de Él los hombres, ellos le respondieron que pensaban que tal vez Él fuera Juan el Bautista, o Jeremías, o Elías.

Entonces Jesús les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mateo 16:15). Inmediatamente, Pedro le respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16:16).

La palabra «Cristo» no es sólo un título. Tampoco es el segundo nombre de Jesús. «Cristo» define quién era Jesús, según el Antiguo Testamento. Observe que Pedro no dijo: «Tú eres el Salvador», o «Tú eres el Rey de reyes», aunque Jesús sea ambas cosas. Lo que dijo fue: «Tú eres el Cristo», que significa literalmente: «el Mesías, el Ungido».

«Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción» (Isaías 10:27 RVR). La carga será quitada y el yugo será destruido a causa de la unción.

Tiene una importancia absoluta el que usted comprenda esta parte de la enseñanza. Recuerde cuando Jesús dijo en Juan 8:32: «Conocerán la verdad, y cuando conozcan y comprendan esta verdad, entonces ella los hará libres».

Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!

Pastor Guillermo Decena

Centro Familiar Cristiano Eldorado

 

 

 

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