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Misiones | Le donaron un auto por su hija discapacitada: “Por la emoción, no se quería bajar y me preguntaba si también podía llevar su muñeca”

La posadeña Tania Montenegro tiene una hija de cuatro años en situación de discapacidad y con tal de asegurarse de su bienestar, la lleva a muchos lugares. Hasta hace poco lo hacía con moto, pero recientemente fue beneficiada por una pareja solidaria que le ofreció un auto.

“Soy mamá de dos hijas, una de ocho y otra de cuatro”, contó Montenegro. Es la de cuatro la que tiene problemas de movilidad, originados por su nacimiento prematuro. Este año, su mamá vino desde Buenos Aires y se instaló en Candelaria, donde diariamente tenía que levantar un enorme peso para asegurarse de que su hija llegase a los lugares donde debía estar.

Un día, sin embargo, pasó algo impensado. En moto y camino a la escuela, Montenegro y su hija de cuatro años tuvieron que emprender el camino de vuelta, después de que la menor se rehusara a ingresar al establecimiento educativo. “Siempre queda contenta, pero ese día no quiso contar”, manifestó su madre.

Por el inesperado suceso, se vio obligada a preparar el andador en la moto, y hacer lo posible para llegar nuevamente a su casa. “Es una tarea sacrificada llevarla upa y con el andador”, afirmó Montenegro. Muchas veces usa el colectivo para acercar a su hija a los diversos turnos médicos a los que debe asistir, pero ese día decidió no hacerlo.

La niña de cuatro años tiene turnos rutinarios con kinesiólogas, neurólogas, fonoaudiólogas, y otros especialistas del Hospital de Pediatría. Estando estos muchas veces programados para la mañana, su salida desde Candelaria era a la madrugada, lo que le agregaba más pesar a la tarea. “Venir desde allá eran dos horas de anticipación, y eso desde que nació”, manifestó.

A medida que su hija fue creciendo, la situación se volvió insostenible y la familia tuvo que sentar cabeza en Posadas, ya al menos con un andador a disposición. “El andador pesa ocho kilos y mi nena diecisiete. Es muy sacrificado”, indicó Montenegro. Sin embargo, en el día que su hija se rehusó a asistir al jardín de infantes, ambas fueron paradas por una misteriosa pareja a bordo de un automóvil.

La mujer que estaba dentro del vehículo, del lado del acompañante, le preguntó a Montenegro si era posible consultarle algo. “Sí, le dije, como a cualquier persona que te para por la calle. Me preguntará alguna dirección”, rememoró. “Ellos paran el auto al lado mío y la mujer le dice al señor que la acompañaba que se baje a hablar conmigo”, contó Montenegro.

Acto seguido, el hombre se paró frente a su moto y le hizo una pregunta que la madre nunca podía haber esperado. “Le quedo mirando y me ofreció cambiar el auto por la moto, pero le dije que no tengo plata para eso”, aseveró la madre, cuya moto, una Honda Wave, está a nombre de su marido desde hace siete años.

“Él insiste y me dice que no me está pidiendo plata, sino que me quiere regalar el auto”, parafraseó Montenegro. Su primera reacción fue otro rotundo ‘no’, al que le siguieron más insistencias, tanto de la mujer como del hombre. “Queremos que andes cómoda con tu hija”, le dijo uno de ellos, para su sorpresa. “Yo tengo un amigo que es gestor. Pasame tu número y hacemos todo legal. Pensalo y hablamos”, le dijo el hombre.

Montenegro hizo eso y después de no mucho tiempo volvió a quedarse sola, con el auto que le ofrecieron ya marchándose. “Creí que estaban locas, que eran dos personas locas. Me dije ‘estas cosas no pasan’”, recordó. La opinión de su marido no difería mucho de la de ella, y no hubo novedades durante algunos días.

Al menos hasta que la pareja le envió un mensaje a Montenegro un tiempo después. “¿Cómo está conformada tu familia?” preguntaban en el mensaje. “Le conté y me dijo ‘OK, dale, yo averiguo’”, afirmó ella. Al día siguiente la llamaron. Del otro lado, la voz de una de las personas solidarias le informó que todo estaba preparado.

Todo era muy bueno para ser cierto. “Yo entro a desconfiar, algo tiene que tener ese auto y me lo quieren enchufar a mí”, pensó Montenegro, naturalmente indecisa con el asunto. Después de hablarlo con su marido, la mujer decidió ser honesta con la misteriosa pareja. “Le escribí para pedirle la patente, porque queríamos averiguar más”, dijo.

El señor que la había intercedido ese día le contestó con más de lo que pidieron: aparte de la patente, le envió la cédula y el título del coche. “Quédense tranquilos, queremos hacer una obra de bien”, le dijo el hombre a Montenegro durante una llamada posterior, incluso ofreciéndose a hablar con su marido para despejar sus dudas también. “Ahí entramos más en el ambiente, aunque igual no lo podíamos creer”, contó Montenegro.

El siguiente acercamiento de la misteriosa pareja ocurrió el domingo siguiente, cuando se presentaron en la casa de Montenegro. Su visita pareció haber calmado a los padres aun más: por la emoción, no pudieron dormir sino hasta las tres y media de la mañana. “Estábamos pensando qué será que pasó”, explicó la madre.

Después de tres días, el miércoles, Montenegro y Oscar, su esposo, ya estaban en una escribanía, para finalizar los trámites. “Nos llamaron para que nos acerquemos. Firmamos en convenio los dos, y salimos y nos entregaron la llave. Nos largamos a llorar los dos. No pasan esas cosas”, aseveró.

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“Nos cambiaron la vida, es algo que no podíamos llegar a tener”, dijo Montenegro, agradecida por el gesto anónimo. “Es algo que hacía mucha falta, pero que no estaba en nuestros planes. Un auto no es un kilo de yerba”, afirmó. Una de las primeras cosas que hicieron con su nuevo vehículo fue sacarse muchas fotos. En alguna de ellas, una sonriente Montenegro aparece posando frente al automóvil color azul oscuro junto con su hija de cuatro años.

La niña, por su parte, comenzó a decorar la nueva posesión familiar tan pronto como pudo. “Ah, es mi auto”, dijo la niña. “Le puso globos y todo”, contó su madre. La primera vez que encendió el motor, lo increíble de la situación impidió que comience a recorrer las calles inmediatamente. “Me quedé sentada un rato. Después me fui a la Avenida Corrientes, me tocó un semáforo y me largué a llorar”, recordó.

Montenegro consideró que la situación es una bendición: “No sé si lo merezco. No sé si soy una buena persona ni sé qué es lo que hice bien, pero sé que para nosotros es algo muy grande. No es sólo un bien material, es algo que le facilita a mi hija un montón de cosas. Es una necesidad que ella tenía y que nosotros no podíamos suplir”, explicó.

La primera vuelta que dio la niña en el nuevo automóvil la alegró tanto que después no se quiso bajar. “Todos sentíamos una emoción tremenda. Las mamás del jardín siempre me ayudaban, y ahora me dijeron que me lo merecía”, afirmó Montenegro, a quien las madres del jardín también le regalaron una silla infantil para instalar en su flamante vehículo. “Mi hija dice que ya es su sillita, su auto, y me pregunta si puede llevar su muñeca. Yo le digo que lleve todo, que entra todo”, aseveró.

Después del milagro, la suertuda familia se predispuso a arreglar la moto para cumplir su parte del trato. “Mi marido quiere arreglar la moto y hacerlo según lo pactado. Estamos apurados por hacerlo; no somos como ellos, que en una semana hacen todo el trámite”, explicó. La historia llegó a aparecer en medios nacionales, como el diario Perfil.

“Ahora que yo salga y en quince minutos llegue al hospital es algo que cambia todo. La comodidad de ella es muy diferente”, reflexionó la madre. La familia beneficiada tiene el plan de mantener el contacto con los benefactores más allá de los trámites necesarios. “Todo lo que hacen por tu hijo no tiene precio. No hay forma de devolver semejante favor”, afirmó la madre.

En algún momento, dijeron desde la familia, serán ellos quienes lo hagan por otros. “Vamos a cuidar muchísimo al auto”, concluyó Montenegro.

Regalan auto a niña discapacitada 

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