Daniel Passarella, la historia del jugador que se consagró dos veces campeón del mundo con la Selección Argentina

Daniel Passarella fue jugador, director técnico y presidente, un logro que muy pocos personajes en el fútbol lograron en el mundo. Un caudillo en la cancha que se convirtió en el Gran Capitán, cuando la Argentina levantó por primera vez la Copa del Mundo en 1978.

Ahí, en el Monumental, un espacio que no le era ajeno porque hacía cuatro años ya vestía la camiseta de River, después de jugar en Sarmiento, de Junín. Cinco vueltas olímpicas como futbolista: la primera, siendo parte del plantel que en 1975 rompió los 18 años sin títulos; el bicampeonato de 1979, el Metropolitano 1980 y el Nacional 1981.

César Luis Menotti aseguró que Passarella fue mejor que el mismísimo Franz Beckenbauer, el hombre del que tomó el apodo de Kaiser. «Era más completo que Beckenbauer», jura el Flaco que lo dirigió y le dio la cinta de capitán en el Mundial del 78.

Sus números son contundentes: en River jugó 298 partidos (en dos ciclos, del 74 hasta el 81 inclusive y luego en la temporada 88/89) y metió 99 goles. Un promedio de 0,33 goles por partido. Un central, con las estadísticas de un delantero (pero uno bastante goleador).

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Será por eso que Passarella siempre se sintió el mejor. Y si no fue el mejor número 6 de la historia, la pelota pega en el palo. Al año que llegó al Millonario, Menotti se lo llevó a la Selección. Al poco tiempo era suplente en River y titular en la el equipo nacional. Es que, el Kaiser se le plantó a Labruna y no quiso jugar de 3. Fue al banco, pero sabiendo  que al poco tiempo el puesto de central sería suyo. Eso no interrumpió su recorrido con la celeste y blanca. La historia terminaría con el Kaiser levantando la Copa FIFA en el Mundial de Argentina 1978. Jugó en España 82 y también fue parte del plantel de 1986. Polémicas aparte, es el único argentino que ostenta dos Copas del Mundo.

El regreso de Europa, el retiro en el club, el rol de entrenador y más gloria, con otras tres conquistas: el campeonato de 1989/90, la primera mitad la dirigió Mostaza Merlo; los torneo Apertura 1991 y 1993. Y un segundo regreso, pero para ser presidente: en 2008 lanzó su candidatura y en diciembre de 2009 venció por seis votos a Rodolfo D’Onofrio. Y el cariño, ese que a veces se retaceaba porque de joven era simpatizante de Boca, se esfumó con una pésima gestión que derivó en el descenso el 26 de junio de 2011: la peor página de la historia.

Las causas judiciales por administración fraudulenta, defraudación, malversación de fondos y aquellas que lo emparentan con la formación de grupos violentos que formalizaban negociados en el club, una razón para que quien fue figura como jugador y entrenador pase a ser un sin nombre en la historia del club.

(Con información de: La Nación, Clarín y El Gráfico) 

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