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Raúl Aramendy, de Kaapuera: «Ante la crisis global hay que pensar colectivamente un nuevo modelo productivo para Misiones»

El Lic. Raúl Aramendy, del Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera (*), analiza en su artículo de opinión los desafíos "multicrisis global" que estamos viviendo en la actualidad e invita con interrogantes "a pensar en forma colectiva otro modelo productivo para la provincia que viene. Y así contribuir al Bien Común y a la Vida Sana".

A continuación, su artículo de opinión para pensar otro modelo productivo:

 

Convencidos de que lo peor que podemos hacer es no pensar, bueno sería reflexionar sobre tres importantes actos de insensatez en los que corremos el riesgo de, con gran facilidad, desmoronarnos.

 

La primera insensatez es creer -aunque nada justificaría esto- que todo se va a arreglar porque los que mueven los hilos en el mundo no pueden ser tan idiotas como a veces parecen serlo; la segunda insensatez -de la cual nos advirtiera ya Albert Einstein a mitad del siglo pasado- es creer que los problemas pueden arreglarse pensando con las mismas lógicas que lo provocaron; y la tercera insensatez de la que tenemos que cuidarnos -y mucho, por presentarse reiteradas veces en nuestras cortas vidas- es la de pensar que nosotros en y desde Misiones, no tenemos nada que ver con todo esto. Y que solo tenemos que esperar a ver que hacen nuestros gobernantes, locales, provinciales y nacionales, juntamente, o por vías paralelas, con las 2.000 -y poco más- de familias poderosas que hay en Argentina, y los grandes capitales extranjeros que anidan entre nosotros.

 

Consideramos que podemos “gambetear” a esas tres insensateces y pensarnos a nosotros mismos, misioneros y misioneras, acerca de cómo estamos coparticipando, en diversos grados claro, en el agravamiento de la multicrisis, y en la estupidez -ésta sí y nuestra- de patear la pelota fuera de la cancha, aun sabiendo que estamos perdiendo el partido. Y pensamos en cómo hacer las cosas con otra lógica, diferente a la que creo los problemas.

Invitación y compromiso

Queremos convidar a toda la ciudadanía, más allá y por encima de cualquier diferencia, a participar activamente en un debate propositivo sobre esta cuestión:

¿Cuál debe ser el Modelo Productivo en Misiones para este momento de Multicrisis, de agudización del Cambio Climático y probable extensión y profundización de graves conflictos bélicos y carencias alimentarias?

 

Con el objetivo de ayudarnos a nosotros mismos a pensar sobre este tema, definimos cuatro ejes temáticos, a saber:

 

a).-  ¿Cómo debemos gestionar nuestra producción agrícola, ganadera y forestal, y sus relaciones entre sí y con los otros tres ejes);

 

  1. b) ¿Cómo debemos gestionar nuestros ríos, arroyos, cursos de aguas subterráneos, nuestras cosechas y reservas de agua, y su relación con los otros tres ejes, y con el conjunto del Ecosistema del que formamos parte?;
  2. c) ¿Cómo debemos gestionar la producción de alimentos para garantizar y superar la actual inseguridad alimentaria y fortalecer un camino de Soberanía Alimentaria, como base substancial de nuestra Soberanía Económica, Política y Territorial, y sus intrincadas relaciones con los otros tres ejes?; y
  3. d) ¿Cómo gestionar el trabajo, el empleo, el capital, los materiales, la tierra, la armonía con nuestro monte (nuestra selva) y la Soberanía Energética? Y por supuesto también su íntima relación con los otros tres ejes de esta construcción de un Nuevo Pensamiento para una Nueva Misiones?

Consejo Provincial de la Agricultura Familiar

Misiones y el contexto global

En esta primera nota trataremos de dar un panorama del contexto global en que está inserta nuestra querida Misiones, con eje en cuestiones de Agricultura y de Agroecología.   Comenzando así a mover la pelota por el campo del primer eje.

  • El Antropo…qué? El Antropoceno. Vamos a tener que hablar de él, desde el comienzo, porque si no hacemos un esfuerzo por comprender el todo del que forma parte “esa parte” que somos las y los que habitamos Misiones, no lograremos entender ni la parte ni el todo.

“El Homo sapiens es tan solo una de las entre 5 y 30 millones de especies que habitan el planeta, y no obstante controla una parte absolutamente desproporcionada de los recursos”, nos despabilan científicos como Vitousek, Ehrlich, y Matson.

 

En el Siglo XX pasamos de un mundo “vacío” a un mundo “lleno”, en palabras del economista ecológico norteamericano Herman Daly (1999), lo que implica una verdadera mutación histórica, haciendo que se hable ya de la entrada de una nueva era geológica: el Antropoceno.

 

El Antropoceno sería una nueva época de la Tierra, consecuencia del despliegue del sistema urbano-agro-industrial a escala global, que se da junto con un incremento poblacional mundial sin parangón histórico. Estamos por superar las 8.000 millones de personas en un planeta que, según muchos científicos, no puede soportar más de 12.000 millones sin sufrir una tremenda conmoción de «insustentabilidad».

 

Todo ello ha actuado como una auténtica fuerza geológica con implicaciones ambientales. La Sociedad Geológica de Londres, la de mayor historia y quizás la más prestigiosa del planeta, así lo ha definido (Davis, 2008): El Holoceno, la etapa histórica que coincide con el inicio de la agricultura y la expansión y evolución de las distintas civilizaciones humanas, es decir, a grosso modo los últimos 12.000 años, ha tocado a su fin.

 

El trecho interglacial que define el Holoceno, inusualmente  estable en términos de temperatura global, ha terminado. Estaríamos por tanto en una nueva era histórica marcada por la  incidencia de la “especie humana” en el planeta Tierra.

 

Pero, indudablemente, no es toda la especie humana la que incide determinantemente, sino una parte cada vez más importante de la misma que se ve impulsada y condicionada por un sistema, el actual capitalismo global (o globalización hegemónica), fuertemente estratificado y con muy diferentes responsabilidades e impactos de sus distintas sociedades de individuos, que ha logrado alterar -por primera vez en la historia- el sistema ecológico y geomorfológico global.

 

No sólo al funcionamiento del clima de la Tierra, o la composición y características de sus ríos, mares y océanos, así como la magnitud, diversidad y complejidad de la biodiversidad planetaria, sino hasta el propio paisaje y territorio, convirtiéndose el sistema urbano-agro-industrial ya en la principal fuerza geomorfológica.

 

Una tremenda fuerza de carácter antropogénico, activada y amplificada por un sistema que se basa en el crecimiento y acumulación (dineraria) “sin fin”. Un crecimiento infinito en un mundo finito. Un intento condenado al fracaso por imposible e insensato. Y sus impactos durarán siglos o milenios, y condicionarán cualquier evolución futura.

valor del petróleo

 

El homo sapiens ¿todavía es capaz de pensar?

Indudablemente, el enorme despliegue del capitalismo urbano-agro-industrial a escala global que ha tenido lugar en el siglo XX, así como el incremento hasta ahora imparable de la población, producción y consumo que ha llevado aparejado, no hubieran sido posibles sin ciertas ayudas decisivas. Hablamos de la energía abundante y barata, sobre todo de origen fósil (petróleo, carbón y gas natural), y la disposición también barata y abundante de recursos así mismo claves para su despliegue: agua, minerales (incluido el uranio), alimentos y biomasa.

 

De los ya 8.000 millones que integramos este Planeta viajero que llamamos Tierra -aunque quizás estaría mejor denominarlo  Agua, ya que de agua son las tres cuartas partes de él-, hablando de por lo menos la mitad de la población mundial (unos 4000 millones), ya que el resto poco y nada ha recibido de esta forma de organizar el mundo que tenemos, nos “estamos cayendo del catre” como decían mis padres, de que ya nada será igual que antes de la llegada de la multicrisis global.

 

Acompañado, por supuesto, por la oferta en ascenso imparable de fuerza de trabajo asalariada, y no asalariada, de trabajo doméstico no remunerado (prioritariamente femenino) que hacía viable su reproducción.

 

Son estos factores los que han hecho posible un crecimiento económico mundial sin parangón, a través de un metabolismo urbano-agro-industrial cada día más consumidor de bienes comunes, sobre todo naturales, que para una visión de insensatos solo son recursos. Y generador de residuos e impactos ambientales y sociales de todo tipo, que han alcanzado definitivamente una dimensión planetaria y crítica.

 

Pero, igualmente, todo ello no hubiera sido factible sin un sistema tecnológico, una mega máquina global, cada día más sofisticada, que ha hecho viable dicho despliegue, y cuyo desarrollo se basa en las mismas premisas.

 

Y, por supuesto, sin la consolidación y profundización de unas mega estructuras de poder político, económico y financiero que lo impulsaran, que operan con importantes tensiones y conflictos entre sí, que se ven condicionadas igualmente por la conflictividad político-social, y que no serían viables sin los mismos presupuestos.

 

Todo ello forma un «Todo interrelacionado», que en el siglo XXI se empieza poco a poco a agrietar y desmoronar, por sus contradicciones internas y especialmente por chocar con los límites geofísicos y biológicos planetarios.

productores afectados por la sequía

Siglo XX inaugura lo urbano-agro-industrial

El siglo XX inaugura pues un momento decisivo, e irrepetible, en la historia no solo de la especie humana, sino del planeta Tierra.

 

El hecho de que a finales del pasado siglo el sistema urbano-agro-industrial mundial derrochara casi 100.000 veces la energía consumida por los seres humanos a principios del neolítico, ha sido determinante en el advenimiento de esta tremenda singularidad histórica. Es más: en el siglo XX dicho sistema ha utilizado más energía que en toda la historia anterior de la Humanidad (McNeill, 2003).

 

De esta forma, una sola especie, la especie humana, o mejor dicho, como hemos señalado, un sistema de poder que ha estructurado y condicionado a una gran parte de la misma, ha logrado desviar en su propio beneficio (o mejor dicho el de menos de la mitad de la población) una gran parte de los recursos del planeta, el 40% de la llamada Producción Primaria Neta, es decir, de la biomasa global. Lo cual ha tenido impactos muy perniciosos en sectores claves para el mantenimiento de la vida: el agua potable, la tierra fértil, las pesquerías oceánicas, los bosques y selvas, la diversidad biológica y la atmósfera planetaria.

 

Además, la explotación de pesquerías, bosques y tierras fértiles parece que ya llegó a su máximo histórico (como también la emisión de gases de efecto invernadero), produciendo una crisis energética y de materiales global, con el efecto de un agotamiento de “recursos críticos” y del cambio climático en marcha.

 

“El siglo XX, aún siendo un fragmento diminuto en la escala de las eras geológicas, resultó ser en la escala de las transformaciones que ha presenciado un momento que empequeñece toda la historia humana anterior”. Resultó ser un calentador global que nos condujo, rápidamente, a un muy peligroso Cambio Climático (Christian, 2005).

 

En definitiva, en los siglos XIX y XX se pensaba que la Biosfera era un espacio inagotable, pero bruscamente estamos constatando que hemos superado ya su biocapacidad, al tiempo que degradábamos el entorno ecológico y geofísico de manera brutal.

 

Así, en las dos o tres últimas décadas el sistema urbano-agro-industrial ha actuado por encima de la capacidad de regeneración del planeta Tierra, gracias al incremento de la capacidad de carga y a la intensificación de los procesos productivos (destructivos) que posibilitan los combustibles fósiles.

 

Lo cual tocará muy pronto su límite en este siglo por el inicio inexorable del declive energético. Pero el sistema mundo capitalista, así como las sociedades que lo componen, vivieron hasta hace poco de espaldas a este hecho incontrovertible, y todavía lo siguen haciendo en muy gran medida, auspiciados por la tremenda capacidad de enmascaramiento y ocultación que posibilitan la Sociedad de la Imagen y la Aldea Global.

 

Sin embargo, la crudísima realidad les obliga a no poder soslayar ya los límites biofísicos a su despliegue y funcionamiento, pues éstos son una de las causas principales de la actual Crisis Global, que ha disparado las contradicciones internas del mismo sistema, poniéndonos, incluso, ya muy al borde de una nueva guerra mundial.

 

La guerra silenciosa, mortífera y en acelerado ascenso contra la Naturaleza llevada a cabo por la expansión a escala planetaria del sistema urbano-agro-industrial ya no se puede ocultar, y está actuando actualmente como un auténtico boomerang contra el mismo.

Pero veamos con más detalle la verdadera dimensión de los desequilibrios y conflictos ecológicos y geomorfológicos que se desarrollaron a lo largo del siglo XX, para confirmar las aseveraciones tan contundentes de esta breve nota introductoria; aunque luego, más adelante, analicemos cómo este apabullante paisaje se ha agravado aún más en la primera década del siglo XXI, en paralelo con la explosión de la Crisis Global, y se empeora todavía más a causa también de las falsas vías que se proponen para superarla.

 

Y todo ello al mismo tiempo que se agudizan las diferencias sociales y territoriales, que se ven reflejadas a su vez por la crisis medioambiental y alimentaria que se agravan día a día.

 

En las siguientes notas, y como un aporte a la necesaria profundización de un imprescindible diagnóstico propositivo, abordaremos temas como los siguientes: La expansión del capitalismo global choca con la Biosfera. La repercusión global del metabolismo urbano-agro-industrial. El capitalismo global se convierte en el principal agente geomorfológico.

 

El impacto en la Hidrosfera y la conversión del agua en el “oro azul”. De la incidencia en la atmósfera local, al cambio climático planetario. El capitalismo global capaz de alterar el clima mundial. La perturbación de la Biosfera: Un golpe de Estado biológico. Insostenibilidad de la industrialización de la agricultura y la explotación de bosques y selvas. El progresivo colapso de la biodiversidad planetaria. El desbordamiento de la biocapacidad del planeta y la deuda ecológica. Gestión institucional de la crisis ecológica y retórica del poder. Hacia el “Desarrollo Sostenible”, giro en los discursos y prácticas del poder.

 

Corolario : “Pensando colectivamente”

Si me quieren acompañar en este esfuerzo por entender lo que nos pasa con preguntas sobre estos temas, eso acrecentaría mis esperanzas de que pensando colectivamente, podamos comprender y modificar lo que sea necesario para encontrar otro Modelo Productivo para la Misiones que viene. Y así contribuir al Bien Común y a la Vida Sana.

 

 

(*) Lic. Raúl Aramendy

Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera

 

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