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Análisis: el imperio del voto bronca y los nuevos escenarios que dejaron las elecciones

Será por la acumulación de décadas de desencanto con la clase política, será el resultado de la retórica de barricada que baja desde las cumbres dirigenciales, será por la pandemia o vaya uno a saber por qué, pero el caso es que cada vez más argentinos utilizan el voto como arma de castigo.

 

Son tiempos en los que la bronca moviliza más que la esperanza y emergen liderazgos construidos para canalizar ese sentimiento de rechazo, como el de Javier Milei, de quien se hablará más adelante en este envío.

Ya sea porque las gestiones nacionales son cada vez menos eficientes o porque la paciencia del votante es cada vez más corta, el resultado es que los ciclos de confianza son cada vez más escuetos: a Cristina el voto castigo le llegó casi al completar su segundo mandato, a Macri le impidió la reelección y a Alberto le tocó soportarlo en su elección de medio término, antes de cumplir dos años en el sillón.

La pandemia seguramente hizo su parte, de hecho, a prácticamente todos los gobiernos nacionales les fue mal en las elecciones que les tocó enfrentar luego de la irrupción del coronavirus: en Estados Unidos, Brasil, Perú, Bolivia, Chile y España los oficialismos sufrieron las urnas y Argentina no fue la excepción.

Por más que Alberto haya convocado a su tropa a celebrar un triunfo, lo que marcan los números es una derrota bastante clara. A solo dos años de haber ganado las presidenciales por más de dos millones de votos de diferencia respecto a Juntos por el Cambio, ahora perdió por casi la misma cantidad de sufragios.

Es cierto que el Gobierno recuperó terreno con relación a las PASO, especialmente en el crucial territorio conurbánico, pero la remontada no fue suficiente para convertir la derrota en victoria, por más entusiasmo que le ponga Alberto.

Sus candidatos ganaron en solo nueve provincias y perdió en toda la franja central del país, donde se ubican las provincias más pobladas, entre ellas Buenos Aires, territorio sobre el que se asientan las chances de continuidad del proyecto frentetodista.

La derrota no tendrá un impacto significativo en la composición de la Cámara de Diputados de la Nación porque el oficialismo renovaba menos bancas que la oposición, de resultas que el Frente de Todos solo perderá dos bancas y Juntos por el Cambio sumará una.

En Senadores el golpe será bastante más duro. El oficialismo perderá seis de las 41 bancas que tiene en la conformación actual y se quedará a dos votos del quorum propio. Cristina ya no tendrá mayoría propia y deberá salir a buscar los votos que le faltan. Para el Gobierno misionero, que cuenta con los votos de Maggie Solari y de Maurice Closs –quien a pesar de formar parte del bloque del Frente de Todos dejó en claro que respaldará los planteos de Misiones- el contexto resulta inmejorable para hacer valer sus reclamos.

Ante un escenario de mayor equilibrio en ambas cámaras, la estrategia del Frente Renovador misionero de mantener su independencia de los grandes armados nacionales demuestra ser la más efectiva porque le abrirá a Misiones la posibilidad de conseguir algo para la provincia en cada votación.

Relanzamiento

Cumplido, no sin sufrimiento, el trámite siempre complicado de la elección de medio término, Alberto Fernández intenta recuperar bríos para la segunda mitad de su mandato.

Como todo presidente después de un resultado electoral negativo, convocó a una instancia de diálogo con el objetivo principal de consolidar la recuperación que viene mostrando la economía argentina, una de las más golpeadas por la pandemia.

La primera tarea que tendrá será abrochar de una vez por todas la renegociación de la deuda con el FMI. Para eso anticipó que presentará un proyecto de ley que explicite las condiciones en las que se negociará el acuerdo. Será la primera vez que este gobierno presente algo parecido a un plan económico, algo que le venían reclamando los distintos actores de la economía para achicar el altísimo grado de incertidumbre.

Con la tropa preparada para la derrota después del cachetazo de las PASO, esta vez no hubo crisis política postelectoral, más allá de las suspicacias que generó la ausencia de Cristina Fernández en el acto en el que el presidente celebró la derrota.

Por más que le quiera poner buena cara al mal tiempo, Alberto salió golpeado del año electoral. Le queda la lapicera, que no es poca cosa, pero tiene menos peso político que antes. Para preservar gobernabilidad deberá sumar masa crítica.

Podrá buscarla en el kirchnerismo duro a cambio de condicionar su mandato a los designios del Instituto Patria o buscar respaldo entre los gobernadores, intendentes bonaerenses, movimientos sociales y sindicalistas, todos ellos refractarios a las prácticas expansionistas de La Cámpora.

De nuevo el contexto abre posibilidades para Misiones. Gracias a su estrategia de construir por fuera de la grieta, el gobierno provincial se convirtió en un referente ineludible en el concierto político nacional y cualquier gesto que emita en apoyo o reprobación al Gobierno nacional repercutirá con fuerza, algo que ya se vio cuando Oscar Herrera Ahuad habló respecto al congelamiento de precios y sus palabras resonaron en todo el país.

Las últimas novedades

Como dijimos, son tiempos en los que la bronca moviliza más que la esperanza y de ese caldo de cultivo surgió la última novedad de la política vernácula: el movimiento libertario que encontró en el economista combativo Javier Milei a su líder más emblemático. Hábil como pocos en el arte de construir enemigos, consiguió que cada vez más jóvenes se sumen a su cruzada contra la “casta política”.

Algunos se entusiasman, otros lo desdeñan, pero también hay quienes encienden alarmas: “Construye en base al odio… está armando algo mesiánico, violento y decadente”, la frase no corresponde a un dirigente de la izquierda sino a Diego Giacomini, economista de raigambre liberal, exsocio de Milei junto a quien escribió varios libros.

Misiones también castigó a Alberto

La ola de bronca contra Alberto también se sintió en Misiones. El Frente de Todos pasó de sumar 417 mil votos en 2019 a apenas 95 mil el domingo pasado. Hace dos años había conseguido dos bancas de diputado nacional y ahora no consiguió ninguna.

La fuerza que mejor capitalizó el voto castigo contra Alberto fue Juntos por el Cambio, sello identificado en todo el país como oposición al kirchnerismo y con una sostenida retórica anti K que demostró ser muy efectiva en tiempos en los que cada vez más gente vota en contra de algo.

“Elige a tus enemigos” recomendaba el mítico estratega militar chino Sun Tzu y los candidatos de Juntos por el Cambio en Misiones siguieron ese consejo al pie de la letra. En vez de confrontar con el Gobierno provincial, que mantiene una alta imagen positiva, procuraron siempre nacionalizar el debate y confrontar con el desgastado Alberto.

La estrategia que les resultó efectiva. Ganaron las elecciones y con ello se quedaron con dos de las tres bancas en disputa.

El Frente Renovador consiguió recortar a la mitad la ventaja de ocho puntos porcentuales que le había sacado Juntos por el Cambio en las PASO, pero a pesar de la muy alta consideración de las gestiones del gobernador Oscar Herrera Ahuad y de la mayoría de los intendentes -especialmente del posadeño Lalo Stelatto- no consiguió neutralizar el empuje que significó para Juntos por el Cambio el voto castigo a Alberto.

A los renovadores les queda el mérito de haber conseguido todos sus votos en apoyo a sus propuestas y no como castigo a otras fuerzas.

Logro nada menos que generar algo de esperanza. En tiempos de voto bronca, no es poca cosa.

El imperio del voto bronca

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