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Pescaron en la Costanera de Posadas un magnífico ejemplar de Pacú y lo devolvieron al río

En un video se ve el magnifico ejemplar de pacú pescado en la Costanera de Posadas y su posterior devolución al río.

pacu pescado en la costanera

Un pescador vio premiada su paciencia la tarde de este miércoles al sacar un magnífico ejemplar de Pacú de 18 kilos aproximadamente. El buen deportista lo devolvió al río. 

El video trascendió a través de redes sociales y en él se ve como un pescador retira del agua un enorme pacú en la zona de la Costanera de Posadas, en inmediaciones del puente internacional.

Luego de retirarlo del agua y cortar el anzuelo, el pescador y sus colaboradores devolvieron el pescado al agua y hasta brindaron un  corto aplauso por el gesto.

Situación de las principales especies de la cuenca del Río Paraná

Entre los hallazgos del estudio, los investigadores observaron que el sábalo y el dorado tienen poblaciones estables en la parte alta de la cuenca, pero muestran declinaciones anuales leves de un 3% para el sábalo y un 5% para el dorado en la parte media y baja de la cuenca. «Esto podría deberse a una mayor presión de pesca en la parte baja de la cuenca y a fluctuaciones poblacionales de largo plazo producto de la menor producción de juveniles durante los últimos años», analizó Danilo Demonte, de la Dirección de Recursos Pesqueros de Santa Fe. Según el análisis, las dos especies de surubíes (pintado y atigrado) tienen poblaciones estables en todo el tramo medio del río Paraná. «Un estudio reciente sobre el surubí pintado indica que esta especie presenta una tasa de crecimiento rápida y una capacidad de madurar a temprana edad, lo que podría explicar la estabilidad de sus poblaciones», comentó Facundo Vargas, del departamento de Fauna y Pesca de Chaco.

En el rango de las especies consideradas popularmente como «amenazadas», como el pacú y manguruyú mostraron tendencias positivas con incrementos poblacionales del 8% y el 15% anual en el sector monitoreado de las pesquerías de la provincia de Chaco, indicando que sus poblaciones están en aumento. La boga y los armados, a pesar de ser muy explotadas comercialmente, también mostraron un aumento de un 7% a un 13% anual en el Paraná Medio.

«Esta tendencia podría deberse a la mayor disponibilidad de alimento que tienen estos peces, ya que son los principales consumidores del mejillón dorado, una especie invasora que ha crecido en abundancia en las últimas dos décadas», remarcaron los científicos. Por su parte, el bagre amarillo, el moncholo, el bagre sapo presentan declinaciones de entre el 10% y el 20% anual durante los últimos 15 años, lo que podría atribuirse a la fuerte presión de pesca comercial y recreativa sin devolución que sufren estos peces.

Un resultado notable del estudio es que, entre la ciudad de Corrientes y la represa de Yacyretá, la mayoría de las «especies de cuero» o «bagres» (manduvés, bagre amarillo, moncholo, surubí y manguruyú, entre otros) están declinando. «Este fenómeno estaría asociado al aumento en la transparencia del agua que sufrió el río Paraná aguas arriba de la ciudad de Corrientes, producto de la instalación de represas en parte alta de la cuenca», asegura Sebastián Sánchez, investigador del Instituto de Ictiología del Nordeste, de Corrientes. «Estas especies están adaptadas a capturar sus presas y eludir la depredación en aguas turbias y se ven desfavorecidas cuando el agua se vuelve muy transparente», completó el investigador.

Conclusión

El estudio concluye que «el manejo pesquero del río Paraná no debe reducirse sólo a establecer límites al volumen de extracción, dado que las poblaciones de peces son afectadas por una multiplicidad de factores, además de la pesca. Las principales especies del río Paraná, como el sábalo, el surubí, el dorado y la boga, tienen un gran potencial reproductivo y pueden recuperarse de episodios de alta presión pesquera si existen condiciones ambientales favorables para la reproducción. Esto las hace a su vez, muy sensibles a los cambios en la conectividad entre el río y su llanura de inundación, a la destrucción de los hábitats de cría y a la regulación del régimen hidrológico del río, como ocurre en las zonas afectadas por represas hidroeléctricas en varios sectores de la cuenca», expresaron.

 

Por último, los investigadores recomiendan que «el manejo pesquero debe tener una perspectiva ecosistémica, regulando todos los procesos que mantienen en funcionamiento saludable al ecosistema. Esto implica el control de la contaminación ambiental, la conservación de los hábitats de cría, el mantenimiento del régimen hidrológico natural, y un monitoreo continuo y eficiente de la presión de pesca a lo largo de toda la cuenca».

 

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